28 de October de 2012 00:03

Lo que las ex reinas nunca olvidan...

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Cuatro ex soberanas cuentan anécdotas que cambiaron sus vidas mientras lucían la corona. Ahora son madres, abuelas y empresarias, pero siguen vinculadas a la Fundación Reina de Quito. El 22 de noviembre se elegirá a una nueva representante de la belleza.

Consuelo Ordóñez. Fue reina en 1967

‘Sorprendí con el baile del garabato’

Consuelo Ordóñez Crespo recuerda que en 1967 las candidatas a Reina de Quito  invitadas a participar, requerían de un auspiciante. La empresa de bebidas gaseosas Orange Crush la buscó y sus representantes no dejaron de insistirle hasta que lo consiguieron.  

Para ella fue como una especie de  “enamoramiento”. Consultó a su madre y después de mutuo consenso dijo que sí. Su vida cambió. “Disfruté mucho, la verdad. Viví una ilusión, un sueño, una fantasía, a lo largo de los días previos a la elección, en la elección y durante el reinado”.

Ese año, la ceremonia de elección se realizó  en el Coliseo Julio César Hidalgo, que era el mejor sitio de espectáculos con el que contaba la capital en ese entonces.  No había la Fundación Reina de Quito.  Su campo  de acción fue en el Municipio, en las oficinas de la Alcaldía y con la  gente que la apoyó en su gestión.

Su paso por el reinado le dio un giro total a su vida, sobre todo, en la parte espiritual, en la manera de ver la humildad, la pobreza, y en ser fuerte en los momentos difíciles. Entre risas relata que viajó a Barranquilla para participar en el Concurso Miss Latinoamérica. Alcanzó el tercer lugar, pero obtuvo el premio mayor en el concurso de baile, con un ritmo que se lo conocía como el garabato. “Era la sensación de ese tiempo, un ritmo desenfrenado, loco”.

Luego de su reinado se casó con Jalil del Castillo, hijo del Alcalde de ese entonces y enviudó tras 39 años de matrimonio. Se conocieron desde que fue coronada y luego no pudieron separarse.

Para ella, lo mejor de ser Reina es la labor social, el trabajo en beneficio de los más necesitados. Ahora es abuela y disfruta de sus tres nietos.

Carmen Vásconez. Fue reina en 1980

‘Fui reina en tiempos de la guerra’

Tenía 17 años cuando Carmen Vásconez Espinosa fue proclamada soberana de la ciudad, en 1980. En aquella época, la vida del país estaba cambiando. Siendo presidente Jaime Roldós Aguilera, se inició el conflicto bélico de Paquisha, durante su reinado.

Ya como Reina, en medio de la guerra  colaboró en la recopilación de las donaciones de productores agrícolas y ganaderos de la Sierra sur, quienes  hacían llegar camiones cargados con verduras, frutas y ganado de carne para  las tropas.

Lo que más le conmovió de aquel episodio fue ver que pobres, ricos, grandes y chicos se unieron para respaldar al país. “Ahí estaba el verdadero espíritu de esta ciudad, en las ganas de luchar, en la capacidad de apoyar el hombro y vencer, con el corazón valiente y generoso. Esto es para mí lo que mejor define a Quito”.

En su labor social trabajó con músicos, con enfermos terminales, con niños de la Unidad de Quemados del Hospital Baca Ortiz y con internos de hospitales psiquiátricos.

Una de las satisfacciones más grandes que sintió se dio cuando repartió miles de fundas de caramelos a niños de escasos recursos. Era vísperas de navidad.

Ser reina de Quito le enseñó a conocer la realidad de la ciudad y fue una maravillosa oportunidad para trabajar en varios sectores que requerían ayuda.

Y fue, sobre todo, su oportunidad de sentir cómo en Quito, sin importar la etnia ni la condición, el género ni las creencias religiosas, en el momento preciso, estuvieron todos los quiteños listos para trabajar juntos por una causa común.

