6 de octubre de 2015 00:00

Quito reportó 40 niños asesinados en 5 años

La semana pasada, la familia enterró a la pequeña agredida en Puengasí. Foto: Diego Pallero y Paúl Rivas/ El Comercio

La semana pasada, la familia enterró a la pequeña agredida en Puengasí. Foto: Diego Pallero y Paúl Rivas/ El Comercio

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Javier Ortega

En el tercer piso ya no queda nada de Ángel y Cristina. El domingo (4 de octubre), su madre recogió la ropa y regaló a los niños que jugaban cada tarde con ellos. Prefiere evitar los recuerdos.

En San Fernando de Cochapamba, en el norte de Quito, los vecinos aún no tienen argumentos para explicar qué pudo pasar por la mente del padre, un treintañero que aparentemente se habría suicidado tras envenenar a los pequeños.

“Parecía ser un tipo tranquilo, pero nadie sabe lo que pasa puertas adentro”, decía ayer Manuel Inapanta, el dueño de casa donde ocurrió la tragedia.

En la Dinased, la unidad policial que indaga las muertes violentas, tienen más datos. Por versiones de la madre de los niños se conoce que la familia pasaba por un mal momento.
La semana anterior, el padre aparentemente lanzó una amenaza. ‘Te voy a dar donde más te duele”. El viernes la cumplió.

Los crímenes de Ángel, de 9 años, y su hermana Cristina, de 10, se suman a otros hechos violentos reportados en la última semana contra menores.

El lunes anterior, el barrio San Isidro de Puengasí, en el oriente de Quito, se enteró de la trágica muerte de una niña de 3 años. El sospechoso, un hombre que se había ganado la confianza de la familia, llevó a la víctima a ver una película en su casa. Ahí la atacó sexualmente y luego la asesinó. La Policía localizó el cadáver de la pequeña en un armario.

Ocho días después de ese ataque, el temor no desaparece, aún con el sospechoso ya detenido. Hay padres que tomaron medidas para proteger a sus hijos. Les acompañan a la escuela o les prohíben ir al parque.

“Hemos llegado al punto en que no sabemos con quién convivimos. Aquí hay decenas de niñas que salen a jugar, a estudiar. Tenemos miedo”, comentaba ayer una mujer por detrás de una puerta metálica.

Este Diario levantó datos de los homicidios reportados en los últimos cinco años en Quito, con base en los informes del Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana.

En San Fernando de Cochapamba, dos niños murieron el fin de semana.

En San Fernando de Cochapamba, dos niños murieron el fin de semana.

De acuerdo con esas cifras, del 2010 al 2014, 40 niños de 0 a 15 años fueron asesinados en la capital, frente a los 1034 que se registraron en otros rangos de edad durante ese periodo.

El viernes, horas antes de que se conociera la muerte de Ángel y Cristina, la Dinased de Guayaquil halló a Dilady, una menor de 8 años, en una lona. Tenía huellas de violencia sexual.

Los agentes aseguran que los crímenes contra niños son aislados. Y aclaran que en muchos casos los asesinatos ocurren tras un largo período de violencia intrafamiliar.

En la muerte de Dilady, por ejemplo, la Policía investiga una serie de inconsistencias de la madre, el padrastro, el hermano mayor y la abuela de la niña. Los investigadores encontraron rastros de sangre en la vivienda de la menor. Esas evidencias confirmarían que a la menor la agredieron sexualmente y luego la asfixiaron.

Otros datos reveladores aparecen en un informe publicado en el 2014 por el Consejo Nacional para la Igualdad Intergeneracional y Unicef. En el documento se alerta que el 42% de violencia infantil ocurre por graves negligencias. Es decir, “los niños no son debidamente cuidados” por sus padres.

Mientras que otro 25% de menores sufre maltrato psicológico, un 18% agresiones físicas y un 7% ataques sexuales.

Ayer (5 de cotubre), en San Isidro de Puengasí la gente decía no conocer al sospechoso. Llegó hace un mes al barrio. Según los testimonios de los moradores, en ese período se lo veía con la víctima y con un hermano de ella.

Les ofrecía dulces y también les invitaba a ver películas en su casa. En cambio, al otro extremo de Quito, en San Fernando de Cochapamba, los vecinos retomaron sus actividades.

Desde la calle principal, el dormitorio donde ocurrió la tragedia se veía vacío. La madre de Ángel y Cristina quitó las cortinas, regaló la ropa y se llevó los electrodomésticos.

La familia piensa llevarla a un psicólogo. No quiere que trate de cumplir con lo que gritaba en la morgue y en el entierro: “Quiero irme con mis hijos...”.

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