15 de julio de 2016 00:00

Un tramo de la acera de la calle Mejía se vuelve más estrecha con el paso de los biarticulados

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Mayra Pacheco
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Los personas que transitan por la intersección de la calles Mejía y Flores, en el Centro Histórico de Quito, se están acostumbrando a la presencia de los biarticulados. Cada vez que un conductor de estos buses -que miden 26 metros de largo- se acerca para curvar en este lugar, los peatones se detienen, esperan a que la unidad avance y siguen con su recorrido.

La vereda en esta zona se vuelve un poco más estrecha cada que pasa un biarticulado. Una parte de la carrocería delantera ocupa un espacio de la acera al momento de tomar la curva. En el piso, incluso, está marcada con pintura amarilla la zona que se utiliza para hacer este movimiento.

Édgar Valdivieso, quien caminaba por la calle Mejía rumbo a la Plaza Grande, se detuvo antes de llegar a la esquina de la calle Flores. Ahí se arrimó hacia la pared hasta que el conductor terminara de curvar el biarticulado. Esta es su medida de protección para evitar un posible riesgo. “Hay que estar atentos y esperar hasta que crucen para seguir caminando”.

Carlos Guayllas, otro peatón quien circulaba por esta zona, comentó que si bien las unidades nuevas brindarán un buen servicio, para los peatones resulta “incómodo” caminar al mismo tiempo de estos buses en la intersección de la Mejía y Flores. Por esto considera que se debería poner una mejor señalización.
Los moradores del sector consideran también que para dar seguridad a los peatones, en esta esquina, se requiere colocar barandas de protección o reubicar las cajas de revisión de telefonía que están sobre la misma acera.

Actualmente, la acera norte de la Mejía y Flores se encuentra casi al mismo nivel de la calzada. En esta esquina se puso una capa de pavimento extra para facilitar el paso de los automotores nuevos, contó Geovanny Caizapanta, morador del Centro Histórico. “Para los peatones es complicado cruzar cuando pasan los biarticulados. Las líneas trazadas en el piso no son muy funcionales”.

Manuel Aucay, quien trabaja en una joyería en esta zona, agregó que las autoridades deberían poner una estructura como protección para los transeúntes. Algo parecido hay en la vereda de en frente. Las cajas de revisión de telefonía se deberían reubicar, en la medida que sea posible, para tener más espacio para caminar.

Para que los biarticulados se adapten de mejor manera a la urbe se realizan reformas geométricas. Hay unas intervenciones que ya se han ejecutado y otras que están en marcha, informó Alexandra Pérez, gerente de la Empresa Pública Metropolitana de Transporte de Pasajeros Quito (Epmtpq). “Estas medidas no limitan la operación de los automotores, más bien agilitan el paso de las unidades nuevas”.

En la intersección de la Flores y Mejía está previsto colocar unos bolardos para brindar seguridad a los transeúntes de esta zona. Estas reformas geométricas están a cargo de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Epmmop).

Estos trabajos permitirán –en el caso de la Mejía y Flores- que los peatones estén seguros cuando pasen los biarticulados, troles y articulados. Aunque las unidades antiguas como son más pequeñas, miden 18 metros, tienden a invadir menos la acera.

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