12 de agosto de 2014 00:05

El polvo de Tanlagua viaja hasta 12 kilómetros

Tanlagua, donde viven unas 1 200 personas, es una comunidad ubicada en el extremo norte del Distrito Metropolitano. Está rodeada por 17 canteras grandes, medianas y pequeñas. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO.

Tanlagua, donde viven unas 1 200 personas, es una comunidad ubicada en el extremo norte del Distrito Metropolitano. Está rodeada por 17 canteras grandes, medianas y pequeñas. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO.

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Evelyn Jácome. Redactora 

Son presos del polvo. No pueden abrir las ventanas sin que en cuestión de minutos, las partículas lo cubran todo. Tanlagua, donde viven cerca de 1 200 personas es el epicentro de las canteras ilegales de San Antonio de Pichincha.

Es un llano rodeado por 17 canteras, de donde todo el día sacan material y las nubes de polvo lo cubren todo: los árboles, las casas, los juguetes que los niños olvidan afuera y la piel de los pobladores.

Es mediodía del viernes y el espesor de la polvareda es tan fuerte que dificulta ver a una distancia de 200 m. Como si fuera neblina, se mueve lento y deja una especie de talco que cubre a las gallinas. El viento, en ese sector viaja a una velocidad de 10 metros por segundo. En cuestión de cinco minutos, esa nube de polvo puede llegar a Pomasqui. Rodolfo Molina, de predicción meteorológica del Inamhi, explica que la dirección del viento en esa zona es de este a oeste. Ese polvo, según señala Alfredo Morales, experto en minas, será esparcido por unos 12 km y podría afectar a 170 000 personas.

POLVO

En medio del camino de tierra, el principal del barrio, con un saco que cubre la mitad de su rostro, Melchora Flores, de 56 años, se pierde tras una cortina blanca. Tose y la garganta parece desgarrársele. Ella lo llama ‘carraspeo’ y la acompaña desde hace dos años. Ya no va al doctor por ese malestar. Se acostumbró a él, así como a cubrir los muebles con sábanas y los alimentos con fundas.

En Tanlagua no hay centro médico. Cuando alguien enferma, debe tomar un bus que llega a la zona solo la mañana, al mediodía y en la tarde. De lo contrario, deberá abordar una camioneta que cobra USD 3,50.

Tos, alergia, irritación en la piel y problemas en los ojos son algunas de las afecciones más frecuentes de quienes viven en este barrio. Cerca del 80% de las dolencias de los moradores de esta zona, tiene que ver con el polvo, según el Centro de Salud.

Melchora tiene los ojos rojos y resecos. Mientras cuenta que hace dos meses una cantera pequeña se abrió junto a su mediagua y que por el patio de su casa empezaron a pasar las volquetas, se friega los ojos con sus manos empolvadas; le pican con frecuencia.

El dispensario de San Antonio, en lo que va del año ha registrado 271 casos de afecciones a los ojos, mientras que en Tumbaco, por ejemplo, una parroquia que cuenta con más población, hubo 64.

Los ancianos que viven en Tanlagua se dedican a la agricultura, pese a que solo tienen agua tres veces por semana. En medio de un sembrío seco, rodeada por hojas amarillas y espinos, Rosa Chipantasi, de 72 años, está cosechando fréjol. Sembró en diciembre, pero una parte del maíz se perdió. Cuando era niña, no había canteras, llegaron hace 35 años, y el ojo de agua en el que jugaba se secó.

En Tanlagua ni la iglesia se libra del polvo. Las bancas de madera y la imagen de Jesús en el altar están opacas.

POLVO

La tierra que sale de este sector ha servido para levantar las viviendas de Cotocollao, Carcelén, El Condado... Hernán Orbeo, urbanista, explica que cerca del 60% de las casas construidas desde la NN.UU. hacia el norte, se han levantado con material en este sector.

Nunca, en el caserío, se ve ropa tendida en alambres. Luego de lavar las prendas, se las guarda dentro y se las cuelga en sillas. A veces, en la noche, se las pone a secar afuera, pero luego deben ser sacudidas por la cantidad de polvo que se adhiere.

Esa realidad es similar a lo que ocurre en La Antonia, La Dolorosa, Bella María, la Marquesa y El Común, pero no solo por la explotación, sino, según Orbea, debido a los caminos de tierra y al paso de volquetas.

Según un estudio sobre la calidad del aire realizado en el 2013 por la Secretaría de Ambiente, en San Antonio, las partículas sedimentables superan la norma de aspiración máxima de 1 miligramo durante 30 días. El informe señala que en esta zona, en el 42% del año la cantidad estuvo por sobre la norma. Ninguna otra parroquia en el Distrito la supera.

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