6 de October de 2012 00:02

Un paraíso a 20 minutos de la ciudad

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El camino empieza en la entrada a La Mena 2 (en el sur). Desde allí, la niebla cubre las laderas del Pichincha, como si en el extremo occidental de Quito no existiera nada más, sin advertir que detrás de la bruma se esconde la parroquia Lloa. El recorrido avanza, dejando atrás lo urbano, para -10 minutos después- encontrar el arco que protege al templo de la Virgen de El Cinto. Allí se celebrará mañana la misa campal, para cerrar el Mes de María.

Una pendiente lleva hasta la imagen de la Señora de El Cinto, la protectora de los 1 494 habitantes de la única parroquia rural de la Administración Eloy Alfaro.

Afuera del templo, levantado hace 30 años, el paisaje empieza a cambiar, los sigses predominan en los taludes que bordean la carretera y una mujer hace pastar a una vaca y a un ternero. Ya van 15 minutos de viaje y el escenario es un atractivo valle verde, enclavado en las faldas de la montaña.

[[OBJECT]]Un puñado de techos de teja, cubierto por la niebla, hace imaginar una parroquia antigua. 20 minutos después, ya en la parroquia, casas de adobe con más de 100 años de historia atrapan la atención de los visitantes. “Hay 15 opciones de turismo en Lloa”, dice Jacqueline Castillo, coordinadora de la Unidad de Turismo.

En estos días, con cielo nublado en las tardes, el Pichincha, el principal atractivo, muestra su imponencia. El Canelazo es una de las ofertas que tiene como destino el volcán. Por USD 25, el paquete incluye un recorrido de dos días, una camina de siete horas hasta el volcán y comida.

En el parque central de la parroquia se levanta la iglesia. De color taxo, el templo es el eje central del lugar. Una puerta de madera impide el ingreso, al frente está el parque. Unas bancas de piedra están dispuestas para los turistas.

Los domingos, comenta Castillo, la plaza se llena de vida con los puestos de comida típica y las artesanías.

No faltan el caldo de gallina, los cuyes asados y los choclos con queso. A 45 minutos del parque hay dos piscinas de aguas termales.

En el camino a los estanques, se distinguen plantas como la chilca y el arrayán. En el ingreso al barrio Urauco, en un paradero, se ofrecen los platos tradicionales. A pocos metros hay un mirador. El entorno es verde, atravesado por el río Cinto, uno de los tres afluentes que pasan por Lloa.

La carretera es de tierra, pero no es indispensable un carro 4x4. “En las piscinas, el agua verdosa -con una especie de telas amarillentas- es la garantía de que el agua azufrada sale de la tierra”, relata Castillo.

De regreso en el barrio Urauco, durante el fin de semana los visitantes pueden ver de cerca la preparación de quesos.

La Hostería La Antigua es otro de los atractivos de la parroquia rural. Una puerta de menos de 2 metros de alto se abre, y deja ver una casa con una campana en el centro de una cúpula. Dentro de la construcción, muebles antiguos y una gran chimenea -sobre la que descansan esculturas y libros viejos- están en el mismo lugar que hace 140 años. Así lo asegura Nancy Ramos, bisnieta de Alegría Fonseca, la dueña de la propiedad.

Allí, el tiempo parece haberse detenido. Hay muebles de hace dos siglos y a un costado de la chimenea reposan dos pailas de bronce. Cerca de la casa, Ernesto Titumaita ordeña una de las 40 vacas de la hacienda. Ver de cerca el proceso y tomar un vaso con leche fresca es solo una opción.

Cinco tasas con café caliente están sobre una mesa de madera. “En la Hostería, el ambiente es familiar, tratamos de volver a aquellos días donde la gente se reunía frente a la chimenea a conversar”, explica Ramos.

En el lugar, cada una de las habitaciones, con capacidad para 30 personas, tiene su nombre. Una es El Ganado, con vista al ordeño; La Torre, la habitación en el sitio más alto; y la suite El Volcán, con vista al coloso. La hacienda fue reconstruida por la quinta generación de la familia de Fonseca.

En el parque, a un costado de la Junta Parroquial, en el pórtico de una casa de alto, como se conoce en el lugar a las viviendas de dos pisos, una familia come papas con menudencias asadas, mientras la noche cae.

De retorno a la urbe, por la vía asfaltada, la parroquia queda atrás y hay la sensación de estar en un gran mirador, que permite apreciar las cúpulas del Centro y sur de la capital. Visitar Lloa es encontrar paz, dice Castillo, a tan solo 20 minutos de la av. Mariscal Sucre, en el sur.

Los precios

Paquetes. Una  de las opciones  turísticas que ofrece Lloa es   la  Ruta de  las Vertientes. Está dirigida,  principalmente, a  estudiantes. Tiene un costo de entre USD 12 y USD 15.

Reservaciones. Puede comunicarse al 381 6095.

Termas. El ingreso a las piscinas  cuesta USD 1 para adultos y USD 0,50 para  niños.

Transporte. Para ir a Lloa puede tomar un bus de la Cooperativa Trans Lloa,  que sale  de   la entrada a  La Mena 2, cada 30 minutos. Para llegar a las termas hay camionetas de alquiler, cuestan  USD 10.

Hostería.  En La Antigua hay paquetes desde USD 32.

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