2 de February de 2012 00:03

Compañerismo, sello del Benalcázar

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Dos experiencias han marcado la vida estudiantil de Humberto Mata. Él cursa el sexto año y cree que estudiar en grupo con los compañeros es una vivencia inolvidable.

En su rostro se dibuja una sonrisa cuando cuenta que esa ayuda mutua es valiosa para aprender y para conocer a los otros más allá del ámbito de las aulas. Se proyecta a estudiar Medicina en la Universidad Central y confía mucho en la rigurosidad académica que ha tenido que afrontar. “Buenos profesores y compañeros inolvidables, solo los conseguí aquí, en el Colegio Benalcázar”.

A más de eso, a Brenda Garzón (segundo curso) le gusta la infraestructura y los espacios donde puede relacionarse con más libertad con sus compañeros.

Habla del coliseo y de la piscina. En esta última hay sauna, turco y hasta paneles solares para ahorrar energía. “Es un lujo contar con esas instalaciones”. Camina con sus compañeras por los amplios corredores bien cuidados y no deja de jugar a esquivar las líneas trazadas en el piso.

El Colegio Benalcázar, fundado en septiembre de 1951, es parte de la vida cotidiana de los vecinos de la av. 6 de Diciembre y Portugal. El trajín, en las mañanas y en las tardes, por el ingreso y la salida de los alumnos, impone el ritmo en el sector. La tienda de Eugenia Salinas funciona frente al establecimiento, desde hace 52 años. Para ella, los peores días son los sábados y los domingos.

No se refiere, específicamente, a la caída de las ventas. Su incomodidad es porque en esos días desaparece la alegría y extraña ese bullicio de los estudiantes. “Ellos son los que dan vida a este sector. Yo me contagio de esa alegría y siento que tengo más fuerzas para vivir”.

Gustavo Chicaiza está seguro de que no cambiaría por nada su sitio de trabajo. Desde hace 20 años tiene un quiosco en la calle Portugal. Allí saca copias y cuando no tiene clientes aprovecha de una vista privilegiada a la cancha de fútbol del colegio. Reconoce que es incomparable la emoción que siente cuando los estudiantes juegan, la energía que derrochan, las ganas que le ponen y hasta cómo se pelean en medio de la pasión por el triunfo.

El Colegio Benalcázar es un emblema académico de la ciudad. Hace pocas semanas fue reconocido entre los 100 mejores establecimientos por la aplicación del Bachillerato Internacional. Su rector, Oswaldo Cavides, resalta la rigurosidad académica y la permanente actualización de contenidos académicos.

Hay un bien equipado centro informático y aulas semivirtuales. Desde allí, los alumnos navegan por Internet y se contactan con el mundo. También conocen otras culturas, a través de videos y conferencias.

Desde el 2000, el colegio es mixto. Para el Rector, ese cambio generó un giro significativo en los estudiantes y en los maestros. Los profesores flexibilizaron un poco el trato, se hicieron más amigables y familiares. Las mujeres se han abierto espacios importantes en la institución. Ocupan los mejores puestos en el cuadro de egresadas y abanderadas y en el Consejo Estudiantil.

Paola Nasimba estudia en cuarto curso. Ella es una de las practicantes de los valores que se difunde con insistencia en la institución: responsabilidad, honradez, puntualidad, dedicación al estudio, respeto mutuo.

“Nos molestamos y bromeamos, pero nunca nos agredimos. Nos gusta el baile, pero somos muy responsables”.

Del Benalcázar han salido personalidades importantes, autoridades de la ciudad, analistas, buenos deportistas... Ellos tienen la huella del buen compañerismo.

Los recuerdos de tres graduados en el Benalcázar

Augusto Barrera/   Alcalde de Quito

‘Establecí relaciones incomparables’

Estudiar en el Colegio Benalcázar fue una de las más valiosas y hermosas experiencias de mi vida. Soy un Benalcázar. Me gradué en  1979. El colegio tenía una tradición de exigencia académica, por eso, creo que ha sido, históricamente, una institución muy respetada. Además, siempre sentí la libertad de pensar y construir un criterio crítico. Tenía excelentes profesores y, lo que es la vida, ahora me ha tocado jubilar a algunos de ellos.

Las amistades del colegio son relaciones que uno  mantiene durante toda la vida. Tengo amigos del Benalcázar que tienen altos cargos públicos, militares y con todos mantenemos una estrecha amistad. En el colegio pude combinar cierta rebeldía y la excelencia académica.  


Abelardo Pachano/   Presidente Produbanco

‘Ser Benalcázar es ser ciudadano’

Ser Benalcázar es ser ciudadano, tener conciencia de sus obligaciones para con la sociedad y la firme convicción para defender los derechos que adornan a un ser humano, en especial la libertad. El colegio nos dejó una huella muy profunda de defensa de la libertad, de cumplir con las responsabilidades sociales, de ser hombres que más allá de sus intereses personales tengan un sentido de responsabilidad.

Lo que más me llevo del colegio es sus principios, la defensa de los valores, la formación cívica de los estudiantes y el lema que hasta ahora perdura: ‘En el Benalcázar solo se dice y se defiende la verdad’.  Lo cierto es que cuando uno valora este principio se da cuenta de la profundidad del mismo y la enorme virtualidad que tiene.


Rodrigo Moreno/   Arquitecto

‘Obtuve una nueva visión de la vida’


El Colegio Benalcázar, desde que se fundó, dio una nueva visión de educación a la ciudad. Teníamos muy buenos profesores y un buen edificio. Nos dieron una oportunidad única, el recibir una educación de ética. Durante todo ese tiempo trabajamos para encontrar la vida como una respuesta a la actividad humana.


Los estudiantes dedicábamos mucho tiempo para que esos esfuerzos sean positivos, no había espacio para otra actividad que no sea el estudiar. Formaron un grupo de seres humanos, altamente éticos, morales. Hoy, los ex Benalcázar cumplen altas funciones, que demuestran que la formación que dio el colegio les permitió tener una nueva visión. De los 46 de la primera promoción, todos hemos tenido éxito.

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