8 de March de 2010 00:00

La historia de la Loma Chica y San Marcos

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Vladimir Serrano/  Historiador

San Marcos constituye uno de los barrios de mayor renombre del Centro Histórico de Quito. La llamada Loma Chica es el emplazamiento de este sector. Se encuentra rodeada de profundas quebradas, como la Manosalvas e Itchimbía, las que forman un triángulo cuya punta llega hasta el colector del Censo, en el oriente y su base se asienta en la calle Flores, en el occidente de la ciudad.

Se cree que en zona cercana se instaló un aclla huasi, lugar que los Incas disponían para mujeres elegidas, que bien se convertirían en esposas o amantes de grandes jerarcas o en vírgenes del sol. Este sitio estaba ubicado en el actual monasterio de Santa Catalina de Siena, que en su tiempo fue casa del conquistador Lorenzo de Cepeda y Ahumada, hermano de Santa Teresa de Ávila.

En la memoria histórica y cultural de San Marcos se dice que Vicente Rocafuerte descubrió, en el monasterio, la existencia de dos figuras de piedra: una del sol y otra de la luna, que corresponderían a la simbología del Aclla Huasi. Lamentablemente, según Luciano Andrade Marín, en el traslado al seminario de San Luis, donde se las quería colocar, se extraviaron.

Pero la Loma Chica también habría albergado otras importantes edificaciones incásicas. En varios edificios se han encontrado piedras polígonos. En el colegio Sagrados Corazones se hallaron dieciséis; cuatro en el claustro de Santo Domingo, y otras en la capilla del Rosario.

La zona, sin embargo, debió tener ocupaciones humanas previas, pues en el convento dominicano se halló un sitio funerario, situado hacia el sur de la edificación, algo anterior a la llegada de los Incas.

En el dominio hispano, bajo la administración episcopal de Fray Luis López de Solís, en el año de 1580, se habría creado la parroquia de San Marcos. La zona estaba poblada de indígenas, especialmente de yanoconas, que originalmente estaban bajo la jurisdicción de la parroquia San Sebastián. En cambio, en el siglo XVII, existían moradores españoles y mestizos que eran fundamentalmente comerciantes y clérigos. Los primeros dedicados a pulperías y los segundos a sus actividades religiosas.

El trazado de la ciudad en estilo damero, muy poco adecuado para sitios montañosos, llevó a que en relación a San Marcos se intentara configurarlo a partir de una vía, que iba por lo alto de la Loma Chica. A esta se le nombró como el mismo barrio y a mediados del siglo XIX, recibiría el nombre de Junín.

Pero como era obvio, la topografía no permitió sino la conformación de tres cuadras, entre las actuales calles: Espejo, en el norte; Junín, en el sur; Flores al occidente y la quebrada del Itchimbía al oriente.

Las actividades del lugar fueron variando con los distintos momentos históricos y sobre todo por las crisis económicas. En la época de la Independencia tuvieron sus residencias en este lugar los próceres: Francisco Javier de Ascázubi. Él habitó la casa situada en la vereda sur oriental de la Flores y la Junín; el presbítero Miguel Antonio Rodríguez, en la Junín, cerca de la calle Almeida; y Juan Pablo Arenas Laveyen, en la Flores, entonces llamada de Santa Catalina.

En los siguientes años, San Marcos mantuvo su importancia, con notables mejoras urbanísticas, y hoy constituye uno de los núcleos de cultura del Quito histórico de obligada visita.

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