24 de November de 2012 00:03

Las primeras horas de una Reina

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Hace ocho días, Silvana Di Mella encendió una veladora en una mesa del pasillo que lleva a su habitación. Su abuela, María Cifo, le dijo que colocara una estampita del sacerdote Juan Pío, quien fue canonizado por el papa Juan Pablo II el 16 de junio del 2002.

“Ella es devota de ese santo y al ver mi ansiedad por la elección, me sugirió que lo hiciera”, relata la joven de 22 años, mientras desde el asiento posterior de una furgoneta Kia mira la fluidez del tránsito en las avs. Amazonas y Naciones Unidas, a las 06:00.

Es el primer recorrido como Reina de Quito, luego de que anteanoche fuera elegida de entre 12 aspirantes. Silvana se dirige al domicilio de los estilistas Jimmy Gómez y Eliberto Rodríguez. Al llegar a la Juan González y Juan Pablo Sáenz, sector Iñaquito, desciende; viste pantalón jean, blusa negra y saco beige. No lleva maquillaje y tiene los párpados cansados, rezago de las escasas horas de sueño que tuvo.

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Luego de la elección fue a su casa en Cumbayá. Hasta allá llegaron sus amigos y familiares para felicitarla. La celebración se extendió hasta las 03:00 de ayer. En ese momento subió hasta su habitación y cuando encendió la luz miró que la veladora había sido consumida por el fuego y que la cera formaba dos figuras: una bailarina y una corona. “Les avisé a mis papis y a mi hermano”, comenta, mientras saca su celular y muestra las fotografías que tomó de esas siluetas.

“Me acosté a las 03:15, no podía creer que yo era la nueva Reina de Quito. Di vueltas en la cama y cuando por fin me pude dormir, sonó la alarma (05:15)”, dice con un bostezo, al presionar el botón del ascensor que la lleva hasta el piso 11, la casa de los estilistas.

La sala de Gómez y de Rodríguez se transforma en una peluquería. Sobre la mesa de centro y los sillones hay un sinnúmero de sombras, lápices de ojos, delineadores, rímel, rizadores de pestañas y una plancha de cabello.

Silvana entra, se sienta en una silla de madera del comedor. La televisión está encendida y se observa un programa deportivo. A las 06:15, en el canal pasan un recuento de la Liga Española de Fútbol. La joven mira de reojo mientras Jimmy Gómez la maquilla. Confiesa que es hincha de la Liga Deportiva Universitaria y del Real Madrid español.

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30 minutos son suficientes para maquillarla y con la aplicación de una base y unas sombras marrón la mirada de Silvana luce fresca, no denota la mala noche.

“Ya no hay tiempo, tienes que cambiarte en la furgoneta”, le dice Rita Salazar, quien ha sido su compañera desde que fue candidata y ahora hace el papel de su chaperona. “Mami, necesito limarme las uñas”, le advierte Silvana a Rita. Ella aprendió a llamarla así porque Rita la cuida y está al pendiente de ella desde octubre, cuando se candidatizó. “Si me duele algo o tengo dudas se lo digo. Ella lo soluciona todo”.

Ambas salen del edificio con premura. Le piden a Marco Naranjo, chofer, que las lleve a Gamatv. En el vehículo, Salazar se las ingenia para cubrir el cambio de atuendo de la Reina de la vista de los conductores que circulan por la av. Amazonas. En cuestión de segundos, Silvana viste un vestido azul. Se coloca unos zapatos de tacón beige y sale del vehículo. Salazar va delante de ella, con su banda y su corona en las manos.

Son las 07:25 y en el Estudio 2 del canal el conductor de noticias Carlos Ochoa deja su silla para saludarla con un abrazo. En el set, ella cruza las piernas y mueve involuntariamente el pie derecho. Un camarógrafo hace señales con la mano, apuntándole al pie, pero ella no lo mira y la entrevista en vivo empieza. En el corte comercial, Silvana ofrece disculpas y admite estar muy nerviosa, mientras sonríe. Dice que aún no puede asimilar que ella es la Reina.

Respira hondo, con un movimiento de hombros y pecho. ¡Al aire! Parece calmada, o por lo menos su pierna ya no se mueve con tal rapidez. Al salir del canal, trastabilla al bajar por la escalera, pero ahí está Salazar para sostenerla, arreglarle la banda de soberana y dirigirla hasta la furgoneta.

Una de las cosas que aprendió recién como candidata fue a caminar con tacones. “Por mi profesión, Psicología Industrial, recorría a diario la empresa en la que laboraba. Muy rara vez usaba zapatos con tacón”, cuenta.

Camino hacia el Hotel JW Marriott, a su primera rueda de prensa, la imagen del tránsito cambia. Por la av. Eloy Alfaro hay dos hileras de carros que circulan con lentitud. Cuenta que a diario se trasladaba desde Cumbayá hasta su trabajo en Amaguaña. “El problema de la congestión es alto, pero cuando concluyan las obras viales y la gente entienda que hay otros medios de transporte como la bicicleta, Quito será distinta”.

El celular de Salazar timbra. Es de una emisora radial. Buscan una entrevista con la Reina. Silvana atiende la llamada, mientras la chaperona le lima las uñas.

La soberana confiesa que durante la noche de la elección se comió las uñas porque no podía más con los nervios.

Finalmente llega a la rueda de prensa y en una entrevista para este medio comenta que a propósito de la suspensión de las corridas de toros, los quiteños deben buscar otras formas de festejar y disfrutar de la ciudad.

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