8 de March de 2011 00:00

Miles de turistas aprovecharon la gratuidad de los balnearios de Quito

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Una bebé de 6 meses jugaba con el agua de la piscina infantil del balneario de El Tingo, ayer al mediodía. La pequeña tenía un gorro de baño de la Liga Deportiva Universitaria de Quito y una bata cubría su traje.

Joselin Caiza la sostenía en sus brazos. Cuatro adultos y cuatro niños más la acompañaban y disfrutaban del sol que abrigó el Carnaval en el Distrito Metropolitano. Aunque disfrutaban de la piscina y de la alegría en el balneario, Caiza dijo que sintieron un poco de molestia. Su familia visita cada 15 días El Tingo, pero esta vez se encontraron con que, según su cálculo, el lugar se llenó con más de el doble de visitantes de lo usual.

Iván Acosta, supervisor de El Tingo, confirmó la percepción de la visitante. Él informó que el número de personas creció en el feriado. Mientras el sábado llegaron unos 1 500 bañistas, el domingo la cifra subió a 3 000 y hasta las 14:00 de ayer, llegaron al menos 4 000 visitantes.

Afuera había una larga fila. Geovanny Martínez llegó desde Crucita, Manabí, junto a tres primos y esperaban su turno para entrar. Visitaron a sus familiares durante el feriado y esperaron por una hora y media para ingresar. Aunque estaban cansados, ellos creían que valía la pena. “Tenemos playa todos los días. Este feriado quisimos descansar en otro lado y vamos a la piscina”, dijo.

Acosta explicó que el personal del lugar esperaba, aproximadamente, la salida de 100 bañistas para permitir la entrada de 100 más. Así evitaba que las instalaciones se saturaran. “Queremos que la gente disfrute y no que quede más estresada de lo que vino”.

Eso ayudó a aprovechar mejor de las instalaciones, según Luis Román. El fue, junto a siete personas más, desde Chillogallo a El Tingo e instaló una carpa en el área verde. Junto a él, estaba Susana Pástor, quien se mostró complacida al ver las instalaciones. “No había venido hace años y no conocía esto remodelado. Le veo más limpio y con más servicios”.

Otro balneario concurrido fue el de Cununyacu, en Tumbaco. Patricia Vargas salió de ahí a las 12:30, junto a una bebé, tres niños y una adolescente. Ella llegó a las 08:00. Cuando entró no había mucha gente. El clima, bastante frío en el fin de semana, mejoró ayer. Cree que por eso llegaron más visitantes al lugar.

La mujer no quería comprar comida en el balneario ni en locales cercanos. Por eso llevó arroz con pollo. Almorzó junto a los menores bajo un árbol, en Cununyacu.

En los alrededores de la piscina la gente se untaba bronceador. Una familia extendió un mantel y sobre él colocó grandes cantidades de arroz blanco y de arroz relleno, para compartir. Había pollo, papas fritas y gaseosa. Todos comieron en comunidad.

De fondo se oía a un locutor que coqueteaba con las bañistas. El hombre animaba un programa organizado por la Municipalidad. Saludaba a las chicas y las llamaba ángeles, muñecas, princesas. Luego cedió el paso a dos actores que presentaron una obra con lenguaje coloquial quiteño.

La espuma de carnaval abundaba dentro y fuera del balneario. Vendían tres por USD 2,50, envases pequeños por USD 1 y grandes por USD 2. Estos comerciantes estaban contentos, así como Carlos Alberto Lugo, quien contó que la venta de hot dogs aumentó ayer. “Los otros días vino muy poca gente. Este feriado ha estado flojo, por le clima”, dijo.

Miembros de la Policía Nacional y Metropolitana; y bomberos estuvieron pendientes de la seguridad y bienestar de los bañistas. Informaron que hasta el mediodía de ayer, se registraron niños extraviados y algunos golpeados. No hubo emergencias graves.

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