23 de April de 2011 00:00

La fuerza espiritual se sintió en las calles

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El lente de una cámara fotográfica Nikon captaba cada detalle de la imagen de Jesús del Gran Poder.

Por quincuagésima vez, el Cristo salió ayer desde el atrio de la iglesia de San Francisco rumbo a la procesión que cada Viernes Santo se desarrolla en su honor.

El lente era de Kelsy Yates, una neoyorquina de 32 años, quien por primera vez visitó Ecuador.

“It’s great”, repetía al ver a los cucuruchos (penitentes vestidos con túnicas lilas y capuchas cónicos que cubrían sus rostros).

Cucuruchos como José Guamán, de 30 años, caminaban descalzos, algunos tenían cadenas atadas en sus pies, otros cargaban pesadas cruces de madera.



Los ojos de Yates se abrían más de lo normal, al ver que algunos cucuruchos se flagelaban con ortiga (planta que causa irritación en la piel). Las espaldas de estos penitentes estaban rojas y enronchadas. Este año participaron 1 200 cucuruchos, quienes se prepararon desde el Miércoles de Ceniza. Al inicio de la procesión, a José Luis Andaña, de 22 años, se le cayó la cruz que llevaba, se fracturó la tibia.

Yates estuvo en la plaza de San Francisco desde las 10:00. La acompañaban su hermano Porter y su esposo, Kiri Humphrey. A esa hora las calles del Centro Histórico ya eran un hormiguero.

Unas 50 000 personas se colocaron a lo largo del trayecto de la procesión, que partió desde San Francisco hasta la Basílica del Voto Nacional. Entre los fieles estaban los esposos Segundo Ayala, de 76 años, y Lara Chicaiza. Sentados en la esquina de las calles Venezuela y Esmeraldas, aguardaban el paso del Cristo que iba sobre unas andas con ruedas. Aunque es el segundo año que asisten a la procesión, afirmaron que toda la vida le han tenido fe. Hace unos años Ayala casi perdió una pierna. “Cristo me sanó”.

Laura Reino, oriunda de Cuenca, vestía una túnica lila, con lágrimas le pedía a Cristo que sanara a su nieto de 3 años, quien padece de parálisis cerebral.

A las 12:00, luego de la lectura de la sentencia condenatoria, se cantó el Himno Nacional del Ecuador, le siguió el Himno a Jesús del Gran Poder y empezó la peregrinación que duró cerca de cinco horas. Pasada las 16:30, la imagen de Jesús del Gran Poder llegó a San Francisco.

Kiri Humphrey entendió por qué la imagen se llama del Gran Poder, “se siente en el ambiente una fuerza, hay poder espiritual”.

Para completar el rito de Semana Santa, los tres extranjeros degustaron de la fanesca.

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