25 de December de 2012 00:01

La nostalgia de la última Navidad

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Lágrimas, sonrisas, música, ansiedad... En el Aeropuerto Mariscal Sucre se han celebrado 52 navidades. Esta es la última. Desde el 2013, la Nochebuena se festejará en la nueva casa de Tababela.

La primera vez que se colgaron guirnaldas y luces de colores fue en diciembre de 1960, cuatro meses después de haber sido inaugurado. Este año, en cambio, hubo pocos adornos navideños. La celebración fue, se puede decir, diferente. Uno de los guardias del lugar se atreve a llamarla “triste”.

Hay melancolía en los trabajadores de la terminal aérea, aun cuando admiten que en las instalaciones no reinaba un ambiente navideño. El sentimiento de nostalgia se hace presente por los recuerdos, las vivencias, los amigos.

Byron Haro, piloto de Aeropolicial desde hace 12 años, cuenta que ha aterrizado unas 4 000 veces en la pista de este aeropuerto. Para él, Navidad es sinónimo de familia. Cuenta que en estas instalaciones se respiraba en diciembre un aire diferente. “En esos días reinaban el amor y la solidaridad. La gente estaba más alegre, ansiosa de ver a sus seres queridos”.

Dice que esta no va a ser la última Navidad en este lugar. Asegura que si bien tendrán un hangar en Tababela, en la cabecera norte de la pista en el Mariscal Sucre se mantendrá un helipuerto para la Policía, pues es un lugar estratégico para sus operaciones.

¿Cómo está, en estos días, el ambiente en esta terminal? Una vendedora ambulante de caramelos, otra que tiene un quiosco, un hombre que ayuda a cargar el equipaje a los pasajeros y un taxista que trabaja en los alrededores cuentan sus recuerdos en esta, su última Navidad en el Mariscal Sucre. Según la planificación, desde febrero del 2013 operará desde Tababela.

‘Nosotros no nos iremos a la nueva terminal aérea’ ‘La próxima Nochebuena, la celebración será en Tababela’ ‘Con la ida del aeropuerto también se me va media vida’ ‘En el arribo internacional se sentían más las navidades’ Aunque no me crea, las últimas 24 navidades las he pasado aquí, en la puerta del aeropuerto, vendiendo caramelos. Esta es prácticamente mi casa.

Trabajo aquí desde que tenía 35 años. Me acuerdo que agarré una bandejita, puse caramelos, chutepes, chicles y cigarrillos y empecé a vender. Tengo nueve hijos. Todos trabajan conmigo: Rosario, Maura, Elvia, Elsa, Patricio, Renán, Mercedes, Paúl y María. El mayor ya tiene 32 años de edad y el menor 10.

A cada uno le di sus golosinas, y venimos todos los días a vender. Hasta a mi nietecito Jordan, de 4 meses, le vengo trayendo. Vivimos por el Mercado Central.

Llegamos a las 18:00 y trabajamos hasta las 05:00, solo la noche, porque en el día los municipales no nos dejan, nos quitan los productos. No importa si es Navidad, Año Nuevo o cualquier fiesta; sino trabajamos, no comemos. La verdad, aquí no se siente el ambiente navideño. Es un día como cualquier otro... Sí nos da melancolía.

Esta es la última Navidad que vamos a trabajar en el aeropuerto. Nosotros no nos vamos al nuevo, nadie nos ha dicho nada.

Hace 15 años empecé a trabajar aquí. He visto de todo, lágrimas de alegría, de dolor. Gente educada y amable que la noche del 24 de diciembre expresaba un cálido Feliz Navidad, y otros, en cambio, que ni alzan a ver.

Me acuerdo de mi familia, y no puedo estar con ellos. Pero bueno, gracias a este trabajito, puedo comprarles algún detalle. Yo soy el encargado de ayudar a las personas con su equipaje una vez que salen del aeropuerto. Junto a nueve personas más formo parte de Asomapar (Asociación de Maleteros del Parqueadero). Ganamos solo lo que el pasajero nos deja de propina. En un día pueden ser USD 25. Los turnos son duros: empiezan a las 08:15 y terminan a la 01:30.

En Navidad, los pasajeros suelen llegar más alegres. Por lo que les escucho, suelen traer regalos, en especial para los niños. A veces, en estas fechas, las personas han traído mariachis o grupos musicales para recibir a sus familiares. La verdad, no nos da pena que esta sea la última Nochebuena en el aeropuerto de Quito.

Nosotros sí nos vamos al nuevo, así que en un año, estaremos festejando Navidad en Tababela.

La primera vez que festejé Navidad en el aeropuerto tenía 22 años. Toda mi vida la he pasado aquí. Navidades, años nuevos, San Valentines. Si usted supiera lo que este lugar significa para mí. Yo vendo confites en mi quiosco.

Antes, era ambulante. Gracias a mi Dios, la gente me ha ayudado y he sido comedida. En esa época, cuando llegaban las 18:00 y el aeropuerto se cerraba, yo ayudaba a limpiar la plataforma. La gente me conocía.

En ese entonces, no había trabajadores de limpieza, así que yo aseaba las oficinas. Con este trabajo eduqué a mis cinco hijos.

Y gracias a este trabajo, a cada uno de mis hijos le compraba sus regalitos en Navidad. Por eso me da tristeza. Lloro cuando me acuerdo de que esta será la última Navidad que pase en esta que ha sido mi casa. No creo que me lleven al nuevo aeropuerto, ¿para qué? Si allá han de tener grandes locales. Me duele que esta sea la última Navidad en este lugar.

Con el aeropuerto se me va media vida. Yo voy a extrañar todo: los pasajeros, el corre corre, hasta el sonido de los motores de los aviones. Para mí la Navidad desde el otro año va a ser diferente.

Hace 12 años presto mi servicio de taxi en las afueras del aeropuerto. La experiencia al principio fue un poco difícil, porque es una situación especial. No es lo mismo que estar en la calle. Casi siempre los pasajeros me dejan propinas buenas, de USD 2 ó 5, aparte de la carrera.

En el área de arribo internacional se siente más la Navidad, porque viene gente de otros países, traen regalos para sus familiares, hay más ambiente. En arribo nacional, en cambio, no hay absolutamente nada. La gente casi no habla de Navidad, ni siquiera cuando los transporto hasta sus viviendas. Casi todos los días trabajo desde las 08:00 a las 22:00.

Hay días buenos y hay días malos. Es un trabajo estable y seguro, porque la gente generalmente son empresarios. Algo que me gusta mucho de aquí es el compañerismo entre los que brindamos este servicio. Respetamos nuestros turnos, y aunque sea entre nosotros, nos damos un abrazo y buenos deseos por estas fechas. Sí da melancolía el que el aeropuerto se vaya, pero ahora, la esperanza es ir nosotros también a Tababela y poder festejar allá más navidades.

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