1 de September de 2012 00:02

El drama del floricultor: falta uncentro para consolidar la carga

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Al pie del monte Cuturco, sombreado por un bosque de eucaliptos, se levanta la floricultora Pacific Bouquets, en Pifo, parroquia localizada a 35 km al oriente de Quito. Ofrece dos especies de flores para EE.UU., Europa y Ecuador: hypericum (un abanico de colores) y gerberas (minirrosas, similares a crisálidas prestas a volar). Abrió hace siete años bajo la dirección del ingeniero Pablo Viteri, vinculado al sector floricultor desde hace 20 años -16 trabajó en la gerencia de Hilsea, una de las floricultoras más grandes del país.

A Viteri le apasiona su trabajo. Mira al Cuturco y dice que es visitado por la gente de Yaruquí, Pifo, Puembo y Checa; al otro lado se hallan las termas de Papallacta.

En estos días, los floricultores están preocupados. Creen que Tababela no contará con un centro único de consolidación amplio, con cuartos refrigerados para no romper la cadena de frío, esencial: mantiene a las flores frescas y en buen estado.

El pasado miércoles, Philippe Baril, director general de Corporación Quiport, anunció, en un comunicado público, que el edificio terminal de carga de Tababela ha sido concluido en una superficie de 12 000 m². “Y una capacidad para manejar el doble del volumen de carga del actual aeropuerto, lo que garantiza una operación 100% eficiente”. Baril continúa: “La terminal de carga alberga a cuatro prestigiosas empresas de servicios que procesan el 100% de la carga: Aronem, Novacargo, Pertraly y Servipalet”.


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Sin embargo, Gino Descalzi, presidente de Expoflores, que agrupa a 200 floricultoras del país, aclara que el centro al que se refiere Philippe Baril está dedicado solo a la ‘paletización’ (una acción por la cual empresas especializadas ordenan las cajas de flores en vastas plataformas móviles, como si fuesen montículos, y pasan a los aviones”.

“Lo que aspiramos es contar con un centro consolidado único de perecibles -no solo para flores, también para frutas-, de características industriales, ya que así se apoyaría a las exportaciones de pequeñas, medianas y grandes empresas”.

Descalzi señala que el sector floricultor ofrece 50 000 empleos directos, en las fincas, y 50 000 trabajos de empresas proveedoras.

Según Descalzi, la ‘paletización’ es una fase importante del transporte, mas el espacio de carga es fundamental. ¿Se puede ampliar el sitio de los 12 000 m² que anuncia Philippe Baril?

“No, responde Descalzi. Lamento decir que han construido en un punto muerto, en el que no hay posibilidad de expandirse”.

A los floricultores, la vialidad no les quita tanto el sueño tanto como la falta de un centro de carga.

“Es algo dramático; hace cinco años advertimos a los ejecutivos de Quiport, incluso fuimos a conocer, con ellos, los centros de carga en los aeropuertos de Lima y Bogotá, estupendos, también tienen en Kenia y Etiopía”.

Pablo Viteri afirma que el espacio concentraría a las 31 empresas de carga, hoy diseminadas por Quito, en las inmediaciones del aeropuerto Mariscal Sucre.

Viteri nombra al vehículo refrigerado de su floricultora el ‘camión lechero’, ya que debe hacer una cansina travesía, de una compañía carguera a otra, entregando los paquetes de flores, sobre todo en temporada alta (San Valentín y Día de la Madre). “Con el centro de carga en Tababela todos ganaríamos, Quito se aliviaría del tráfico –los trancones en la av. Amazonas y en otras vías del viejo aeropuerto- y los camiones de flores dejarían de ser lecheros”.

Si operasen tres cargueras en las cercanías de Tababela, las flores se afectarían por el traslado de un camión a otro y la cadena de frío puede alterarse.

Descalzi confirma que el pasado miércoles hubo una reunión con el alcalde Augusto Barrera. Le explicaron la necesidad urgente de construir el espacio único para la carga. “Le advertimos la importancia de que el Estado asuma la obra, ya que se beneficiará un sector clave para la economía”.

Subraya que el Alcalde aceptó las razones expuestas . No ofreció nada. Sí continuar los diálogos en busca de soluciones.

En Pacific Bouquet -una finca pequeña, de 5 ha, que emplea a 37 personas del lugar-, el sol vespertino alumbra el Cuturco.

Pablo Viteri invita a pasar a un amplio galpón en el que se ven 60 000 tallos bien dispuestos en bandejas de plástico. Se asemeja a un bosquecillo encantado.

Bertha Minga, con extremo cuidado, corta los tallos en una guillotina adosada a una mesa, en la fase de poscosecha.

Los deja en 60 y 70 cm. Ella vive en la comuna San Carlos, en Yaruquí, y confiesa que su vida ha mejorado por el sueldo fijo que recibe, la afiliación al IESS, y el buen ambiente del trabajo.

“Aquí llevo siete años. Puedo educar a mis hijos”. Viteri muestra el cuarto frío, de 2 y 4 grados celcius. Sus pequeñas rosas amarillas, rojas y blancas, son acogidas en Miami, Los Ángeles, Chicago, San Francisco y Atlanta; en Europa. Por un ramo de 20 tallos, el cliente paga USD 10 y en el florero las rosas destellarán 15 días.


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Cayambe, tierra de flores

Pablo Monar, gerente de Floreloy, una de las floricultoras más conocidas de Cayambe -nació hace 15 años- despacha en una oficina en la que resalta un ramo de rosas amarillas con vetas rojas de la cotizada variedad High magic.

Afuera, los grandes árboles de eucalipto y de ciprés forman una cortina para sortear al ímpetu del viento veraniego.

Floreloy da trabajo a 160 personas de comunas cercanas a la mítica hacienda Guachalá, en pie desde el siglo XVI. “En Cayambe -confiesa Monar- se localizan alrededor de 100 plantaciones”.

Por aquí pasa la línea equinoccial y este rasgo da una luz solar vertical, única, y un clima templadito. “Producimos las mejores rosas del mundo”. Es la frase contundente de Monar. Por algo Floreloy -dedicada solo a las rosas- exporta a 27 países, el mayor porcentaje (80%) a EE.UU., Alemania, Francia, Suiza, Holanda, España e Italia.

Es una finca mediana (13 ha) en la que se siente un ambiente de camaradería. Al recorrer por los senderos de los ordenados jardines, los obreros están a gusto.

Eso dice María Falcón, de 30 años, dedicada al boncheo o empaque. Ella trabaja seis años allí y reconoce que les ofrecen desayuno, almuerzo y sueldo fijo.

Aquí trabaja gente de Cuniburo, Cangahua, La Josefina...

Marcelo Cárdenas, el supervisor, defiende, por sobre todo, la calidad de las rosas. Producen 100 cajas diarias -una caja, 250 tallos. En la zona fría, Patricio Guanasiví no se inmuta por los 2 grados celcius. Es el mismo frío de mi páramo -dice- y tararea un pasillo. Luego un reggaetón.

La vialidad va lenta

A 2 km y medio de Pacific Bouquet se construye el intercambiador de  Alpachaca. Convergerán los pasajeros del sur del país y los del norte, más la carga.

Desde la Y de Pifo, en el suroriente, hasta Alpachaca se configura una moderna autopista de seis carriles. Son 6 km.

Pero desde El Colibrí, Los Chillos, hasta La Y de Pifo, la ruta E 3, el avance no es tan significativo.

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