2 de December de 2010 00:00

Quito acoge al servidor público

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Mauricio Bayas P.

Desde las 07:40, en las avs. Gran Colombia, 6 de Diciembre y en la calle Juan Montalvo, en el centro norte de la capital, el tránsito de vehículos y la afluencia de personas van en aumento.

Las busetas amarillas de transporte escolar se estacionan en las afueras de la Contraloría General del Estado, la Asamblea Nacional y del edificio donde está la Función Judicial.

Los empleados públicos descienden de los vehículos a paso rápido. Los hombres lucen impecables ternos que combinan con el color de sus corbatas. Las mujeres visten pantalones o faldas y blusas con los colores de los uniformes, según los días.

Así, los tonos que se combinan son el azul, el café, el plomo, etc. A las 08:00, se puede ver a los funcionarios corriendo para registrar a tiempo su hora de ingreso en los sistemas de control que funcionan con relojes.

Mario Aguilar, secretario de un juzgado, es uno de ellos. Trabaja desde hace 13 años como servidor público. Aunque le parece rutinario su oficio, dice que laborar durante una década en una dependencia pública tiene sus ventajas y sus desventajas.

“Soy de Guaranda. Llegué a estudiar aquí y me quedé definitivamente. Es cuestión de costumbre y de adaptarse a los horarios y al ritmo de trabajo. Entro a las 08:00,voy al almuerzo al mediodía y a las 16:30 se termina la jornada. En la oficina despacho documentos y tramito juicios”, cuenta Aguilar, de 42 años.

Los zapatos del funcionario público están bien cuidados. En su oficina, a las 08:05, saluda con sus compañeros y durante media hora revisa los periódicos. En las oficinas siempre hay dos encargados de preparar las tazas humeantes de café negro y de comprar el pan.

Los oficinistas que se atrasan a la hora de ingreso son multados.

La imagen de funcionarios corriendo a registrar su ingreso al trabajo se repite en las afueras del Ministerio de Agricultura, en el norte. También en el Centro Histórico donde funciona la Presidencia, ministerios y del otro lado de la Plaza Grande, las instalaciones del Municipio.

La ciudad, en el centro y en el norte, como capital de país, se ha convertido en el escenario de los servidores públicos.

Miguel García, presidente de un gremio que agrupa a los servidores públicos del país, cree que son 205 000 funcionarios reportados directamente a instituciones públicas que están asentadas en la capital.

Según un reporte del Observatorio de la Política Laboral, Departamento de Investigación de la Universidad SEK, en base a informes del Ministerio de Finanzas, se calcula que entre dignatarios, autoridades, funcionarios, servidores y trabajadores del sector público en todo el país suman entre 480 000 y 500 000 empleados, aproximadamente.

“Hay que entender que el resto del personal burocrático está disperso en todo el país. Entre militares y policías se pueden calcular cerca de 105 000 empleados y más de 120 000 personas en el ámbito de salud y educación”, manifiesta García.

El dirigente sostiene que la ciudad se convirtió en capital de la burocracia, como parte de un proceso de centralización. De hecho, no hay un dato exacto de cuántos edificios funcionan como dependencias públicas en toda la ciudad.

El Municipio, antes de aplicar la medida del pico y placa, convocó a todos los representantes de instituciones públicas y, a esa cita, asistieron 60 personas desde voceros de la Comisión Nacional de Tránsito hasta representantes ministeriales.

También en la ciudad funcionan en 41 oficinas las embajadas y cancillerías de otros países.

Uno de los objetivos del Municipio fue formar una comisión para determinar el número exacto de funcionarios públicos en la ciudad. El informe no se ha levantado hasta ahora.

El economista Vicente Albornoz explica que según el censo del 2001, el porcentaje de servidores públicos en Quito era uno de los más bajos en el país. Los funcionarios representaban el 9,3% de la Población Económicamente Activa de la ciudad.

Solo en Guayaquil y Machala, la proporción de empleados del Estado, fue del 6,2% y 9%, respectivamente, considerado bajos. En otras ciudades, los burócratas representan un mayor volumen.

“Desde el punto de vista de distribución geográfica hay dos tipos de burócratas: los que están sentados atrás de un escritorio y los que están distribuidos en todo el país, como policías, militares, profesores y enfermeras”, dice Albornoz.

En el 2006 se registraron 356 120 empleados. En el último reporte aproximado del Ministerio de Finanzas se calculó que hay 454 034. Es decir, el incremento fue de casi 100 000.

Albornoz considera que entre 50 000 y 60 000 de esos nuevos empleados son parte del grupo de militares, policías, enfermeras y profesores. El resto está en otras dependencias.

El Observatorio de la Política Laboral asegura que en la capital están los servidores públicos mejor remunerados. Eso lo confirma Manuel T., asesor en una institución pública, que pasó de ganar USD 720 a USD 1250 en menos de un año por trabajar las ocho horas diarias.

Sin embargo, Albornoz sostiene que es un mito que Quito concentre toda la burocracia, pues el gran grueso, según él, no está sentado atrás de un escritorio sino distribuido en el país entre seguridad, salud y educación.

Las cifras reales de cuántos servidores públicos están en la capital podrán ser determinadas con los resultados del censo y con el levantamiento de información que realiza el Ministerio de Relaciones Laborales.

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