90 locales están consolidados en la calle La Ronda

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Ana Guerrero. Redactora

Dos cuadras, 90 negocios, 56 casas patrimoniales, bohemia, vecindad e historia forman parte de la calle Juan de Dios Morales, La Ronda. Siete años han pasado desde que este rincón del Centro Histórico fuera recuperado.

Desde ese entonces, el número de visitantes así como los atractivos se han sumado, de la mano de los emprendedores y de los vecinos del sector.

La Ronda era el sitio para las fiestas rosadas de las jóvenes que vivían allí hace unos 30 años. Empezaban a las 15:30 en los patios de las casas renteras. Y también fue el espacio que entre los años 80 y 90 entró en un proceso de ­deterioro.

En la actual Casa de los Geranios, donde antaño vivían 22 familias, Martha Paredes es una de las moradoras que han experimentado el proceso y la transformación: cuando el sector dejó de ser el espacio donde habitaban familias acomodadas y artistas y se tornó inseguro.

Según datos de Quito Turismo, actualmente, llegan 9 500 personas al mes. Cuando se entregó la obra, en el 2007, pese a la regeneración, la calle seguía siendo un sitio de paso. Lo era quienes, en su mayoría, iban hacia la antigua terminal Cumandá, que funcionó allí hasta el 2009.

Paredes recuerda que las casas se pusieron en venta, pero nadie se arriesgaba a comprarlas. Aunque destruida y con un solo baño para más de 20 habitaciones, ella soñaba con ser dueña de la edificación donde rentaba unas piezas. En el 2002 compró la vivienda por 35 000 dólares. La restauración, comenta, costó unos 350 000.

Para la intervención en el sector, el diagnóstico del antiguo Fonsal fue: hacinamiento en las viviendas, pérdida del uso residencial, abandono y deterioro de inmuebles, incremento del uso de bodegas, delincuencia, alcoholismo, prostitución.

En el 2006 se entregó la primera etapa de intervención, a cargo del Fonsal. Paredes aprovechó la llegada de los primeros visitantes para vender empanadas, empezó con 4 libras de harina, hasta llegar a 1 quintal. Los clientes se sentaban en los alrededores del patio central de la vivienda. Uno de ellos le regaló unas mesas.

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Ella no fue la única que le apostó a La Ronda. Entre regaderas, ollas y baldes, Manuel Silva conserva el oficio de su padre, que trajo desde Guamote: la hojalatería. 58 de sus 84 años los ha pasado en el Centro. Ya no vive en esta calle, pero acude diariamente.

José García Moreno, mientras repite que no tiene ningún parentesco con el expresidente de la República, abre las puertas del antiguo Hostal Buena Esperanza. El frente luce impecable, pero, una vez dentro, se ve que el predio no ha sido restaurado. La primera planta está llena de escombros.

Él es uno de las casi 200 personas que, según el IMP, habitan en el sector. Hay dos casas más que conservan en buen estado únicamente la fachada.

En el 2012, los oficios tradicionales se instalaron en el sitio, para reactivar el turismo diurno. Lourdes Pozo, coordinadora del proyecto Manos a La Ronda, señala que inicialmente no llegaban más de 60 personas al día. Sin embargo, ese número ha aumentado, en promedio, a 200.

Actualmente hay ocho artesanos, indica Doris Peñaherrera, directora de Productos Turísticos de Quito Turismo. Se sumarán dos más y un colectivo. Tres casas están habilitadas. Luis López es el dueño de la sombrerería de La Ronda.

Es uno de los artesanos vinculados al proyecto. En su local, además de accesorios con modelos desde la Edad Media, se puede conocer la historia de La Ronda, desde la mirada de 300 vecinos, en 'La Ronda, esos otros patrimonios'.

Así, en un recorrido por el tiempo, se marca la reactivación de una calle patrimonial y, al mismo tiempo, la acción de vecinos y empresarios.

La historia

La Ronda se originó como un sendero prehispánico que estuvo perfectamente trazado hacia 1480, cuando los incas llegaron a territorio quitu.

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