9 de March de 2010 00:00

La recuperación del parque Julio Andrade durará 120 días

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Redacción Quito

Cientos de metros de costal verde recubren el parque Julio Andrade desde el pasado 1 de marzo. Los transeúntes ya no ingresan al lugar. 20 obreros levantan las áreas verdes del sitio recreativo.

La rehabilitación integral del parque, ubicado entre la av. 10 de Agosto y las calles Veintimilla, Ulpiano Páez y Ramírez Dávalos, está a cargo del Fondo de Salvamento del Patrimonio (Fonsal). Con la ayuda de cargadoras y volquetes, los trabajadores retiran también las bancas y los letreros que estaban destruidos.

fakeFCKRemoveGissela Armas, de 7 años, dice que una vez que terminen la reconstrucción del espacio ya podrá ir a jugar con sus primos.

Su madre, Ana María Cajas, no recuerda desde hace cuánto tiempo dejó de visitar el parque con su hija. Vive más de 15 años por el sector y comenta que el sitio estaba cada vez más peligroso y por seguridad no acudía.

Para Viviana Sampedro, el espacio es un lugar inseguro. Ella trabaja en un restaurante que se encuentra al frente del parque. Casi todos los días -afirma- ve que un grupo de personas que dormía allí sigue yendo en las tardes. “No les importa que estén retirando el césped. Ellos se acomodan en la esquina y eso causa una percepción de inseguridad en los transeúntes”.

Sampedro dice que incluso los clientes del local se van cuando observan a ese grupo de personas llegar. Ella dice que a veces llegan cuando salen los oficinistas y, en grupo, los asaltan. “Creo que el Fonsal debería contratar guardias de seguridad como hay en el parque de Santa Clara”.

La intervención costará cerca de USD 400 000 y durará 120 días. La restauración se ejecutará en dos etapas.

La primera será el rediseño del parque, la recuperación de caminerías, el mejoramiento de las veredas, pileta, instalaciones eléctricas...

En la segunda fase se efectuará el equipamiento del parque con bancas, basureros, señalización e iluminación ornamental.

En el área central del parque se habilitará una plataforma para reubicar a dos puestos de venta de libros y dos puestos de venta de confites, que han funcionado en el lugar por 20 años.

Para el paso peatonal y para la ciclovía solo está habilitada la calle Ramírez Dávalos. Por un espacio no mayor a un metro circulan decenas de personas todos los días. Pero eso no molesta a Gladys Michelena. Para ella lo positivo es que después de tanto tiempo el espacio verde recupere su imagen.

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