Once años de períodos lluviosos inestables

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Andrés García. Redactor

La fuerte granizada que se registró el lunes pasado, en el norte de Quito, fue un evento que alertó a los meteorólogos. En ese día, en La Comuna, La Gasca y Las Casas y en los pasos a desnivel de las avenidas Naciones Unidas, América y 10 de Agosto, la gran cantidad de lluvia que cayó ocasionó que los sumideros colapsaran.

A simple vista, ese temporal pudiera enmarcarse dentro de la época lluviosa, prevista para estos meses en Quito. Sin embargo, Gonzalo Ontaneda, coordinador de estudios e investigaciones meteorológicas del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi), no lo considera así.

"Fue algo muy raro, en mayo no había granizadas en la ciudad. Generalmente ocurrían en los meses de marzo o abril; o también en el cordonazo de San Francisco, en octubre".

De acuerdo con el experto, esa anomalía es una prueba del cambio climático que se siente en todo el globo, incluido el Distrito Metropolitano.

Basándose en las mediciones del nivel de precipitaciones registradas en los últimos 11 años, los promedios dan cuenta de que no hay cambios significativos . De hecho, la variabilidad climática siempre ha estado presente a lo largo de la historia.

En donde sí se observa un desfase, aseguró Ontaneda, es en el tiempo de inicio de la época lluviosa. A esto se suma una mayor presencia de días sin precipitaciones, algo que en décadas atrás no ocurría.

Esta afirmación se sustenta en los denominados veranillos; es decir, temporadas cuando no había lluvias. Anteriormente, se tenía identificados dos: de las almas, en noviembre y del niño, en diciembre. Ahora, asegura Ontaneda, se ha incrementado considerablemente la cantidad de días sin lluvias.

Debido a esto, la intensidad de las precipitaciones ha cambiado. "Vemos que en tres o cuatro días se puede acumular el nivel de lluvias previsto para todo el mes, como consecuencia de los cambios de los sistemas atmosféricos", apuntó.

Estas alteraciones, producidas por la contaminación ambiental en el planeta y los efectos urbanos de las grandes ciudades, traen graves consecuencias bajo el brazo, dijo el experto. Se refirió, por ejemplo, a la agricultura en las parroquias rurales del Distrito. Los cultivos tienen dos o tres días de lluvia intensa y, luego, un período de 'sequía'.

Ontaneda habló también del caos vehicular causado por el taponamiento de las alcantarillas, tras intensas lluvias "en una sola descarga". Además, están los deslizamientos en barrios vulnerables.

En ese campo, según un balance del Municipio se han invertido USD 12 millones en obras de prevención, entre ellas 40 muros de contención, estabilización de taludes y mejoramiento de los colectores.

A decir de Ontaneda, estas medidas son adecuadas para mitigar el efecto de las lluvias, aunque advierte que, a largo plazo, solo servirán para disminuir los efectos del cambio climático, ya que "eliminarlos será imposible".

Con ello concuerda María Victoria Chiriboga, experta en cambio ambiental. Sin embargo, considera que cada ciudadano también puede contribuir. Por ejemplo, dice, al utilizar transporte público se reducen los niveles de emisión de dióxido de carbono.

Otra acción importante en el Distrito es la protección de la cobertura vegetal, especialmente los bosques, para reducir el riesgo de deslaves.

En contexto

La inestabilidad que registran los sistemas atmosféricos que determinan el clima en el Distrito seguirá. Esto se matiza con la presencia de lluvias fuertes en períodos cortos. Esta situación debe tomarse en cuenta en la construcción de la obra pública, principalmente.

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