3 de agosto de 2017 00:00

El 24% de los vehículos falla en la revisión por sorpresa

El pasado martes se realizó un control sorpresa en el sector del Comité del Pueblo, en el norte del Distrito. Foto: Paúl Rivas/EL COMERCIO

El pasado martes se realizó un control sorpresa en el sector del Comité del Pueblo, en el norte del Distrito. Foto: Paúl Rivas/EL COMERCIO

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María Belén Merizalde

Este año, hasta el 29 de junio, el 24% de vehículos que han sido inspeccionados en operativos sorpresa de la Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT) ha recibido citación luego de no pasar la prueba del opacímetro, que mide el porcentaje de emisión de gases.

“Tenemos brigadas móviles que a través de un cronograma se ubican en sectores que pueden tener más afectación respecto a contaminación, especialmente en donde existe mayor carga vehicular. Además se realizan estos operativos en las paradas de donde salen los buses de transporte público”, señaló Francisco Arauz, director de Fiscalización de la AMT.

En el primer semestre de esta año hubo 2 456 operativos de opacidad, la AMT inspeccionó el estado de 10 523 vehículos y
2 607 fueron sancionados.

De los vehículos que recibieron citación , el 32% corresponde a buses de transporte público, el resto fueron vehículos particulares, escolares, de carga y taxis, los cuales tenían la obligación de presentarse en uno de los seis centros de revisión vehicular en un plazo de ocho días; de no hacerlo la sanción será de USD 200 y el vehículo quedará retenido por cinco días.

A pesar de estos controles los automotores que exceden los límites permitidos de opacidad continúan circulando en la ciudad, por dos factores: unos no tienen aprobada la revisión vehicular, y otros, según Édgar Muñoz, coordinador de revisión técnica vehicular de la AMT, la han pasado de forma fraudulenta “a través de malas prácticas ciudadanas”.

En el primer semestre de este año 274 000 automotores se presentaron a la revisión técnica vehicular, de los cuales
13 000 (4,74%) no la aprobaron por no haber cumplido con los estándares referentes a emisión de gases, ruido, estado de neumáticos, funcionamiento de luces y plumas, eficacia del freno, sistema de suspensión y sistema eléctrico.

Según Muñoz, “hay gente que lleva su vehículo a talleres en donde realizan modificaciones temporales en la bomba de inyección, en los dispositivos catalíticos o incluso alquilan neumáticos para aprobar la revisión técnica; una vez que lo consiguen vuelven a dejarlos como antes”.

En la Secretaría de Ambiente se analizan medidas para evitar que la ciudadanía continúe con estas malas prácticas. “Sabemos que existen lugares en donde alquilan catalizadores, por eso hemos pensando en un proceso de marcación de dispositivos de combustión para que no puedan ser modificados ni alterados”, señaló Arias.

Alexis Ortiz, ingeniero mecánico especialista en emisión de gases, sostiene que ha pasado demasiado tiempo sin que la autoridad tome medidas para evitar estos “engaños” que han sido conocidos desde siempre, por ello afirma que es imperioso que se tome la decisión de colocar sellos en las bombas de combustible y catalizadores para que nadie pueda manipularlos tras la
revisión técnica.

Ortiz además señala que es fundamental que los vehículos, sobre todos los de transporte público que son quienes más recorren la ciudad, sean obligados a llevar una bitácora de mantenimiento. “Si los vehículos están mantenidos se puede reducir las emisiones de gases de un 30% a un 60%. Se debe hacer un cambio periódico del aceite y de los filtros”.

Según Jorge Yánez, presidente de la Compañía de Transporte Translatinos, las unidades pertenecientes a su compañía ya poseen un registro de los mantenimientos que deben realizar. Para Yánez esto no solo contribuye a mejorar la condición ambiental de la ciudad, sino que les permite reducir los daños en sus herramientas de trabajo.

El último inventario de emisiones realizado por el Distrito Metropolitano de Quito señala que el 95% de contaminantes que se encuentran en el aire de la ciudad son producidos por el tráfico vehicular.

Arias sostiene que esta es una realidad que se vive en las principales urbes del mundo, por la cantidad de carga vehicular, sobre todo de automotores que funcionan con diésel. “La idea sería ir cambiando a vehículos mucho más ecológicos como híbridos o eléctricos, pues en Latinoamérica contamos con una calidad de combustible que no es la apropiada y el desempeño ambiental no es de lo mejor. En la capital la situación es aún más complicada porque estamos a 2 800 metros de altura, entonces el desempeño de los motores tampoco ayuda a tener una mejor calidad del aire”.

En Quito existe una red de monitoreo con nueve estaciones que producen diariamente datos sobre la calidad del aire de la ciudad. Según Arias, durante los últimos 10 años el aire de la capital ha sido aceptable en el 98% de semanas al año.

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