24 de October de 2012 00:02

Policías y profesores se dan modos para ayudar a los alumnos en la vía

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Sobre la vereda de la calle Rocafuerte, en el barrio Loma Grande, en el Centro, permanece María Aguas. Ella sostiene la mano de su hijo Carlos, estudiante de cuarto de básica de la Escuela Santo Domingo, ubicada en ese sector.

Son las 06:57, faltan tres minutos para que suene el timbre de inicio de clases. A pesar de la premura, ambos no cruzan por el medio de los buses escolares, carros y motos, que al ser desviados desde la Maldonado hacia la calle Rocafuerte (vía de un solo sentido) ocupan toda la calzada.

La luz del semáforo está en verde para los vehículos, pero avanzan lento. El policía Carlos Montero, de la UPC del barrio, asegura que es por el alto flujo vehicular que soporta esa vía todas las mañanas. Junto a Aguas y su hijo, otros padres de familia, niños y jóvenes del Colegio San Fernando permanecen en fila sobre la estrecha acera (medio metro). El sargento Páez levanta su mano y hace que los carros se detengan y da paso a los peatones.

Ya en la puerta de la escuela, otros dos policías permanecen de pie en cada lado del umbral. Saludan con los niños y se aseguran que todos los pequeños que visten pantalón azul y saco blanco (uniforme de la escuela) ingresen y no se distraigan con los comerciantes informales que a toda costa tratan de vender las golosinas y los juguetes.

Una cuadra más al occidente, en el cruce de la Rocafuerte con la calle Montúfar, se ubica la Escuela Reina Silvia de Suecia. En 100 metros hay cuatro letreros que indican la velocidad a la que deben circular los vehículos en esa zona (50 km/h), otros dos informan que hay establecimientos educativos y uno indica que está prohibido estacionar. Además de estas señales, en la calzada de la puerta de la escuela, en la que estudian 370 niños, la pintura del paso peatonal está en buen estado.

Flavio Gavilanes, rector del plantel, permanece en la puerta junto a Juan Mena, profesor de séptimo de básica. Ellos ayudan a controlar el ingreso de los pequeños. Mena sabe los nombres de algunos niños. “Corre Isaac, corre”, le dice a uno de ellos, que avanza por la acera. El infante levanta su mirada, sonríe e ingresa.

Los profesores también ayudan a que los estudiantes bajen de las cinco busetas que dan el servicio de transporte escolar en esa institución. Por falta de espacio, las busetas se estacionan frente a la puerta de la escuela y en menos de tres minutos todos los alumnos bajan, dan un paso y entran a su establecimiento educativo.

“Los niños saben que una cuadra antes de llegar a la escuela deben estar listos para bajarse”, dice Mena, mientras le ayuda a bajar la mochila a Mirian Chicaiza.

En la Montúfar hay dos carriles, uno de cada sentido. Los choferes irrespetan el paso cebra.

Desde las 12:40 hasta las 13:00, tiempo que permanecen los profesores ayudando en el ingreso de los estudiantes, dos choferes, voluntariamente, cedieron el paso a los peatones que permanecían en la acera, frente al paso cebra. Los otros, o aprovecharon que en el carril del sentido contrario no habían carros y aceleraron o simplemente pitaron con fuerza a los profesores que les hacían señas para que se detuvieran.

Al final de esa cuadra se ubica la Unidad Educativa Sucre. Ahí, en la jornada matutina estudian los alumnos de primaria y en la tarde, los chicos del bachillerato. Hernán Carrillo, padre de familia, comenta que la presencia de policías es constante a la entrada y salida. “Aquí no se ha registrado un accidente”.

Las autoridades de las tres escuelas están en constantes conversaciones con la UPC, en cada una hay un botón de emergencia, que al ser activado alerta a los policías. “Si lo presionamos los uniformados saben que hay una emergencia y enseguida vienen”, comenta Héctor Coello, director de la Escuela Santo Domingo.

Incluso la hora de ingreso y salida de los estudiantes de los tres planteles que están en la misma cuadra es escalonada. Esto, para que los 10 policías de la UPC puedan ayudar a todos los estudiantes. Además del tránsito se realizan controles para evitar robos y asaltos. Al inicio del año lectivo, se reunieron rectores y policías para definir el acuerdo.

Otros planteles

La Escuela Isabel la Católica.  Ahí estudian 310 niños. Las autoridades del plantel también se organizan para que el ingreso y la salida de los estudiantes sea  controlado.   
   
La Escuela Jorge Washington  se ubica al final de la calle Rocafuerte, antes de llegar a la Mama Cuchara. Allí, los estudiantes no tienen problemas de tránsito, porque en ese sector el flujo vehicular es bajo. Sin embargo, cada semana, un profesor hace turno para controlar el ingreso y la salida de los alumnos.

El Liceo Fernández Madrid  también está en la Rocafuerte. Los alumnos ingresan por la calle Sucre. Ahí hay una comisión de profesores para el control de acceso y salida. En el barrio Loma Grande hay seis planteles.

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