24 de March de 2012 00:04

El Carmen Bajo muestra sus reliquias

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Recuerda que el corazón le dio un vuelco cuando las puertas del claustro se cerraron a sus espaldas. Desde entonces, han pasado 35 años que la hermana Raquel se ha dedicado al recogimiento y a la oración en el convento del Belén, de El Carmen Bajo. El conjunto patrimonial conformado por bloques de habitaciones alrededor de dos patios, una huerta, el noviciado y la iglesia, ocupa toda una manzana entre las calles Olmedo, Venezuela, Manabí y Guayaquil, en el Centro Histórico.

En los patios, corredores y habitaciones del lado sur, en los que hasta hace 3 años transcurría la vida monástica de 15 monjas carmelitas, se acondicionó una muestra que representa la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. “El propósito es que las personas reflexionen y renueven su fe, en este período de cuaresma”.

Actualmente, la vida de clausura se vive en el convento alrededor del patio norte, donde crecen unos naranjos. La vocación de la hermana Raquel nació de la devoción de su abuela Tránsito, a quien recuerda de rodillas y con la mirada fija en la imagen de Jesús, en la iglesia de San Francisco. “Cuando tenía 10 años, me llevaba al mercado y siempre entraba a rezar a la iglesia”.

El bullicio de una incesante y acelerada ciudad apenas se escucha tras los muros de adobe y piedra de más de un 1 m de ancho.

Una vieja escalera de madera que se continúa con un graderío de piedra conduce al coro alto. Ahí, un mural representa los inicios de la Orden Carmelita, hacia el siglo XII. Desde ahí, Olivia Paredes, estudiante de la Universidad Tecnológica América, guía a los visitantes por las habitaciones donde se puede observar la agonía de Jesús en la Cruz, la Virgen del Carmen, de Santa Teresa de Jesús y otros beatos católicos.

Detrás de un enrejado se aprecia la iglesia, con retablos atribuidos a Legarda. El arquitecto Pablo Viteri, del Instituto Metropolitano de Patrimonio, explica que la sencillez de la capilla construida con una sola nave es una muestra de los votos de pobreza y austeridad que caracterizan a la Orden.

Es la segunda vez que, en 307 años, el convento abre sus puertas para compartir con el público una colección de óleos, murales, esculturas y artesanías, que evidencian la calidad artística de la Escuela Quiteña, de los siglos XVII y XVIII.

La historia y las leyendas también son parte del patrimonio intangible de este convento. La hermana Raquel cuenta que al poco tiempo de inaugurado el claustro (inicios del siglo XVIII), un toro se había escapado de un camal cercano. El animal enfurecido irrumpió en una capilla, hacia la calle Manabí, y se amansó ante la imagen de Jesús. Viteri asegura que los restos del Mariscal Antonio José de Sucre también habían encontrado descanso en el presbiterio, frente al altar mayor.

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En el inicio, cada congregación se formaba con 12 hermanas, en representación de los apóstoles. Actualmente, se admiten hasta 21. A sus 15 años, Raquel ya presentía una inclinación por la vida religiosa. Josefina Porras, directora del Colegio del Perpetuo Socorro, donde estudió corte y confección hasta tercer curso, intercedió por ella en el convento de El Carmen Bajo. La primera vez que pidió el ingreso no fue aceptada porque aún no cumplía 18 años.

Empezó a trabajar en un almacén y la idea se fue diluyendo. “A los 17 años, le pedí una prueba al Señor. Si tú quieres que me haga religiosa, haz que me manden del trabajo”. Fue una decisión difícil, pues la vida de retiro requiere esfuerzo y sacrificio.

En una habitación del segundo piso se recrea una de las celdas monásticas carmelitas. En un cuarto con pisos de madera y paredes blancas se distribuyen las áreas de descanso, estudio y labores. Los bordados en hilos de oro y plata, muchos de los cuales cubren las esculturas religiosas, es una de las especialidades de las novicias. Colgados en la pared, se observa un par de instrumentos de flagelación que son utilizados como acto de penitencia.

Cuando la hermana Raquel vistió por primera vez el hábito lloró por dejar a sus parientes, pero se dio cuenta de que era parte de una nueva familia. Entonces se arrodilló en la puerta, besó a Cristo y se despidió de todos.

Sobre la  exposición

Las imágenes  de la Pasión de Cristo se exhibirán al público quiteño, ecuatoriano y extranjero hasta el 31 de marzo. En abril se expondrá el belén gigante.

La muestra  estará abierta de  08:30 a 11:30 y de 14:30 a 16:30. El costo de la entrada es de USD 2. Óleos, esculturas, reliquias y artesanías se exponen en siete salas de este convento de claustro.

En el interior  del convento hay un almacén donde se venden golosinas, recuerdos y remedios naturales.

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