30 de August de 2010 00:00

Las paradas de la metrovía lucen deterioradas, sucias y sin uso

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Redacción Quito

Rayas verdes, azules, plomas y grafitis aparecen marcadas sobre la pintura azul de los exteriores de la parada Jaime Roldós, a la entrada de Carcelén Alto.

En uno de sus extremos también hay afiches deteriorados y rayados, que anuncian una presentación musical pasada.

El guardia, José Villarreal, de uniforme negro y rojo, está sentado en una silla, donde era la ventanilla de recaudación de la estructura metálica.

Desde hace un año cuida, en turnos de 12 horas, el lugar inutilizado. A las 19:00, un compañero lo releva.

“Estamos aquí para evitar que la gente destruya estas paradas. No ha habido novedades”.

Dentro del pasillo hay dos escobas y un trapeador, con los cuales Villarreal limpia el lugar.

La parada Jaime Roldós es una de las nueve estaciones del Corredor Central Norte (Metrovía), que no funcionan. Estas se encuentran a lo largo de la av. Diego Vásquez de Cepeda, a la altura del estadio de Liga, en Ponciano, hasta Carcelén Alto.

A un kilómetro de distancia, sobre la calle Jaime Roldós Aguilera, se halla la parada Corazón de Jesús, al cuidado de un joven guardia, de 20 años, que solo se identifica como Roberto. Lleva cuatro meses en el lugar, que no tiene luz, pues antes de su llegada los ladrones se habían llevado el medidor, fijado junto a la ventanilla de recaudación.

El vigilante dice que los moradores suelen preguntarle si algún rato volverán a funcionar. “Les digo que no sé”.

Desde julio del 2006 hasta julio del siguiente año, los articulados sí llegaron hasta Ponciano y Carcelén Alto por la av. Diego Vásquez de Cepeda, tomaban la Jaime Roldós Aguilera hasta el parque central de la urbanización. Pero a finales del 2007 se cambiaron los articulados por buses alimentadores, que no tienen rampas ni están a la misma altura que las paradas.

Según el presidente del corredor, Héctor Guevara, el retiro de los articulados se debió a que la demanda no cubría los gastos de operación de estas unidades.

“Son 1 500 pasajeros diarios que utilizan el Metro desde Ponciano hasta Carcelén. La demanda no justificaba el uso de articulados y aumentaban las pérdidas. Por eso pusimos alimentadores”. Guevara explica que la medida fue tomada con la aceptación de las autoridades municipales de ese tiempo. Además, dice que las paradas sí son referenciales para los choferes, aunque no se utilicen sus estructuras. Esto solo en Ponciano, pues en Carcelén la ruta se cambió.

El Metrobús empezó a funcionar en el 2005, luego de que representantes del Municipio y del Corredor Central Norte firmaran un contrato.

Carlos Páez, secretario de Movilidad del Cabildo, dice que ese contrato es bastante imperfecto. “No fue resuelto adecuadamente ya que no deja en claro las responsabilidades de los transportistas sobre la infraestructura ni sus obligaciones”.

Sobre las paradas sin uso explica que serán desmontadas y sus materiales se reciclarán. El funcionario manifiesta que hubo una mala planificación de la administración anterior.

Páez anuncia que avanza un proceso de renegociación del corredor central norte para especificar esas responsabilidades. Entre tanto, como parte de ese proceso, el Municipio limpiará y acondicionará las paradas que sí son usadas desde La Ofelia hasta Miraflores. Para esto tienen USD 800 000. Hoy lucen sucias, con grafitis, vidrios rotos. A Mirtha López, usuaria, le disgusta ver las paredes manchadas por la mala imagen que da a la ciudad.

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