7 de June de 2011 00:01

Irrespeto a los murales públicos

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Los muros de Quito se han usado, por años, como espacios para rendir un tributo a los personajes históricos, hacer reflexiones sociales o simplemente para el arte urbano. Hay un irrespeto por estos trabajos, que se demuestra en los rayones y grafitis que se hacen sobre las obras artísticas.

Uno de los murales más emblemáticos es el que está en la pared del Colegio Militar Eloy Alfaro, en la av. Amazonas, entre Orellana y Eloy Alfaro. La artista Giovanna Mejía realizó la obra entre 1999 y el 2000, con dos chicos de la Correccional. Los jóvenes participaron en talleres impulsados por una fundación extranjera.

Allí hay retratos de personajes importantes en la historia política, independentista, artística, religiosa y deportiva del país. Al pasar por allí se puede ver los rostros de Jefferson Pérez, Oswaldo Guayasamín, Alberto Spencer, Julio Jaramillo, Simón Bolívar, Carlota Jaramillo, Ernesto Albán, Agustín Delgado, Manuela Sáenz, Benjamín Carrión, Galo Plaza, Dolores Cacuango, Eugenio Espejo, etc.

Pero con el paso de los años, Mejía ha visto con tristeza cómo se ha destruido su obra. “Gracias a Dios me ayudaron unas empresas para restaurar el trabajo, pero la gente lo vuelve a dañar. Eso es muy duro para un artista”, dice.

Sobre los rostros de los personajes del mural Orgullo Nacional, algunos transeúntes han pintado bigotes, ensombrecido sus ojos o dañado su vestuario. Además hay ‘tags’ (grafitis con el nombre artístico de su autor), dibujos o mensajes de amor.

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Mejía ha pedido financiamiento a instituciones públicas y privadas, pero los arreglos que hace duran poco. Para evitar más daños, ella dice que ha sugerido al Municipio que cambie la ubicación del paso peatonal, que está junto al mural y que haya sanciones para quienes lo dañen. Ella considera que si el paso se ubica más abajo, se evitaría que haya facilidad para dañar su mural y el de unos grafiteros, que está al frente.

En el mural se destacan dos retratos, cubiertos por una lámina transparente. El primero es el de René Cueva, destacado equitador. Su viuda le pidió a la artista que restaurara la obra y la cubriera con acrílico, para evitar el deterioro. Pero ese no es un impedimento. Sobre el retrato de Ángel Petizo Sánchez también hay una lámina, pero llena de rayones.

Sobre el mural de 240 m² de la av. 10 de Agosto, en el sector de La Y, también hay daños. Aunque aún son pocos, la obra de Washington Mosquera titulada Quito, Luz de América, ya tiene algunas firmas y dibujos que lo afectan.

Alrededor hay dos murales hechos por grafiteros, que también tienen rayones. La obra fue hecha en el 2009, como un homenaje a las personas que se han convertido en símbolos importantes de la historia de Quito y del Ecuador, a propósito de las celebraciones por el bicentenerio de la independencia de la Corona española.

Este mural está hecho sobre un recubrimiento de piedra andesita. Es un trabajo a base de acrílico y tiene al pie una jardinera, que está totalmente descuidada. El césped está crecido y hay matas que afectan el ornato.

El transeúnte Iván Suárez cree que es lamentable que se atente contra estos trabajos y es una muestra de la falta de cultura. Por eso, considera que es una necesidad que se generen más espacios para que los artistas urbanos puedan expresarse. “En lugar de dañar estos trabajos, que son una referencia histórica, podrían usar otros muros vacíos y hacer sus propias obras de arte”, asegura.

A lo largo de la av. Teniente Ortiz, en el sur, y la Isla Tortuga, en el norte, hay varios murales hechos por grafiteros, que están más deteriorados. Sobre los coloridos dibujos hay una gran cantidad de firmas, que dañan la estética y la intención de los trabajos.

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