9 de December de 2010 00:00

Ponce y Albán triunfaron en una buena feria: 27 orejas y 2 rabos

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Gonzalo Ruiz Álvarez

Más allá de la polémica y los comentarios sobre los trofeos oficiales que entregan la empresa Citotusa y el Municipio de Quito, sobre los galardones de las peñas y los fallos de los jurados, quedan recuerdos imborrables de la Feria de Quito Jesús del Gran Poder 2010.

Rotundo fue el triunfo de Enrique Ponce. El faenón al toro Gitano, de Triana, le valió cortar dos orejas y un rabo, raro privilegio que una treintena de veces se ha experimentado en los cincuenta años que cumplió La Feria de Quito. En la mayoría de los casos ha sido el premio simbólico al indulto de un toro. Sin embargo cabe anotar que el rabo que cortó Ponce fue antecedido, hace 30 años y por última vez -sin la condición del indulto-, por el torero ecuatoriano Édgar Peñaherrera.

La faena de Ponce fue magistral, técnica, plástica, completa, superior, en suma.

En esta feria un torero ecuatoriano ha vuelto a rayar a gran altura. No solamente por haber indultado un toro y haber recibido las dos orejas y un rabo simbólicos sino por haber refrendado ese triunfo en su segunda contratación con el corte de dos orejas y repitiendo la salida a hombros: me refiero a Guillermo Albán. El guayaquileño recibió dos trofeos de la Municipalidad de Quito: El San Francisco de Quito, como triunfador y el Agustín Galárraga, al mejor torero nacional. Además, Albán mereció el premio a la torería del Círculo Taurino de Amigos de la Dinastía Bienvenida.

Una faena de calidad, temple y torería desplegó Víctor Puerto y cortó una oreja. En el balance numérico figura Castella, que recibió cuatro orejas y tuvo una faena de gran valor en su primera comparecencia pero en el aspecto profesional, con apenas un trofeo, el temple y la actuación de Miguel Abellán y El Fandi destacaron de modo nítido. El torero ecuatoriano Martín Campuzano sumó una oreja en el festival y tuvo una torera actuación en la corrida nocturna goyesca.

Otros puntos altos de la feria los dieron los novilleros. Magnífico Diego Silveti, de México, que cortó 3 orejas. Bien, en plan de novillero, Juan del Álamo (dos orejas) y el ecuatoriano Pablo Santamaría ( oreja y vuelta).

Los picadores Braulio Almeida, Hernán Tapia, Naún Salazar y Remigio Romero destacaron. En las filas de plata hubo buenas actuaciones de Antonio Campana, Milton Calahorrano, El Bille, Gabriel Gaza, San Miguel, El Patatas, Francisco Mateus y Carlos López en la brega y con los palos.

En el plano ganadero cabe decir que el indulto de Forjador de Triana número 299 de 452 kilos marcó un punto alto. Esa misma tarde se solicitó el indulto de dos toros más, lo mismo que el 30 de noviembre con un toro de similar hierro. La corrida del 4 de diciembre propició la puerta grande de los tres toreros y el ganadero José Luis Cobo. Trinidad envió un encierro noble y bien presentado y Mirafuente una novillada de clase y nobleza superior, a uno de cuyos novillos, Chaval, también le pidieron el indulto.

Hay que destacar que la conducción de las corridas de toros fue magnífica en atención a un buen criterio y una mayoría sensible de aciertos desde el palco presidencial, tanto en los cambios de tercio y la concesión de trofeos salvo algún fallo puntual.

Faltó este año la figura de El Juli.

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