10 de May de 2010 00:00

Patricia Chicaiza, una de las pocas mensajeras de a pie

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Redacción Quito

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El intenso frío de la mañana y el viaje en bus de más de una hora, no le impiden a Patricia Chicaiza retirar paquetes, cartas y documentos para repartirlos de lugar en lugar.

Desde hace siete años trabaja en Correos del Ecuador como cartera. Vive en San Bartolo, en el sur, con su esposo y sus tres hijos. Sale todos los días a las 06:30 para llegar a la oficina a las 08:00, en la calle Japón y Naciones Unidas, en el norte.

Llega siempre con ropa y zapatos deportivos, pues su jornada laboral es extenuante. Diariamente debe recorrer desde la av. República hasta la av. Colón y desde la av. Amazonas hasta la av. 10 de Agosto. Ese es el eje por el cual entrega todo tipo de paquetes y documentos. Al llegar a la oficina de Correos tiene que primero alistar lo que debe repartir.

El ingreso donde están todos los carteros es grande. Los escritorios están en fila. Allí se sienta Chicaiza por más de una hora a clasificar los papeles. “Deben estar bien organizaditos para no confundirme”. Los acomoda en el orden de la ruta que realizará.

Conversa y se ríe con sus compañeros con mucha naturalidad. “Ella es muy risueña”, dice Juan Carlos Estévez, uno de sus colegas de trabajo. “A veces amanece de mal genio, pero no importa la queremos mucho”.

Generalmente Chicaiza no tiene tiempo para desayunar en casa, pues madruga a las 05:00 para ocuparse de sus tres hijos. “Mi esposo me ayuda, es bueno y considerado con mi trabajo, que es bastante sacrificado”. En el trayecto para entregar las encomiendas se detiene en una tienda para comer algo.

A sus 36 años cree que las fuerzas ya no le dan para cumplir con la ruta como hace algunos años. “Cuando una es más joven hacía todo tipo de esfuerzos sin problema. Pero ahora es más difícil”.

Chicaiza afirma que le gusta lo que hace. Conoce mucha gente. El peso de su mochila le ha generado problemas en la espalda, pero debe seguir, pues ese es el sustento de sus hijos.

Las cinco horas diarias que camina por las calles también hacen que le duelan sus piernas, pero dice que al menos es una forma de hacer ejercicio. “No bajo mucho de peso, por eso ahora estoy haciendo dieta”. Cuando deja las encomiendas en los buzones nadie sale a recibirla. Pero cuando la entrega es en edificios, los guardias la saludan y atienden con amabilidad.

Mauricio Valarezo, su jefe, afirma que “es muy responsable por eso la valoramos”. Chicaiza dice que por eso continúa con empeño diaria labor.

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