10 de May de 2010 00:00

Un filósofo y ermitaño inglés en Quito

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Vladimir Serrano/ Politólogo

El inglés Francisco Hall, coronel del Ejército de Bolívar y que participó en la Batalla del Pichincha, nació en Inglaterra probablemente en 1791. Participó en la resistencia española en contra de los franceses. Herido en la contienda, se retiró a su país, y en1818 reinició sus aventuras liberales.

Recibió cartas de recomendación para Simón Bolívar de Jeremías Benthan, filósofo inglés mentor del utilitarismo, que era partidario de las repúblicas, de las libertades y el derecho.

Para mayo y junio de 1821 llegó a las costas de Manabí con las tropas auxiliares colombianas venidas de Buenaventura y que establecieron cuartel en el Morro. Combatió en la batalla de Chone, la que resultó favorable a los patriotas.

A inicios de 1822, manteniéndose bajo el mando de Sucre, viajó por barco hasta Machala, a fin de comenzar la campaña de la Sierra. Al mes siguiente estaban en Cuenca, pasando a Riobamba ciudad que fue ocupada. El 22 de mayo acamparon en Chillogallo. A los dos días intentarían atravesar el Pichincha, y entonces se produjo la célebre batalla que permitiría la independencia del Ecuador.

Por sus ideas liberales terminó oponiéndose a la dictadura de Bolívar y al gobierno de Flores. En lo personal era generoso, austero y muy aficionado al estudio. Además impartió clases en la Universidad Central de Quito, y de nuevo su ímpetu aventurero le llevó a Venezuela, donde laboraba en la redacción del periódico El Venezolano, lo cual de nuevo molestó a otro general, Antonio Páez, que lo expulsó con imprenta y todo.

En Quito hizo amistad con el botánico escocés William Jameson y también frecuentaba al francés Juan Bautista Boussingault, a quien acompañó en sus ascensiones al Pichincha y al Chimborazo, salvándole en cierta ocasión en que Boussingault perdió el equilibrio y cayó a un despeñadero. Vivió en el barrio de San Roque, modestamente y adquirió fama de filósofo entregado a causas nobles.

Por estas razones los estudiantes confiaban en él, y le buscaban para que les aconsejara. Con ellos paseaba a diario intercambiando útiles ideas y así nació la Sociedad del Quiteño Libre, pues como diría después Pedro Moncayo en su obra ‘El Ecuador de 1825 a 75’.

Sus hombres, sus instituciones y sus leyes, “todas las personas honradas y pensadores comprendían la necesidad de combatir los errores y abusos del Gobierno y al efecto se reunían los ciudadanos en sociedades secretas para encontrar los medios más conducentes al establecimiento de un régimen justo, legal y honrado”. Todo esto le llevaría a fundar el partido Nacional de radical oposición al gobierno floreano.

Francisco Hall falleció asesinado en el intento de toma del Palacio de Gobierno que hiciera el Quiteño Libre, en 1833. Su cadáver apareció desnudo y colgado de un poste al día siguiente; su antigua dueña de casa, con profundo sentido cristiano le dio sepultura, pues al estar completamente solo, quien, si no ella, se podía hacer cargo de él en esos últimos momentos.

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