17 de February de 2012 17:25

Aglomeración en la terminal de Quitumbe por un pasaje

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Desde las 11:00 de este viernes, en algunas cooperativas de transporte, en la Terminal Terrestre de Quitumbe, se anunciaba que ya no había pasajes disponibles. Los destinos de mayor demanda fueron hacia Guayaquil y Manta.

Claudia Almeida, vendedora de la Cooperativa Transportes Ecuador, colocó una hoja de papel en la ventanilla, con la frase “No hay pasajes”. Ella informaba a los usuarios que solo había tiques hacia Guayaquil  para hoy. La empresa tiene 24 unidades con una frecuencia de salida a cada hora.

Rosa Jerves se retiró de la ventanilla al no conseguir un boleto. Llamó a sus hijos a Guayaquil para avisarles que no viajaría.

Desde esa hora, se formaron largas  filas en las diferentes ventanillas en el área de boletería, en el segundo piso. La afluencia de pasajeros se duplicó en la tarde. Los usuarios esperaban sus unidades sentados en el piso.  

Diego Gualotuña y su primo Luis Díaz buscaban un pasaje hacia La Maná, en Cotopaxi.

En  dos cooperativas  les indicaron que hasta la noche todo estaba repleto. En un tercer intento consiguieron tiques  en la Cooperativa La Maná.

Segundo Cuñes y su sobrino Edwin Lema viajaron a Bolívar. Ellos permanecían en la terminal desde las 09:00 y consiguieron pasajes para el mediodía. “Toca esperar para poder viajar”.

Con maleta en mano, Olga Déleg tuvo  más suerte. Adquirió un pasaje hacia Riobamba en menos de 10 minutos. “La aglomeración es en la tarde y mañana, por eso prefiero viajar antes”.

40 policías y dos oficiales custodiaban la terminal. Ellos patrullaban por las  oficinas de las cooperativas de transporte para que se respete el valor de los pasajes.

Hasta el mediodía se presentó un reclamo, era el de Washington Criollo, quien viajaba hacia Machala con su esposa e hija de 10 años. Él pagó USD 12 por cada pasaje, cuando el costo es de  USD 10 y la niña debía pagar la mitad.

El policía Marco Salazar se acercó a la ventanilla de la cooperativa que incrementó el valor y pidió que  devolviera el recargo.

Para la venta de los boletos se exigía la  cédula de ciudadanía de cada pasajero. Según Edwin Fuentes, de la Cooperativa Coactur,  la Policía Nacional les notificó que debían pedir el documento  y los nombres completos de los usuarios. Para Fuentes, esto causó demoras e incomodidad porque hubo personas que no portaban la cédula.

En los andenes de salida,  10 policías hacían controles mecánicos de los buses.  El policía Wellington Aulestia  se subía a cada unidad para controlar que no haya personas de pie y  que el chofer use el cinturón de seguridad. También se revisaba el estado de las llantas, luces, plumas. Todas las unidades entregaban la lista de pasajeros.
 

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