21 de December de 2010 00:00

45 niños pobres le cantan a Jesús

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Redacción Quito

Los aplausos no paraban de sonar al final de la presentación de Los Niños Cantores del Pueblo, en Amaguaña, el viernes. La gente que se quedó en la iglesia luego de la novena al Niño Jesús no quería irse.

Jair, John, Terry y Anahí salían comentando detalles de su recital. Los vecinos de Amaguaña acariciaban sus cabellos y los de los otros 41 niños que dieron su primer concierto de esta temporada en parroquias del Distrito. Los dirige María Augusta Abad.

Los pequeños se encuentran cada martes y viernes en un estudio para ensayar y perfeccionar su técnica vocal, durante dos horas.Aunque estas reuniones se dan en todo el año, la Navidad es la época en la cual más disfrutan de cantar. Anahí está hace poco en el coro. Fue con su primo Michael, quien empezó en el 2008. Como al resto, le encantan los villancicos. Es una de las que más energía pone a su interpretación.

Elba Makensi la miraba desde su banca. No paraba de aplaudir. Cuando todos salieron, ella se envolvió en una chalina para resistir el intenso frío de la noche. No le importó que el concierto haya empezado con una hora de retraso. Esperó que los técnicos trasladaran los equipos al templo. Estaba previsto que sea en el parque, pero llovió.

“Es una cultura muy linda. Hay tantas cosas que se están perdiendo en la juventud y en la niñez, que es algo maravilloso que estos guaguas, en vez de estar en la calle hagan estas grandes cosas”, dijo la mujer de pelo cano. Estaba emocionada. Para ella, lo más importante es que “aprenden que hay un Dios al que hay que cantar y con música de aquí, ¡qué mejor!”.

El ciclo de conciertos forma parte del programa Lucha por la vida contra la exclusión y violencia a través de la música, del Ministerio de Inclusión Económica y Social, organizado por Corporación Ono-Zone Pro Música.

El director Rolando Valladares contó que el coro tiene unas 10 presentaciones al año. “No es un proyecto musical, sino un proyecto de rescate”, afirmó. Los niños tienen entre 8 y 10 años y son de los barrios Lucha de los Pobres, Comité del Pueblo y San José Obrero. Son pequeños en situación de riesgo.

Cada cierto tiempo se hacen evaluaciones. Según Valladares, en ellas se nota un desarrollo psicomotriz. “Además, hay mayor autoestima, mayor seguridad y mayor control. Provienen de sectores de violencia, de necesidades, de familias de migrantes o en extrema pobreza. La música ha logrado generar en ellos sentimientos de mejora en su vida”, dijo.

El día de su presentación en Amaguaña, los niños lucían cansados. Damaris García, la pequeña que abrió el concierto con un solo en un arrullo esmeraldeño, bostezaba de vez en cuando. Pero estaba atenta a su turno de cantar.

Se notaba que el nerviosismo del inicio se convirtió en entusiasmo. Aunque ella y sus compañeros tenían la mirada somnolienta (eran las 21:30), continuaban cantando como profesionales.

Ponían atención a las coreografías de los niños de la Casa Ochún, que bailaban al son de la marimba de Lindberg Valencia (ex integrante de La Grupa) y la percusión de Carlos ‘Pantera’ Pizarro (Pueblo Nuevo y La Grupa).

Estos y otros músicos se unieron a los últimos cuatro ensayos para ensamblar el show. Estaban felices de ver a los niños brillar. También el violinista Tadashi Maeda, quien los acompañó durante la interpretación de los villancicos.

El repertorio incluyó canciones navideñas de Perú, Colombia y Ecuador. Desde Ya viene el Niñito hasta Mi burrito sabanero y una versión en español y quichua de Noche de paz. Iralda Aguirre estaba contenta porque, según dijo, los pequeños le contagiaron la alegría de la Navidad.

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