3 de December de 2010 00:00

Enrique Ponce 2 orejas; Campuzano, una

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Gonzalo Ruiz Álvarez EL COMERCIO



Enrique Ponce refrendó ayer su gran triunfo del martes pasado en el cuarto festejo del abono quiteño al cortar dos orejas y volver a sentar cátedra de conocimiento y talento, para regalar una magistral faena rematada con gran estocada.

Con los tendidos rozando el lleno se corrieron reses de Triana, Vistahermosa y Mirafuente, de regular condición, en un festival taurino benéfico en pro de niños de las comunidades de Cotopaxi y Tungurahua.

La anécdota de la tarde la dio el primero novillo, un jabonero de Vistahermosa que apenas saltó a la arena empujó la puerta y se dirigió al patio de cuadrillas, donde el picador Manolo Quinta de la cuadrilla de Ponce le dio un puyazo que lo detuvo. El toro salió de nuevo al redondel.

Luego de los lances a la verónica el propio Quinta colocó otra vara. El trasteo de muleta fue inteligente. La res embestía con la cara alta y con cierta brusquedad dominada por el temple del torero valenciano. Importante la actitud de Ponce al obligar al toro a una serie con la mano izquierda y, en una faena florida, dar armónicos derechazos -varias series destacadas, entre ellas las de los muletazos a media altura- las soberbias trincherillas y los remates con forzados de pecho fueron con torería. Con estocada entera y caída, las dos orejas no se dejaron esperar. Otra vez el público de Iñaquito se rendía ante Enrique Ponce.

Víctor Puerto entró en el cartel en sustitución de El Fandi, herido en Lima y cuya reaparición se espera para esta noche. Saludó Puerto al de Triana con una magnífica serie de lances a la verónica rematada con la media, que precedió a un quite por chicuelinas aplaudido. Dejó un buen par Francisco Mateus. Puso el torero de Ciudad Real entrega para tratar de sacar partido a un rajado toro, que se fue a la querencia natural (cerca de la puerta de chiqueros). El torero Manchego arrancó algunos muletazos de mérito, jaleados circulares y martinetes de conexión. Se alargó tanto en su labor que se pasó de faena y el primer aviso lo sorprendió en plena faena. Fue ovacionado tras dejar media estocada y descabellar.

El francés Sebastián Castella dio entonados lances a la verónica y regaló un preciosista quite por chicuelinas. Hizo Castella una faena de vibración dado el intermitente comportamiento de su enemigo de Vistahermosa, que le apretó y le dio algún susto. Consiguió el torero nacido en Herault algunos muletazos de buen corte. Mató de 2 pinchazos y un golpe de verduguillo.

Cayetano no tuvo suerte y su enemigo, de Triana, no se prestó para lucimiento alguno como no sea en un pase natural de empaque en la única serie que permitió el novillo antes de el trasteo de aliño. Mató el madrileño de media estocada tendida.

El matador de toros ecuatoriano Martín Campuzano salió muy decidido y se fue de rodillas ante el quinto de la tarde de Mirafuente. Lo recibió con una larga cambiada y excelentes verónicas. Muy lucido fue el quite por gaoneras y la revolera de remate. Con la muleta Campuzano se fue dispuesto y logró buenos pases iniciales hasta que fue volteado con fuerza. Superó la molestia del hombro con coraje y afición y construyó un muy lucido trámite derechista de temple y buen concepto. Calentó a la parroquia con manoletinas antes de dejar tres cuartos de espada y entrar a descabellar. Con una oreja en sus manos dio la vuelta al anillo.

Álvaro Samper, ecuatoriano, salió espoleado porque dos de sus compañeros de cartel habían alcanzado premio. Se fue a porta gayola, se puso de rodillas, pero el sexto, del hierro de Triana no lo tomó en cuenta al salir de chiqueros. Luego arriesgó el torero nacional en tres largas cambiadas entre el clamor general. Los buenos lances a la verónica y el estupendo quite por chicuelinas dejaron prendidos a los espectadores. Gabriel Caza pareó con acierto. El buen inicio por alto y el cambio de terrenos con un muletazo de tirón de tercio a tercio fue el preámbulo de una faena de vibración preñada de circulares con la mano derecha en los que el toque en medio viaje daban esa continuidad requerida que permitía la ligazón. En una de esa series y en medio del arrebato en los graderíos Samper recibió una voltereta. No se arredró el nacional y, tras un muletazo de las flores y un molinete, se adornó por lasernistas y un cambio de mano. Acabó con la res de pinchazo y estocada baja, por lo que el posible premio de oreja quedó reducido a vuelta al ruedo entre ovaciones.

Al terminar el festejo Ponce abandonó la plaza por sus pies. Jóvenes aficionados saltaron al callejón en búsqueda de autógrafos y fotos de sus toreros ídolos. Se sintió salir de la plaza; volvió ayer la pasión por la fiesta brava .

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