12 de March de 2010 00:00

En el centro persiste la vulnerabilidad

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Redacción Quito

Las paredes de la casa E4-03 están cuarteadas. La pintura blanca está desgastada y deja ver el adobe de la vivienda ubicada en la calle Don Bosco y Vicente León, en La Tola, en el centro.

Margot Cando vive en esta casa desde 1975 y ocupa uno de los cuartos del segundo piso. La manabita dice que la vivienda es antigua y está en peligro de caer. “Con un temblor todo se puede venir abajo”.

El desgaste en la vivienda de tipo colonial se revela en las fisuras de las paredes de adobe. Los maderos que sostienen las tejas de la vivienda están a la vista. Las puertas de madera están carcomidas por las polillas.

Cando vive con dos hermanos, pues la casa fue una herencia de sus padres. Pero no puede realizar modificaciones para mejorar la seguridad de la estructura porque la vivienda forma parte del inventario del patrimonio cultural. Afirma que cuando llueve parece que el techo se le viene encima. “Si hay una desgracia mayor, el tumbado de la casa se derrumbará”.

La misma preocupación comparte Mireya Cuenca. Ella habita una casa construida con adobe, en las calles Carchi y García Moreno, frente a la Basílica. Las paredes de la casa Oe-4-67 son amplias y las gradas son de piedra. Tiene un patio central y desde allí se pueden observar los cuatro pisos del edificio.

Cuenca arrienda un pequeño cuarto en la planta baja. El piso de la casa es de tablón y cruje con cada paso. La madre de dos niños señala que la edificación no tiene la estructura necesaria para soportar un temblor.

Inés de Gallardo, propietaria del inmueble, dice que compró este inmueble hace 35 años pero que no conoce la edad de su vivienda. “Todas las casas del centro son antiguas y son hechas de materiales no resistentes”. Por ello, Gallardo ha tomado previsiones y ha refaccionado algunos cuartos para evitar el desgaste.

Olga Murillo Navarrete también ha realizado adecuaciones provisionales en su vivienda, en la calle Chile y Vicente León, en La Tola. La casa heredada de sus padres es de estilo colonial, las paredes son de adobe y ladrillo, los graderíos de madera y el patio central de piedra. Los ventanales son amplios y existen varios cuartos a través del pasillo. Las puertas son de madera. El adobe le da un ambiente frío a la casa.

Murillo ha vivido sus 59 años en este lugar. Ella recuerda que los tumbados eran de carrizo, pero los cambiaron por mallas para evitar su desplome. La madre de familia vive en el segundo piso junto a sus dos hijos.

Desde la terraza de su casa se puede observar las tejas de su vivienda y de las casas contiguas. Recuerda que el temblor de 1987 afectó las paredes y el techo. Desde esa fecha se han realizado varios cambios. “Puse malla en el techo para evitar que las tejas caigan. Creo que esta casa ya puede soportar otro temblor”.

Pero el arquitecto Carlos Pallares, ex director del Fondo de Salvamento del Patrimonio (Fonsal), explica que el adobe, la madera y el carrizo son materiales vulnerables ante un sismo.

El historiador Alfonso Ortiz refiere que en la época de la colonia no existían métodos de construcción sismorresistentes. Todas las construcciones -acota- se realizaban en base a la experiencia. “Si un muro no se desplomaba luego de levantarla, era emulada. No había ingeniería”.

Añade que si bien el Fonsal ha intervenido en templos no se puede hacer lo mismo en todas las casas del centro, porque son bienes privados.

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