3 de December de 2010 00:00

Un rabo para el corazón de Padilla en la Plaza Belmonte

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Gonzalo Ruiz Álvarez

El matador jerezano Juan José Padilla cortó las dos orejas y el rabo y su colega sevillano Oliva Soto obtuvo un trofeo en el festival benéfico efectuado en la Plaza de Toros Belmonte la noche del 1 de diciembre que tuvo como broche de oro la actuación artística espectacular de Los del Río y su gran poder de expresión en las tablas en las que se muestran como solventes artistas.

La noche era fría con poca acogida del público, pese al fin benefactor: recaudar fondos para la Fundación Divino Niño Preso.

Se lidiaron reses de Huagrahuasi, Puchalitola y Triana de distinto juego y condición. Por la tarde, en la arena de Iñaquito, el valiente torero Juan José Padilla había demostrado su compañerismo al saltar a la arena para socorrer a su colega herido, Rafaelillo. En la noche, hacía el paseíllo ataviado de traje de calle y deseoso de agradar a los aficionados.

Poco le importó que no hubiera muchos espectadores, su profesionalismo, su afición a toda prueba y su oficio labrado en mil batallas y gestas con las corridas más duras mostraron a Juan José Padilla como un ejemplo para muchos de sus colegas. Solvente con los capotes, florido en los remates, fácil y espectacular con las banderillas, su labor muleteril fue una muestra de su concepción de torear con momentos excepcionales que llegaron especialmente en el tercero que aunque se tornó difícil, fue el material para mostrar su vibrante expresividad. Incluso cuando un fallo en la liena de transmisión dejó el escenario con una luz tenue.

Su faena es de las que hace afición y tras una estocada contundente pero tendida y contraria cortó las dos orejas y un rabo que paseó feliz, como si se tratase de un triunfo en una de las grandes ferias de España donde acostumbra a verse anunciado.

Venía Oliva Soto, precedido de la fama de tener un buen concepto del toreo y lo demostró. Entonados lances, templados muletazos por el pitón derecho en su primero y una labor construida para descubrir al cuarto que hasta mediada la faena no se entregaba, como lo hizo en las cuatro series finales que fueron de manos bajas y por ambos pitones. Tras los adornos finales llegó una estocada defectuosa y una oreja.

Padilla salía a hombros y el público se dispuso en la arena y ante un magnífico escenario en los graderíos. Llegaban Los del Río con sus voces maduras pero su mensaje tan fresco como hace 18 años y sus tablas resueltas, y la alegría de su Sevilla, que tiene un color especial, su Macarena de rumbo universal, su pianista, figura con las teclas, y la esplendorosa puesta en escena para cerrar una noche diferente.

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