Tampoco olvida cómo, en ese entonces, les involucraban a las chicas en el certamen de belleza. La esposa del Alcalde de turno iba a las casas y les proponía ser candidatas. Era un compromiso.

Ángela María Restrepo. Fue reina en 1975

‘Amenacé con no entregar la corona’

A inicios  de noviembre de 1975, Finita de Durán-Ballén, esposa del ex Alcalde, visitó la casa de Ángela María Restrepo para pedirle que participara como candidata en la elección de Reina de Quito.

Dudó en aceptar, pero pocos días después y sin el consentimiento de su familia, accedió a la petición. La elección se realizó en un set privado de televisión con pocos invitados. Ángela fue electa Señorita Patronato, pero al poco tiempo, la Reina renunció y tuvo que reemplazarla.

Durante su reinado descubrió a fondo la ciudad maravillosa en la que vivía y se contagió del calor de su gente. Formó, conjuntamente con la FAE, una escuela de capacitación para los lustrabotas y vendedores menores de edad.

Pidió ayuda económica al Triunvirato para comprar termocunas, incubadoras y extintores de incendios para el Patronato San José. Le dijeron que regresara el miércoles siguiente por el cheque. Luego de ir muchos miércoles, durante varios meses, llegó la presentación de las nuevas candidatas. En una entrevista, Ángela dijo que no entregaría la corona hasta que el Gobierno cumpla con lo prometido.

Con euforia recuerda que diario Últimas Noticias publicó en primera plana “Reina de Quito no entregará corona si no se le concede un pedido hecho al Gobierno”. En la mañana  del día siguiente recibió una llamada de la Secretaría de Gobierno. Le acusaron de cometer dolo y la amenazaron con detenerla.

No se asustó y se mantuvo en su decisión. Le entregaron el cheque ocho días más tarde, y esa misma noche, en la elección de la Reina, agradeció al Gobierno y a toda la ciudadanía por su colaboración. Una anécdota que no olvida.

Silvia Guarderas. Fue reina en 1972

‘Un preso me regaló un escudo’

Silvia Guarderas aún se emociona cuando recuerda el 28 de noviembre de 1972. Ese  día fue coronada Reina de Quito, en el Teatro Bolívar. Era   la más joven de las candidatas que concursaron. Recuerda esa noche como si fuese hoy. Desde el escenario miraba a toda su familia apoyándole y a las barras de sus amigos y compañeras que fueron a darle aliento.

En esa época, Silvia cursaba  el último año en el Colegio Español Nuestra Madre de la Merced. Con el paso de los días, le resultó difícil estudiar y cumplir con las obligaciones del reinado.

Las madres mercedarias y sus profesores le ayudaron con trabajos extras para que complete los puntos que le permitieron graduarse. “Salía para los toros y a los festejos de las Fiestas de Quito, llevando todo en una maleta. Me cambiaba en el colegio, y afuera ya me esperaba el carro de la Alcaldía para llevarme a los eventos. Era un trajín duro”.

La labor social realizada en su período fue amplia. Colaboró en el Patronato, en el Hospital San Lázaro e inauguró la Sala Silvia I, en la Maternidad Isidro Ayora. También organizó una telemaratón nacional para obtener fondos para la cúpula de la iglesia del Hospital San Juan de Dios, que se derrumbó.  Conformó el Comité de Auxilio Social y trabajó  en la consolidación de la Fundación Reina de Quito.

Una de las anécdotas que le marcaron ocurrió en la cárcel de varones. Allí, un preso le obsequió un escudo de Quito elaborado con arroces. “Era una verdadera obra de arte”.

Silvia es madre de dos hijas y tiene tres nietos. “Ellos son los regalos de Dios para mi  familia”.

No piensa dejar de lado la misión de servir a la ciudad. No se quiere alejar de la Fundación, porque ser parte de ella, es como seguir viviendo la magia y las satisfacciones del reinado.

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