Las carreras largas ya no atraen a los taxistas

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Mayra Pacheco. Redactora

Los usuarios y conductores de taxis, en Quito, deben tener algo en común antes de acordar ciertas carreras: el destino. Si el pasajero tiene una ruta distinta a la que el chofer está acostumbrado, este se verá obligado a descender del vehículo y buscar otra opción. Sin una norma legal, este servicio se encuentra sectorizado en la ciudad.

A Mariana de Jesús Flores, quien estuvo el viernes en la Plaza Grande esperando un taxi durante media hora, en reiteradas ocasiones, los taxistas le dijeron que no realizan carreras a La Tola, en el centro. "En una ocasión estaba por la Naciones Unidas y me rehusé a bajarme del carro, el chofer me dijo que mientras no lo hiciera él no se movería", señaló.

En el sur, la realidad se repite. Los pasajeros que quieren ir hacia el centro o norte casi siempre reciben una negativa.

Sandra Flores, quien trabaja en El Batán, discutió por este motivo con tres conductores el pasado viernes. Una vez que estaba sentada en el vehículo y pedía que la llevaran desde Solanda hacia el sector, en el otro extremo de la ciudad, le indicaban que solo estaban prestando el servicio cerca de esta zona.

Ante esto, para evitar el trajín de embarcarse y desembarcarse del taxi, en menos de un minuto, Flores optó por preguntar antes a los choferes si iban o no hacia el norte.

Según la Encuesta de Movilidad del Distrito Metropolitano de Quito, en un día laborable se producen 4 271 565 viajes (desplazamiento total entre un origen y destino), de estos el 73,9% (3 160 876 carreras) se generan o tienen como destino el denominado hipercentro (desde la Villa Flora hasta La Y). Allí se concentra la mayor parte de entidades públicas, empresas privadas, agencias bancarias y planteles educativos.

Juan Ocampo, conductor de un taxi, aseguró que algunos compañeros ponen reparos para brindar el servicio por el tiempo que les toma desplazarse, sobre todo en horas pico, de un extremo de la ciudad a otro. Las carreras ya no les resultan rentables. "La congestión en la avenida Napo, la 5 de Junio, los túneles es complicada".

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En Quito los trancones vehiculares se producen en tres horarios. De 06:00 a 08:00, de 12:00 a 14:00 y de 18:00 a 19:00. En los dos primeros se realizan casi medio millón de viajes. En la noche son 300 000.

Por ejemplo, en horas pico, se estima que por realizar una carrera en taxi desde El Labrador hasta El Recreo, el conductor se demora una hora con 15 minutos y recibe como pago entre USD 6 y 6,50. En el mismo período, ellos podrían hacer hasta 12 carreras cortas: cada una cuesta USD 1.

En el imaginario de los taxistas predomina la premisa de que el vehículo detenido no produce ganancias. El tarifario establecido por la Agencia Nacional de Tránsito (ANT), en el 2003, señala que el minuto de espera equivale a USD 0,06. En cambio cada kilómetro recorrido cuesta USD 0,26.

Aparte de la rentabilidad económica, otro de los argumentos que ponen los representantes del gremio amarillo para no desplazarse a ciertos sectores de la urbe es la responsabilidad.

Rafael Endara, presidente de la Unión de Cooperativas de Transporte en Taxis de Pichincha, expresó que en ocasiones los conductores tienen que cumplir con alguna gestión y usan el taxi para movilizarse.

Entre las actividades que realizan están: retirar a los hijos de los planteles educativos, ir al almuerzo, tener una cita con el médico, asistir a una reunión o entregar la unidad para el cambio de turno. "Somos abuelos, padres. También tenemos calamidades domésticas".

Endara, por ejemplo, al mediodía tiene como prioridad dirigirse a El Edén, en el norte, para almorzar en su casa. Necesita una dieta especial, porque tiene diabetes. Por ello, si algún pasajero le hace señas para solicitar el servicio, él no se detiene. A veces recibe insultos como : "Trabaja vago" o "tienes demasiado dinero".

José Chauca, conductor de un taxi de la Cooperativa Río Coca, establece también una ruta cuando se acerca la hora de la comida o termina su jornada de trabajo. En ese período él busca carreras que tengan como destino el sur para llegar pronto a su domicilio.

Esa realidad hace que la oferta del servicio disminuya. Por ejemplo, el viernes a las 12:00, en la avenida 6 de Diciembre y Portugal, dos pasajeros esperaban una unidad. Durante cinco minutos pasaron 14, pero ninguna se detuvo. En un día promedio en la urbe se hacen 141 271 viajes en este medio de transporte (ver infografía).

Para Fernando Carrión especialista en temas urbanos, esta condicionalidad del servicio se produce también por la falta de vías para atravesar la ciudad de sur a norte: las avenidas Mariscal Sucre y Simón Bolívar no son suficientes. Lo mismo ocurre en las vías que funcionan en sentido oriente-occidente. En estas el tránsito se vuelve lento en las horas pico.

Esta realidad hace que los taxistas apliquen la libre oferta del servicio generando malestar entre los usuarios. Ellos son quienes ponen las reglas. En La Ley de Tránsito no hay sanciones para los taxistas que se nieguen a llevar a los pasajeros.

En contexto  

Desde mayo del 2010 en la urbe se aplica una medida de restricción vehicular. Sin embargo, algunos conductores de taxis se rehúsan a trasladarse desde el sur al norte, o viceversa, para evitar los trancones en las principales vías. Eso genera malestar en los usuarios.

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