Escuelas diversas tatúan al quiteño

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Andrés García. Redactor

Una vez que se limpia el área de la piel donde irá el diseño, se coloca el esténcil y se enciende el motor de la máquina -cuyo sonido produce una sensación de cosquilleo-, no hay vuelta atrás. El dolor de las agujas, que se siente con mayor intensidad en áreas como las costillas, cuello o estómago, es señal de que la tinta está penetrando la epidermis y, a partir de ese instante, formará parte del organismo para siempre.

Este ritual, considerado también como una expresión artística cuyo principal lienzo es la piel, ha trascendido la barrera del tiempo y ha evolucionado hasta incorporarse, en mayor o menor medida, en el imaginario de la sociedad.

Remontándonos a la época de los Maoríes, en la Polinesia; pasando por los maestros del Irezumi o tatuaje tradicional japonés; y navegando con los marineros y expedicionarios que introdujeron esta práctica en Occidente, el tatuaje se ha adaptado a una amplia gama de escuelas y diseños que lo identificaron, gracias a sus características propias.

En Quito, como en buena parte de ciudades de América y Europa, es posible observar trabajos que se enmarcan en diferentes estilos: tradicional, 'old school', chicano, realismo, grises, retratos, religiosos… además de las tendencias contemporáneas, caracterizadas por incluir elementos coloridos, caricaturescos, lineales e incluso abyectos que rozan con lo bizarro y fuera de lo común.

Jorge Muñoz, tatuador con seis años de experiencia, más conocido como 'Pirata', se especializa en las formas plagadas de color, de texturas, que como él mismo dice, "te transmiten algo".

Mientras revisa sus citas agendadas, confiesa que en la ciudad aún predominan los modelos considerados 'de moda', como el símbolo del infinito, estrellas de cinco puntas, letras chinas, árabes o mariposas.

En menor cantidad -reconoce- hay quienes optan por un trabajo diseñado en base a ideas propias. Y en el último eslabón están los que se aventuran por las nuevas formas.

Una de ellas es Adriana Balarezo, portadora de un llamativo diseño de una bailarina con cuerpo de pulpo, en el que combinó su pasión por la danza y la atracción que en ella produce la vida en el mar.

Alejandro Hurtado, en cambio, optó por el realismo gris para plasmar los rostros de cuatro animales: águila, león, búho y tigre. El autor de esta obra que ocupa el 50% de la cara interna del antebrazo, es Eddie Pérez, propietario del local Punto 88, localizado en Los Chillos. Él se especializa en el 'chicano style', grises y letras. Mientras concluye con el sombreado del ave, que simboliza fortaleza, cuenta que siempre se da opciones a los clientes para que representen temas relacionados con lo que viven y se les asesora sobre qué podría quedar bien y qué no.

Esta interacción -clientes, tatuadores, diseños- se popularizó y extendió en el mundo gracias a la pantalla chica. En programas como Ink Master, New York Ink, Worst Tattoos, son los resultados finales, después del dolor y sufrimiento, los protagonistas del show.

Tanto Muñoz como Vera coinciden en que estos 'realities' expanden las posibilidades de modelos y reivindican la condición de quienes llevan tatuajes, injustamente relacionados con el crimen, bajo mundo o pandillas. Así, entre agujas, sangre y pigmentos, el tatuaje se impregna en el mundo contemporáneo, como una forma artística de diferenciación.

Más tendencias

Alrededor del mundo se consolidan estilos que rompen con los modelos tradicionales.

Amanda Wachob, por ejemplo, elabora obras con colores que dan la sensación de que en verdad se trata de un 'brochazo' real sobre la piel. Otros, como Chaim Machlev, de Alemania, llevan a niveles superiores con los tatuajes geométricos, hechos en tinta negra, que se combinan con sombras producidas por efectos ópticos.

Alice Carrier, en cambio, lleva la onda vintage a la ambientación producida en sus obras.

Sus trabajos tienen un aire de eterno 'otoño', como si el tatuaje también retrocediese en el tiempo. Lo macabro, afísico y surreal, además de la combinacion de elementos como lineas y objetos de la cultura pop, son otras alternativas válidas.

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