5 de June de 2011 00:03

El adulto mayor se agrupa para entretenerse y dejar la soledad

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Ángel Analuisa, de 71 años, mueve sus manos, con dificultad. Camina lento y su voz apenas se escucha. Para movilizarse usaba muletas hace unos meses. Sus ojos se humedecen al contar que a diario perdía su pelea con la diabetes. Por ese mal, el movimiento de sus extremidades se alteró.

El quiteño es lúcido. Dice que le diagnosticaron su enfermedad en el 2002. Es padre de cuatro hijos, abuelito de ocho nietos y bisabuelito de dos bisnietos.

Un capítulo de la vida de Analuisa se escribió en San Roque y tuvo continuidad en la ciudadela Tarqui, por el sector La Mena, en el sur. Ahí, hace 25 años, abrió un taller para dedicarse a la carpintería. Su oficio -explica-, lo aprendió desde la infancia y lo dejó por su enfermedad. “Perdí fuerza en los brazos. Ya no podía hacer nada desde hace tres años”.

Las dolencias aumentaron y pasaba en su casa aliviándolas con medicinas. Un pariente le recomendó ir al centro de salud de la ciudadela Tarqui, para que hiciera terapias y conociera gente de su edad. Fue su tabla de salvación.

Esto evitó los encierros en el cuarto de su casa y le permitió conocer amistades que cambiaron la vida y la rutina de ‘Don Angelito’, como le identifican en el grupo de adultos mayores que está integrado por unas 40 personas.

Reunirse con gente de su edad y las inyecciones diarias de insulina que le ponen a Analuisa, a las 04:00, han complementado su recuperación anímica y de salud.

Él se muestra sonriente y activo en el amplio salón para actividades variadas, como terapias psicológicas, ejercicios de memoria, gimnasia rítmica y ensayos de los pasos de baile para el grupo de danza. Trabajan de martes a viernes, de 09:00 a 11:30. El jueves, para cumplir la agenda semanal del grupo, 38 adultos mayores bailaron durante 45 minutos, con descansos breves.

Primero se movían al ritmo de música electrónica. Cuando empezaban a perder fuerza, la música nacional los reanimó y Luis Mensías, el instructor, les daba ánimo para continuar en el baile.

Además del ejercicio, los adultos mayores también reciben charlas y cursos de manualidades con el personal del programa 60 y Piquito, que impulsa el Municipio. Este busca atender a las cerca de 190 000 personas mayores de 60 años que hay en Quito, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

El propósito es abrir espacios para que ellos puedan reunirse, hacer amigos, ejercitarse, conocer a sus contemporáneos que habiten en sus mismos barrios y así mejorar su calidad de vida.

Aída Álvarez, por ejemplo, vive cerca de don Angelito y también asiste al grupo de la ciudadela Tarqui. La quiteña, de 72 años, madre de cinco hijos y abuela de 10 nietos, dice que sus días son más entretenidos al participar en programas y actividades para gente de su edad. Sonriente cuenta que la única cirugía que ha tenido fue de su vesícula, a la que se sometió hace 13 años. De allí, las únicas molestias en su salud han sido una gripe y la gastritis.

“Ayuda mucho estar en actividad. Mis hijos me visitan. Vivo acompañada por mi esposo y tengo muchos amigos aquí. Son parte de mi familia. Yo me crié sola. Aquí las terapias ayudan bastante”, sostiene Aída, en voz baja, y meditando sus respuestas.

En el Distrito hay iniciativas barriales y de organizaciones privadas para el adulto mayor. Eso ocurre, por ejemplo, en la casa barrial Federico Páez de Luluncoto, en el sector de la Pasteurizadora. Allí, junto a la Unidad de Policía Comunitaria, 12 mujeres del barrio que integró años atrás el Comité Barrial decidió conformar la asociación de la tercera edad.

Isabel Álvarez, de 85 años, es parte de esta organización. Ella se vinculó desde hace un año y actualmente aprende a tejer bolsos, carteras y otros artículos. Es oriunda de Cotopaxi. Llegó a Quito cuando tenía 35 años.

La mujer tiene nueve hijos, 25 nietos y cinco bisnietos. Bromea y dice que por problemas de su salud ella no padece, porque sus hijos son médicos y sus hijas, en cambio, enfermeras.

A pesar de los cuidados, Chavelita, como le dicen, comenzó a tener líos con las articulaciones de sus manos. Supera la molestia cuando teje. Y Analuisa sigue activo en sus manualidades.

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