18 de December de 2014 19:52

Más cadáveres y huesos hallados en terrenos desolados de Quito

El miércoles pasado, los agentes de la Policía y los Bomberos buscaron a David Romo en las orillas del río Monjas (Pomasqui, vía a la Mitad del Mundo). Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO.

El miércoles pasado, los agentes de la Policía y los Bomberos buscaron a David Romo en las orillas del río Monjas (Pomasqui, vía a la Mitad del Mundo). Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO.

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Diego Bravo

En medio de matorrales junto al río Monjas, en Pomasqui, fue hallado el cadáver en estado de descomposición. El sitio está al fondo de una quebrada de 300 metros, a 20 minutos de la avenida Manuel Córdova Galarza (vía a la Mitad del Mundo).

El hallazgo se produjo durante las investigaciones por la desaparición del estudiante de periodismo David Romo, de 20 años, quien no regresa a su casa desde hace 19 meses.

Se trata de un lugar abandonado sin iluminación, en donde el mal olor de las aguas servidas inunda el ambiente y hay basura desperdigada en las orillas del río. Alrededor no hay casas y los matorrales bordean un angosto camino de tierra que conduce al sitio en donde se halló el cuerpo.

La gente que vive cerca del sitio estaba temerosa, pero advirtió que no era la primera vez que se abandonaban cuerpos. Contaron que por allí caminan personas desconocidas y en las noches es desolado. Los vecinos no se atreven a recorrer el lugar pasadas las 17:00 porque es “muy peligroso”. Una mujer recordó que, hace cinco años, se encontró otro muerto.

¿Qué hay detrás de estos hechos? ¿Es un fenómeno nuevo en los alrededores de Quito? En la Fiscalía hay varias hipótesis: muertes comunes, crímenes por feminicidios, ajustes de cuentas. Los investigadores dicen que los agresores se aprovechan con frecuencia de terrenos baldíos, junto a ríos con vegetación abundante para ocultar a sus víctimas.
Incluso se ha localizado sin vida a personas que fueron reportadas como desaparecidas.

Datos de la Dirección Nacional de Desaparecidos y Muertes Violentas refieren que en el primer semestre de este año se resolvieron 1 650 desapariciones. El 3% de casos se resolvió porque aparecieron muertos. El resto fue localizado con vida.
“Para evitar que se identifique al vehículo (en el que llevan los muertos), los agresores buscan sitios en los que no hay gente o cámaras que registren lo que están abandonando a un fallecido”, precisa un exfiscal.

En Quito, uno de los sitios identificados por la Policía en donde se han encontrado osamentas y cadáveres son los terrenos aledaños a la Mitad del Mundo en San Antonio de Pichincha. Solamente en la búsqueda de David Romo hubo cinco hallazgos, entre huesos y cuerpos, detalla Alexandra Córdova, madre del joven.

El último fue el cadáver encontrado al fondo de la quebrada junto al río Monjas, el 27 de noviembre pasado. Este no correspondió al hijo de la mujer, pero anteayer lo identificaron como el albañil Gonzalo Maila, de 63 años, quien desapareció el 28 de octubre último en el barrio Alma Lojana (suroriente de la capital). La víctima presentó una fractura en la pierna derecha. “Lo más probable es que lo atropellaron y murió. Luego lo abandonaron en el sitio”, dice Segundo Chiluisa, yerno del fallecido.

El 27 de noviembre, la Policía encontró el cadáver de Gonzalo Maila. Ocurrió mientras se indagaba otro caso. Foto: Alfredo Lagla/ EL COMERCIO.

El 27 de noviembre, la Policía encontró el cadáver de Gonzalo Maila. Ocurrió mientras se indagaba otro caso. Foto: Alfredo Lagla/ EL COMERCIO.

Una historia similar vive el guarandeño Carlos Sisalema. Los huesos de su hijo de 29 años, Álex, desaparecido la noche del 12 de enero de este año en el norte de Quito, también fueron localizados en un sitio abandonado de Caspigasí (Calacalí-Mitad del Mundo).

En los exámenes de ADN se determinó que se trataba del joven, pero Sisalema desconoce las causas de la muerte. Una de las evidencias que se encontró fue la alimentadora de un arma de fuego que estaba cerca de las osamentas. Pero no es lo único, según Sisalema. Otros huesos se hallaron otro día durante las indagaciones de este caso.

Un investigador de la Policía señala que, tras un crimen, la prioridad del agresor es deshacerse de la principal evidencia que es la víctima. Por eso, “los sitios alejados les sirve para ocultar los cuerpos”.

Los investigadores no descartan que detrás de los cuerpos abandonados incluso haya muertes producidas por casos de drogas. Dicen que las quebradas son uno de los puntos más frecuentes en donde se localizan personas muertas.

Así lo vivió Alix Ardila, madre de la colombiana Carolina Garzón, de 22 años, quien desapareció el 29 de abril del 2012 en el barrio Paluco (suroriente de Quito). En medio de las búsquedas de la joven, en las orillas del río Machángara y en las quebradas aledañas, se han encontrado 12 cadáveres y osamentas. “Los hallazgos se produjeron en el primer año y medio de las indagaciones”.

Otro sitio en el que la Fiscalía halló cuerpos y huesos abandonados es el parque de La Raya en el sur de la capital. Un investigador de la Unidad de Personas y Garantías asegura que los fallecidos expuestos a la intemperie se descomponen con más rapidez y no descarta que por eso los abandonen en sitios desolados. Los alrededores de la avenida Simón Bolívar (oriente de Quito) son otros sectores en donde se arrojan cuerpos. ¿La razón? Poca gente circula por allí. Eso también dificulta las investigaciones de la Fiscalía y los agentes policiales.

En contexto
En enero de este año comenzó a funcionar la Dirección Nacional de Delitos contra la Vida, Muertes Violentas y Desapariciones (Dinased). Hasta julio del 2014, la Unidad de Desaparecidos contaba con 160 agentes en el país. Cada uno de ellos investiga 13 casos.

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