16 de August de 2010 00:00

El ‘Camino de los incas’ en 2010

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Hugo Burgos

Recientes estudios antropológicos han logrado identificar lo que fue el ‘Camino de los incas’ desde Quito en la dirección a Collasuyu, es decir, hacia el Cuzco. En esta columna se demostró la existencia de ‘Cuatro caminos’, que entraban a Quito como parte del modelo inca del Tahuantinsuyu.

Quito preinca fue el asiento septentrional más ambicionado, porque en la visión político-religiosa de los conquistadores, en la protourbe se iba a “edificar el nuevo imperio de los incas”.

Esos cuatro caminos, eran sin embargo un diseño pre-inca de los pueblos antiguos, puesto que el asiento Quitu-Cara había sido un centro de intercambio regional de productos exóticos, venidos de los pueblos de habla chibcha, en el norte, o del sur; mucho más de sus trópicos costanero y amazónico.

La grandeza de Quito luce milenaria como centro de la actividad multicultural desde la prehistoria más remota. Los cuatro caminos fueron reacondicionados o reconstruidos por los cuzqueños, y así el nuestro. Solo había nociones de que el camino a Collasuyo salía por la calle del Mesón (Maldonado).

Quien esto escribe, junto con Antonio Morales Molina, logramos verificar sobre el terreno que el camino al Cuzco iba por todo lo alto, la cima de las montañas, evitando 1) no pasar por los valles (tal vez por que existía malaria), y 2) no perturbar la vida de los pueblos, pasando por un lado de ellos.

Alcanzamos enterarnos de la existencia del Tambo de Pilcocancha (Puengasí), sobre Chimbacalle y desde esta altura (3000 m) iniciamos el camino de los incas. Datos de 1640 y 1680 citan a Pilcocancha como una fortaleza, de donde partían caminos para Amaguaña, Chillogallo y el Cuzco. Hoy no queda señal; solo permanece una extensa planada de donde se ven el valle de Los Chillos y Amaguaña, además la extensa llanura de Turubamba; al frente, en las estribaciones del Pichincha.

Pero se admira alrededor un singular anfiteatro de nevados, talvez único en el mundo, porque ¿dónde se podría observar tanta maravilla, encontrando despejados al Cayambe, Antisana, Sincholagua, Rumiñahui, el gran Cotopaxi, los Iliniza, el Atacazo, Corazón y, en días mágicos, hasta el propio Chimborazo?

¡Cómo no se iban a quedar deslumbrados los señores incas, Túpac Yupanqui y después Huayna Cápac! Avanzamos duro sobre la cresta de lomas y cuchillas. Solo había señales de senderos, sorprendidos porque descubríamos matorrales de bosque primario. Así, llegamos hasta la ‘Grada de Quito’, el declive a la hacienda Cataguango, y el Parque Metropolitano del Sur, gran destino turístico en ciernes. Tuvimos que resignarnos, pues la autopista Simón Bolívar había sacrificado con 5 cortes al camino. Pasamos por Cutuglagua, Llumaguango.

Lo grande fue cuando llegamos, cerca de Tambillo, a la quebrada de Jalupana. Habíamos recibido el apoyo de la gente. Hasta que topamos con una bruja cargada de leña, que nos contó la leyenda de la Piedra Yumba, que está el fondo de la quebrada.

Cuando Huayna Cápac avanzaba con sus huestes para conquistar Quito, apareció una mujer ‘yumba’, que le dijo, soy ‘yumbicha’, no sigas por ese camino, y le desviaba por otro lado para que no conquiste Quito. Huayna Cápac llegó a topar la espalda de la yumba, y al instante la mujer se convirtió en piedra. Desde allí existe un monolito gigante, al que nombran ‘piedra yumba’, que tocamos también, en el filo del río Jalupana.

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