26 de June de 2011 00:04

Ellos le asesoran en los trámites

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Nueve personas hacen fila frente a la ventanilla de información en el Registro de la Propiedad, en las calles Piedrahíta y Clemente Ponce. A cada consulta, la mujer que atiende responde con una corta instrucción o simplemente entrega un formulario, sin costo.

En unos tableros instalados en el interior de la entidad hay personas que llenan por su cuenta los formularios para solicitar certificados de gravamen, razón de instrucción y otros trámites. Otras personas caminan hasta la calle. Revisan una y otra vez las hojas que acaban de recibir.

“Le ayudo a llenar el formulario para el certificado”, se lee en el reverso de una carpeta que Rocío Alquinga lleva en sus manos. Desde hace cuatro años, ofrece asesoría a las personas que tienen problemas para llenar las solicitudes. Antes de eso, trabajó como asistente en un consultorio jurídico. Ahí aprendió todo lo que tenía que saber sobre trámites legales, en especial del área civil.

“Un certificado de gravamen demuestra que su propiedad está libre de hipotecas u otras restricciones legales”, explica con paciencia a uno de sus clientes, antes de empezar a llenar la hoja. Completar cualquiera de los formularios cuesta USD 1. En promedio, ella llena 15 diarios. En algunos casos, y por un valor extra, Alquinga se encarga de ingresar y retirar los documentos.

En la acera hay otras siete personas que ofrecen el mismo servicio. Cada uno maneja su propio horario. Alquinga trabaja en dos jornadas. La primera de 08:30 a 12:00 y la segunda, de 14:30 a 16:30. Con un esferográfico azul y buena caligrafía termina de llenar el formulario y explica al cliente donde dejarla.

Unos venden y otros llenan

En cada una de las cuatro esquinas de la Asunción y Salinas, afuera de las oficinas del Servicio de Rentas Internas, hay unos pequeños negocios donde se venden formularios para la declaración de impuestos. Son cerca de ocho puntos de venta. En el puesto de María Díaz también se exhiben libros y guías tributarias.

Cerca de los negocios hay unas 12 personas que ofrecen su ayuda para llenar los formularios. Por USD 1, Marco Ávila se compromete a llenar cada documento para la declaración del Impuesto al Valor Agregado que le entregó Blanca Andrade. Los formularios con declaraciones en cero se llenan por USD 0,50.

Andrade acompañó al asesor hasta una cafetería de la zona. Ávila sacó una pequeña calculadora negra y empezó a hacer los cálculos para llenar los casilleros. Tardó 30 minutos.

El ‘asesor tributario’ alcanza a llenar hasta 20 formularios al día. Cuando no tiene clientes, se dedica a revisar las guías tributarias para ponerse al día con las últimas actualizaciones y cambios en los trámites. Antes de dedicarse a este oficio, Ávila trabajó en el Ministerio de Finanzas donde aprendió nociones básicas sobre temas tributarios.

Desde que se abrieron nuevas agencias del SRI y se facilitó la declaración de impuestos a través de la Internet, el negocio bajó notablemente.

El buen manejo de Internet

En el local de Internet deMaría Mercedes Calderón, las páginas web del Servicio de Rentas Internas, la Corpaire y la Policía Nacional son las más visitadas durante el día. Frente a la Jefatura de Tránsito, en San Carlos, ella ofrece ayuda a las personas, que por falta de tiempo o por desconocimiento del uso de la herramienta, necesitan consultar los detalles del pago de la matrícula, el informe de la revisión técnica vehicular y las multas o restricciones que puede tener un vehículo.

El costo por la consulta y la impresión varía entre USD 0,50 y 1,50. El servicio también se ofrece en el local de Janneth Hidrovo, quien además redacta oficios y solicitudes para otros trámites.

Un promedio de 50 personas acuden a diario a solicitar la ayuda de estos ‘asesores’. Para Jaime Sandoval, los papeles impresos que detallan los requisitos para los diferentes trámites y que están pegados en las ventanas de la entidad no siempre son una ayuda.

El pasado viernes era el tercer día que intentaba matricular su vehículo, sin éxito. Mientras Hidrovo le ayudaba a redactar un oficio para que se levante la restricción que tenía su carro, Sandoval sacaba copias de todos los documentos que tenía. “Por si acaso”, dice el conductor en un tono molesto.

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