1 de April de 2012 00:03

‘Larga vida’ y ‘salud y anarquía’ se escuchan a coro en bares roqueros

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El negro es el color del metal. Las paredes laterales del Viejo Bar están pintadas con ese tono. Es un sitio exclusivo para los amantes del rock y todos sus géneros (clásico, progresivo, heavy metal, gótico, punk, etc.). Los adornos también tienen que ver con esa identidad: afiches de Led Zeppelin, The Doors, Sepultura, Helloween...

Para llegar hay que ascender por una estrecha escalinata. La voz y el rasgado de la guitarra de Dave Mustaine, vocalista de la banda Megadeth, se escuchan desde la primera grada. En la puerta hay un rótulo que informa el costo de la cerveza por combos (tres por USD 4). Ya adentro, la luz es tenue, las mesas son de madera y la voz de los asistentes que corean las canciones de la banda estadounidense retumba.

Para brindar, no hace falta decir ‘salud’, los metaleros tienen sus propios dichos. Son las 22:00 del pasado jueves. Falta una hora para que Mauricio Yépez cumpla 27 años. Lo acompañan tres amigos de la universidad. Mueven su cabeza al ritmo de la batería y las guitarras. Al final de la canción levantan sus vasos de vidrio, los chocan y dicen ‘larga vida’. Esta frase es muy recurrente en el bar.

Manolo Andrade, administrador, explica que la costumbre de brindar con esta frase surgió del nombre de un disco de la banda española Barón Rojo. “Esa es una de las bandas de heavy en español más representativas. Su disco ‘Larga vida al Barón’, que salió en 1996, y la letra hablan de la vigencia del rock en el mundo”. Es como un himno entre ellos.

Por segundos, el sonido de la música se detiene. Todos escuchan el nuevo ritmo que sale de los parlantes y se animan. Es un clásico de Barón Rojo. A una sola voz: “Cuando quiero decir rebelión en nombre de mi generación, simplemente digo rock and roll y mi gente me entiende mejor. Por la marcha que nos dio ¡Larga vida, rock and roll!”.

Desde la barra, Andrade y su hermano Milton también coreaban la canción y recordaban que hace 10 años no existían estos lugares. La gente se asustaba al escuchar ritmos fuertes y se sorprendía al verlos vestidos totalmente de color negro.

El bar está ubicado en la avenida Reina Victoria y Calama, en el sector de La Mariscal, en el norte de Quito. En esa esquina se concentran cuatro locales donde el heavy metal, el hard rock, el rock progresivo, el black metal, el death metal, el thrash metal y algo de punk se escucha desde la acera de la Reina Victoria.

“Esta es la esquina ‘rocker’. Nuestro lugar de encuentro, en La Mariscal”, dice Mauricio Montúfar. Acompañado de Nora Gutiérrez entra al Arraray, otro bar donde la decoración con color negro se repite. Los discos de Elvis Presley, Rolling Stones, Pink Floyd, Ramones, La Polla Records, entre otros, cuelgan de las paredes.

“Solo quien conoce de este tipo de música sabe que lo que se escucha es punk”, asegura Nicolás Quinteros. Alrededor de las mesas, los visitantes lucen ropa negra, pero a diferencia de los metaleros sus botas tienen cordones rojos, que para ellos significa rebeldía. Al momento de brindar, el ‘larga vida’ es remplazado por ‘salud y anarquía’. La frase es coreada por los presentes.

Pasada la medianoche, el ritmo cambia y los roqueros y punkeros salen a la pista a bailar salsa y cumbia. No se muestran como unos expertos, descoordinados a momentos, no dejan de saltar y de derrochar algarabía.

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