Solo el Municipio coloca los rompevelocidades

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Viviana Macías y Andrés García

Desde la calle Gaspar de Carvajal hasta la Francisco Viteri, en la av. La Gasca, en un tramo de 200 metros, hay cuatro reductores de velocidad. Estas estructuras están levantadas cerca de puntos de concentración de personas que necesitan cruzar las vías.

En la av. La Gasca está la institución educativa de las Misioneras Lauritas. En la mañana, al mediodía y en la tarde es común ver a alumnos, de ese y de otros establecimientos cercanos, pasar de un lado a otro de la vía. También están los de la Universidad Central.

Adriana Mosquera, moradora del sector, cuenta que los rompevelocidades sí han colaborado en el tema de la seguridad del peatón. Aunque aseguró que algunos conductores de buses que circulan por el sector, avanzan rápido, sin importar los reductores.

En la calle Eustorgio Salgado, a la altura de Miraflores, también hay dos de estas estructuras. En el sector están ubicados el Colegio Menor de la Universidad Central y la Escuela Particular Luigi Galvani.

Natalia García, docente de esta última institución, cuenta que los dos elementos de tránsito han dado resultados. "Por acá los conductores no circulan tan rápido. La mayoría reduce la velocidad para no dañar sus carros", dijo.

Algo similar ocurre en la calle Lauro Guerrero, en el sur, a la altura del Colegio Amazonas. En estos tres sitios, los reductores tienen las medidas técnicas (ver infografía).

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Pero en el Distrito, también es posible toparse con reductores construidos por los propios moradores u ordenados por ellos. Un ejemplo es la estructura que se construyó en la calle Tena y Tupac Yupanqui, en La Ermita. Este último no respetó los criterios técnicos: el ancho no es el exigido, no tiene pintura reflectiva y su pendiente es irregular.

Un trámite municipal
La entidad encargada de construir los reductores es la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Epmmop). Los barrios e instituciones que deseen solicitar la instalación de un reductor de velocidad deben dirigir una carta al Gerente de la Epmmop y entregarla en las oficinas de la calle 9 de Octubre y Marieta de Veintimilla. Luego, un grupo de técnicos inspecciona el sitio y evalúa si el requerimiento de los moradores es justificado.

Entre los aspectos que se deben tomar en cuenta están: la presencia de centros educativos, sectores residenciales, centros comerciales, hospitales, tránsito vehicular y si por el lugar circulan líneas de transporte público.

El proceso constructivo se inicia con la ubicación y limpieza del sitio. Se aplica un material especial conocido como ligante y sobre este una mezcla asfáltica en caliente. Finalmente, se realiza la compactación con un rodillo.

Este trabajo se completa con la respectiva señalización horizontal, la cual consiste en colocar pintura acrílica amarilla, también las líneas canalizadoras (franjas blancas) para que crucen los peatones y la señalización vertical (letrero) que informa sobre la existencia del reductor de velocidad.

Según la Epmmop, el estudio de factibilidad demora unos dos meses y su construcción unas dos semanas. En el Distrito se construye un promedio de 3 reductores al mes.

Construirlos sin autorización se sanciona con USD 51.

En contexto. En el Distrito Metropolitano hay 430 000 autos registrados. Para garantizar una movilidad eficiente, tanto para conductores como para peatones, se coloca señalética vertical, horizontal y reductores de velocidad. También existen otras estructuras plásticas.

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