25 de septiembre de 2015 22:23

En Quito hay una feria de artesanías que está abierta hasta la medianoche

Los negocios en este tramo abundan. La característica común, los viernes no duermen temprano. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

Los negocios en este tramo abundan. La característica común, los viernes no duermen temprano. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

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Érika Guarachi

Todos los viernes y sábados, en el Centro Histórico hay una feria de artesanías que abre desde las 16:00 hasta la medianoche.

Los artesanos exhiben esculturas, cuadros, joyería, cuadernos reciclados, monederos, gorros y mucho más sobre unas mesas y bajo carpas blancas.

Al lugar donde se ubica la feria se llama la "prolongación de La Ronda" y se trata de un bulevar que está entre la tradicional calle La Ronda y el parque Urbano Cumandá (exterminal terrestre).

Los negocios en este tramo abundan. La característica común, los viernes no duermen temprano.

La razón es el alto movimiento de visitantes, turistas e incluso deportistas que pasan por este lugar y les resulta imposible probar alguno de los antojitos gastronómicos que ofertan estos locales.

Pristiños, empanadas de viento y espumilla son los manjares más frecuentes. Sin embargo, también hay bares, karaokes y discotecas.

En este corto tramo en el que se ubica la feria también hay espacio entre las escalinatas para el teatro callejero.

Hoy, la feria de artesanías abrió a las 16:00 y culminará hasta la medianoche.

Los negocios en este tramo abundan. La característica común, los viernes no duermen temprano. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

Este es un espacio para compartir en familia resaltó Daniel Meza, quien visitó la feria. A él le llamó la atención los cuadernos y libretas con productos reciclados que ofertan en uno de los negocios.

Otro de los puestos visitados es el de Mari Puga, de 43 años. Ella oferta gorros tejidos a mano. Puga resalta el trabajo de ella y sus compañeros al ofertar estos productos que son realizados minuciosamente por ellos mismos.

Vistiendo una chompa abrigada y un gorro de lana, Puga atiende amabablemente a los turistas que van de paso. Para ella se debe promocionar más de este lugar pues no muchos son los que bajan hacia este bulevar y tras el arco, emprenden el regreso.

Otro de los puestos es el de Narcisa Calavaqui, quien oferta artesanías en barro cocido. Réplicas de pinturas de Guayasamín o paisajes representativos del país se observan en su mesa. Los oferta es desde USD 1,50 hasta pasados los USD 10.

Los negocios en este tramo abundan. La característica común, los viernes no duermen temprano. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.
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