15 de April de 2012 17:26

La leche de cabra se vende sin regulaciones

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Un vaso de leche de cabra consume a diario Rocío Jácome. Antes de ir a su trabajo, pasa por la esquina de las calles Jorge Garcés y Mariano Burbano, en el Comité del Pueblo, en el norte. Allí compra un vaso de USD 1 a María José Rogel, quien recorre libremente las calles con seis cabras.

Para Jácome esta leche cura el asma. Lo afirma por experiencia propia. Una de sus tres hijas sanó de este mal después de tomar una copa durante 30 días. Por eso ella prefiere la leche de chiva aunque sea más cara. Los fines de semana incluso compra un litro a USD 6.

En la misma esquina, también compra Mario Mejía. Para él la leche de chiva es más nutritiva que la de vaca porque tiene menos grasa. Él conoce los sitios donde encontrar el producto. Entre ellos mercados de Cotocollao y de El Camal. En la esquina de la av. Mariscal Sucre y Puruhá, en el sur, se oferta hasta leche de burra.

Según la creencia popular, la leche de cabra alivia problemas respiratorios, evita resfríos y gripes. Rogel indica que hasta ayuda en casos de anemia.

Jeanette Heredia, médica nutrióloga, indicó que entre los efectos beneficiosos de esta leche es que mejora la inmunidad y resistencia en el ser humano. Por eso se la asocia con la cura de enfermedades respiratorias. Pero dijo que no hay estudios científicos que la avalen como cura de estas afecciones. Aclaró que no es recomendable consumirla cruda, debe estar pasteurizada o hervida.

Este es uno de los factores para la proliferación de bacterias. Una investigación del Colegio de Ciencias Ambientales de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) detectó la presencia de la bacteria Brucella en la leche de cabra, que se expende en las calles de Quito.

La Brucelosis es una enfermedad que se transmite por consumo de productos lácteos no pasteurizados o carne cruda de animales como cabras y vacas. Produce ataques de fiebre intermitentes, sudoración, dolor articular, muscular y debilidad.
Según la investigación, si la Brucelosis no es tratada se torna crónica y puede causar infecciones severas que involucra a los huesos e infección de los testículos.

El estudio se realizó en junio pasado, los resultados se presentaron la semana pasada.

El equipo tomó 100 muestras de leche de cabra expendidas en las zonas de Carcelén, Amaguaña y Guayllabamba.
Mejía es un consumidor esporádico desde hace 15 años junto con sus cuatro hijos. Durante este tiempo aseguró que no se ha enfermado ni sentido molestias. “Es leche sana”, insistió.

Similar opinión tuvo Óscar Punina, quien compró un vaso para su hijo Dilan, de 2 años. “Él no se enferma ni de gripe”. Su esposa Diana Arias contó que su otra hija de 8 años se mejora con esta leche cuando tiene tos.
Para Rogel la contaminación de la leche depende del cuidado de los animales. Ella no permite que las cabras se recuesten en el piso durante el recorrido. En el corral duermen sobre un tablero, aseguró. Los alimenta con alfalfa, morochillo, hierba y verde. En la mañana lava las ubres con agua de manzanilla para que no se irriten. “Si se enferman no dan leche”. Al día vende entre USD 9 y 15.

Heredia no recomienda un consumo continuo en niños porque la leche de cabra es baja en hierro y ácido fólico (una vitamina) y puede causar hasta problemas renales, explicó.

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