17 de julio de 2014 13:25

Dos personas reportadas como desaparecidas fueron encontradas en la morgue de Quito

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Redacción Seguridad

La búsqueda de Boris Llumitaxi, desaparecido desde agosto del 2012, terminó para sus familiares. Lo mismo ocurrió con los parientes de Jackson Díaz Aizaga, quien no regresaba a su hogar desde febrero del año pasado. La Fiscalía Especializada en Investigación de Personas Desaparecidas los localizó en Medicina Legal, norte de Quito.

El fiscal que llevaba el caso, Pablo Jaramillo, solicitó a la morgue de la capital que revisara en sus archivos el ingreso de dos cuerpos con características de los dos ciudadanos.

"El resultado del cotejamiento de las huellas necrodactilias de dos cadáveres que estuvieron en la morgue de la Policía, con el del banco de huellas dactilares de desaparecidos proporcionadas por el Registro Civil, confirmó que se trata de Llumitaxi y de Díaz Aisaga", indicó la institución.

Boris Llumitaxi, de 34 años, desapareció luego de que saliera de su domicilio, ubicado en el sur de la capital, rumbo a su trabajo. Su madre no tuvo más noticias de él y presentó la denuncia como desaparecido el 20 de enero pasado.

Por ahora, la Fiscalía investiga si él falleció en un accidente de tránsito.

En el otro caso, el rastro de Jackson Díaz, de 40 años, se perdió luego de que saliera de un hotel, en el Centro Histrórico, en donde vivía con su pareja. Cada 15 días llamaba a su hermana y dejó de hacerlo por dos meses. Entonces, ella se comunicó con la conviviente de su hermano, quien le indicó que él estaba preso en Ambato y que habían terminado la relación. Las causas de esta muerte se desconocen.

Otro caso similar ocurrió en junio pasado. Guillermo Sarzosa, de 64 años, desaparecido durante 11 meses, fue encontrado en un frigorífico de Medicina Legal. Según el hijo de la víctima, quien lleva el mismo nombre, su padre se encontraba en esas instalaciones desde mayo pasado y había sido ingresado con sus nombres y apellidos tras morir en una casa de salud pública.

No obstante, Sarzosa señaló que nunca les informaron de la muerte de su padre hasta que un policía lo encontró y por un tatuaje de dragón que tenía en el antebrazo pudo ser identificado.

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