17 de April de 2011 00:00

San Antonio preserva al santo varón

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Son 12, en representación de los 12 apóstoles. Ellos usan albas (túnicas) y gorros o pañuelos en la procesión nocturna de Viernes Santo. Custodian la imagen de Jesús. La figura tiene una especie de bisagra en los hombros.

En el día está con los brazos extendidos en la cruz. En la noche se los dobla para que entre en una urna de madera y cristal, conocida como el Santo Sepulcro.

Los hombres con túnica son los santos varones de la parroquia de San Antonio de Pichincha. José Elías Negrete es el mayor. Tiene 82 años y afirma que es una tradición con más de 100 años. Antes hacía el recorrido descalzo. “No nos asustemos, así andábamos antes y nunca sentíamos una piedra. Algunos dicen que les pesa la cruz, pero a mí no me pesa”, dice.

Esta procesión que se realiza con similares características en otras parroquias del Distrito Metropolitano es la más importante para los moradores de San Antonio. Allí participan cucuruchos, verónicas y miles de creyentes.

El sacristán Enrique Chipantaxi, de 56 años, colabora en la iglesia desde su adolescencia. Su vocación es heredada. Cuenta que el párroco de turno era una autoridad respetada y tenía ayudantes, conocidos como el alcalde y el gobernador de la iglesia. Sus abuelos tuvieron esos cargos y la familia, desde entonces, se ha dedicado a dictar catequesis.

Las tradiciones antiguas de la procesión se mantienen, pero las nuevas generaciones han agregado detalles. Uno de ellos es el cuadro vivo, que representa la muerte de Jesús, con personajes como Juan, María y María Magdalena, interpretados por catequistas. “La gente a veces viene vestida de negro. Los antiguos sí conservan cosas. Hay mujeres mayores que todavía usan velos”, dice. Mientras caminan, hay cánticos que se repiten cada año, como hace décadas: De rodillas Señor, Hacia ti morada santa y Dios de amores.

El sacristán disfruta del tiempo que dedica a la iglesia, porque se lo ofrenda a Dios. “A mí no me pagan por lo que yo ayudo aquí. Es para Cristo. El pago de Él ha sido con mis hijos. Tengo nueve y todos son profesionales. Gracias a él ninguno ha desviado el camino”.

La procesión del Viernes Santo es una prioridad para Segundo Gilberto Castañeda, 77 años. El santo varón cuenta que hay gente con otras creencias que los critica por lo que hacen, pero ellos son fieles a la tradición. Cree que para ser bueno y adorar a Dios no se necesita cambiar de religión.

Para él, personajes como ellos en esta ceremonia no representan exactamente cómo ocurrieron las cosas cuando Jesús murió, pero él considera que es una valiosa profesión de fe y de amor.

Por eso, otros como Luis Enrique Tufiño, de 68 años, se sienten orgullosos de haber heredado esta designación, que va de padres a hijos, hermanos nietos, o sobrinos. “Yo le vivo con una fe grande, porque sigo los pasos de mi familia, de mis abuelos. Ahora le pasé a mi hijo, no porque yo ya no pueda, sino porque él me lo pidió y para mí es hermoso dejarle”.

Tufiño calcula que esta debe ser la procesión más larga de todos los pueblos e iglesias de Quito. Empieza a las 19:00, pero la demostración de fe se extiende, al menos, hasta medianoche.

El alba que visten es un símbolo de pureza para recibir a Jesús, según lo siente Galo Pérez, de 66 años. Él considera que ser un santo varón es una responsabilidad.

Está seguro de que no es un santo, reconoce sus pecados, pero resalta la importancia de la fe. Pérez entró al grupo luego de mucho tiempo de admirar a los santos varones. Un día, uno de ellos faltó y él ocupó su lugar, desde entonces no lo ha dejado. Ya son 40 años.

En la procesión participan, además, los esclavos de Juan, La Dolorosa, Jesús El Nazareno y María Magdalena. Según Cecilia Ron, ellos los cargan en el largo trayecto y son quienes decoran las estaciones y a viva voz expresan su fe.

Su hermano de madre, Vicente Velasco, de 68 años, fue santo varón. Un día, luego de una cirugía en la columna, su hijo Édison (37) lo reemplazó. Pero Vicente aún participa. Es esclavo del Cristo. “Me siento con derecho de servir a Dios y voy a seguir siempre”.

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