21 de July de 2010 00:00

40 años recogiendo basura en las calles

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Redacción Quito

Hace 40 años, José Manuel Caiza se subió por primera vez al camión recolector de basura. No le molestó ni el olor ni el frío.

Acababa de trabajar como peón en una construcción y estaba acostumbrado a las condiciones duras y adversas. Lo único que estuvo a punto de desanimarlo fue la ruda manera con la cual trataba la gente a los obreros que retiraban los desechos de las calles./EC100721P15EMASEOTESTIMO,quote01|(Transformation)gsi.gn3quote.ElComercioPuntuales^}“Cuando ya escuchaban el ruido del motor del camión, las mujeres se alertaban unas a otras y gritaban ‘ya vienen los indios borrachos’. Eso era feo”.

Hasta ahora, don Caiza, el más veterano de los empleados de la Empresa Metropolitana de Aseo (Emaseo), siente verguenza por ese reconocimiento que antaño le brindaba la gente a los de su gremio. “Cierto es que a algunos compañeros les gustaba tomar, pero eran muy pocos”.

Su voz es tímida y respetuosa. Mide 1,60 m. Cuando no usa el uniforme de Emaseo, se viste con la corrección que le exigen sus 64 años: zapatos de suela, pantalón de casimir, camisa y saco de lana.

Vestía igual, dice, cuando a los 21 años entró por primera vez al Municipio de Quito. Fue desesperado a buscar trabajo.

Estaba recién llegado de Pujilí y durante tres años tuvo trabajos temporales en construcción. Hasta que un mediodía de un sábado se encontró con un heladero, paisano suyo, quien le avisó que en el Municipio estaban buscando personal. Se emocionó.

El trabajo de barrendero no le atraía demasiado, pero tenía un motivo fuerte para buscar estabilidad laboral: su esposa tenía seis meses de embarazo. “Mi primera hija nació poco después de que entré a trabajar”./EC100721P15EMASEOTESTIMO,quote02|(Transformation)gsi.gn3quote.ElComercioFraseSimple^}Le asignaron la limpieza de la calle Guayaquil, desde San Blas hasta la 24 de Mayo. Trabajaba, como hasta ahora, desde las 07:00 hasta las 14:00.

Su primera hija, Gladys, nació a las 02:00 en la Maternidad Isidro Ayora. A la mañana siguiente se presentó a la formación con dos grandes ojeras y alegre.

Recuerda que mientras echaba las bolsas al camión recolector y corría por las veredas para recoger los desechos, recordaba el rostro de la criatura. “Corría con más ganas, alegre de ser padre”.

El uniforme de Emaseo consiste en una pantalón y una chompa de jean denominada, por razones que los empleados ya no recuerdan, ‘la sempiterna’. Don José se ha puesto ‘la sempiterna’ exactamente 40 años y tres meses.

No siempre trabajó en la mañana. Estuvo 12 años en uno de los puestos más duros del servicio de limpieza, el del lavado de calles. Ese departamento, usualmente, trabajaba de 04:00 a 11:00, en el Centro Histórico.

Con escobas y mangueras sacó la mugre de los túneles, de los pretiles de San Francisco y de las veredas del casco histórico. El ya experimentado barrendero comprendió que hasta entonces no había conocido realmente lo que era el frío. “Echar agua helada, a las cuatro de la mañana, es durísimo. Las manos duelen tanto que ya no se las sienten”.

Desde hace cinco años fue trasladado a la recolección en el valle de Los Chillos, en la estación de Playa Chica. Cada mañana sale a las 05:50, en punto.

Desde las 07:00 sale con los recolectores, con los camiones, o con su carrito de barrido manual. Pero los años le han empezado a pasar su cuenta. Cuando está lloviendo, el trabajo en los camiones, se le vuelve pesado. “Cuando se suben las fundas, uno se moja las rodillas. Al siguiente día me duelen las piernas”.

Los tiempos han cambiado. Ahora la gente no grita nada cuando pasan los camiones recolectores. Eso lo tranquiliza.

Le han dicho que para fines de este mes estaría el trámite de jubilación. “Ya es hora de que dé paso a nueva gente”, le bromean sus compañeros. Él sonríe y asiente con humildad.

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