24 de December de 2010 00:00

Las aceras no son amigables para el peatón en Chillogallo

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Redacción Quito

En 19 manzanas, una sola rampa en la esquina de las calles Carlos Freire y Pedro Carbo, en Chillogallo, ofrece las facilidades para el ascenso y descenso de una silla de ruedas.

En la mayoría de esquinas, este dispositivo de acceso peatonal no existe y en otras, el grado de inclinación solo permite el descenso.

Por eso, cuando Jaime Chamba tiene que salir de su casa, junto al parque central de Chillogallo, para ir al supermercado, en la av. Mariscal Sucre, debe movilizarse con su silla de ruedas por la calle.

Si subir a la acera es difícil para Chamba, circular sobre esta es complicado. En la esquina de la Carlos Freire y Manuel Coronado no hay acera porque el frente de un edificio donde funciona un negocio fue habilitado como parqueadero para clientes.

Para rodear los tres carros parqueados en esa esquina, Carla Zambrano mira en ambos sentidos para ver si no vienen vehículos. “Es cuestión de sentido común y respeto a los demás no obstaculizar el paso de los peatones”.

Las escalinatas y pendientes que se forman por la mala construcción de las rampas de acceso a los garajes también se convierten en un obstáculo. Para Laura Proaño, quien desde hace tres semanas tiene que movilizarse con la ayuda de un par de muletas.

La mujer tiene que dejar sus muletas y apoyarse en alguna pared o vehículo para bajar y subir los escalones que se forman a la entrada de algunos parqueaderos. Para ella, el problema es que algunos dueños de casa no respetan los límites de construcción, a lo cual se suma la falta de planificación y control del Municipio.

Tres ordenanzas establecen sanciones entre USD 24 y 360 por el mal uso de las aceras.

En tres cuadras, por la Manuel Coronado, Zambrano tuvo que bajar a la calle unas siete veces por los carros mal parqueados en la Carlos Freire, las ventas informales en la Rafael García y los postes y construcciones que obstruían la acera. Eso también obligó a Chamba a circular por la calle en su silla de ruedas.

Las rampas frente al supermercado del sector tampoco tienen la inclinación adecuada para que Chamba pueda circular por sus propios medios.

A la salida del supermercado, a él le toca esperar que un conductor mueva el vehículo que dejó estacionado frente a la única rampa de esa cuadra. En los seis años que vive en Chillogallo, él no ha visto una intervención vial que facilite el tránsito de los peatones.

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