19 de January de 2011 00:00

3 historias de superación a pesar de la intolerancia

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Esa noche recibió los peores golpes de su vida. Se armó de valentía y decidió contar a su familia que estaba enamorado de un compañero del colegio. Cuando lo hizo, sintió el peso de las miradas y su hermano mayor, que era conocido por ser buen puñete, se levantó y de un trompón le rompió el tabique.

Emilio Ramírez quedó tendido en el piso y sin ganas de reaccionar, sintió que su madre le remató con el palo de la escoba en la cabeza. Los insultos continuaron.

Se levantó y con la tela de la cáscara de un huevo cicatrizó su herida. Pidió ayuda a un primo para que le llevara al hospital.

Ese fue el inicio de su nueva vida. Desde entonces, no ha ocultado su identidad ni ha regresado a la casa de sus padres.

Ahora es corredor de bienes raíces y lleva una “vida feliz”. Su pareja se dedica a la venta de carros y juntos han viajado por medio mundo, con cautela, pero sin negar que son homosexuales.

Emilio sueña con tener un hijo. Lo que le detiene es la discriminación a la cual tendrá que hacer frente el pequeño. “Esta sociedad no está preparada para eso. Ya me imagino que en la escuela le gritarán que es hijo de maricas”.

Sentado sobre un sillón rojo de un lujoso departamento está Wladimir Z., junto a él está Manuel N., su novio desde hace dos años.

Cada vez que Wladimir recuerda su paso por el colegio se molesta. “Fue la peor etapa de mi vida”, confiesa. Por su especial comportamiento, fue discriminado por algunos compañeros. Le decían ‘chico fresa’ o ‘barbie’.

“Siempre me gustaron los niños”, reconoce. Wladimir no era tomado en cuanta para los partidos de fútbol ni para las actividades grupales. Acepta que los profesores conocían de su exclusión, pero “se hacían los locos”.

Al contrario de Ramírez, ahora él oculta su condición. “Comprendí que debía ocultar mi identidad para poder ser aceptado”.

Rosario Utreras, de la Defensoría del Pueblo, dice que las denuncias más recurrentes de gente GLBT se dan en el campo laboral, educativo, en la vivienda y en la salud. Considera que todavía es difícil que la sociedad quiteña acepte la diversidad, ya que es “supremamente intolerante”. En el 2010 se presentaron 12 denuncias y en el 2009, 5.

Katty luce un jeans, zapatos deportivos y una ancha camiseta del River Plate. No usa maquillaje, su cabello es corto y tiene gel.

Desde hace un año trabaja en una tienda de implementos deportivos, ahí conoció a su novia actual, una antigua clienta.

Para ella, conseguir trabajo ha sido difícil. Es estudiante de Farmacéutica y hace dos años tuvo una mala experiencia.

El dueño de la farmacia en la que trabajaba empezó a inquietarse por su apariencia y le preguntó sobre su vida . Ella le confesó que era lesbiana. “Fue un error, por las consecuencias”.

Su jefe las invitó a ella y a su novia a una cena en su casa. Ahí, la situación se volvió incómoda cuando él trato de abusar. Ellas lo golpearon y salieron del lugar. Quedó desempleada.

“Cuando buscas un empleo, te miran y se extrañan que una mujer luzca como hombre”, luego de un año consiguió un trabajo donde oculta su identidad.

Emilio no se arrepiente de su preferencia sexual ni de los golpes que recibió de su familia. Se arrepiente de vivir en un una sociedad donde no puede caminar libre de la mano de su pareja.

Lo que dice la  Constitución

El artículo 66  garantiza a las personas  el derecho a la igualdad formal, material y no discriminación; el derecho al libre desarrollo de la personalidad, sin  limitaciones;  el derecho a opinar y expresar su pensamiento libremente y en todas sus manifestaciones.

El artículo 3  dice  que es un deber  del Estado garantizar,  sin discriminación,   el goce de los derechos establecidos en la Constitución.

El artículo 33 dice que el trabajo es un  derecho...  El Estado garantizará a las personas el  respeto a su dignidad.

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