14 de mayo de 2015 10:55

Agentes de Inteligencia participaron en el cierre del burdel 155 de la calle Zamora

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Sara Ortiz

En el lugar fueron encontradas 90 chicas, entre ecuatorianas, cubanas y colombianas; una de las extranjeras había llegado hace dos semanas a Ecuador. La noche de ayer y la madrugada de hoy, jueves 14 mayo de 2015, policías y el intendente Edwin Castelo allanaron el burdel 155, en la calle Zamora y De la Prensa, en el norte de Quito.

Desde hace un año, la Intendencia de la Policía de Pichincha había recibido quejas de los maestros y estudiantes de un instituto educativo cercano. Frente a su edificio venía funcionando el club nocturno. Las autoridades confirmaron anoche que el sitio operaba pese a que, a inicios del 2014, recibió la clausura definitiva. Sobre el lugar, además, hay otras medidas aplicadas por incumplimiento del horario de trabajo; por romper los sellos de clausura y seguir operando, y por permitir el trabajo de extranjeras pese a que no tienen visa para esa actividad.

La Intendencia ya había tratado de cerrarlo desde meses anteriores, pero siempre que llegaba –asegura Castelo- “estaba vacío o las puertas permanecían cerradas”. Por esa causa, en este operativo, participaron agentes de la Dirección General de Inteligencia (DGI) de la Policía Nacional.

Al ingresar, las autoridades encontraron cámaras de vigilancia adentro del establecimiento e incluso afuera, con un sistema que les permitía monitorear a más de dos cuadras de distancia. “El burdel cuenta con un circuito cerrado de video e informantes en la calle a los que pagaban para alertar si es que venía un patrullero”, determinó el seguimiento de Inteligencia.

En el operativo fueron desalojados 200 clientes, desde jóvenes de 18 años hasta hombres de mediana edad o mayores de 60 años. “Júreme que mi foto no va a salir en la prensa. Si mi mujer ve en la televisión, se me acaba el matrimonio”. “Es la primera vez que vengo a un lugar así y pasa esto”. “Yo salí del trabajo y pasé un rato para divertirme”. Las reacciones de los clientes eran variadas, al igual que sus excusas, pues temían ir presos.

Sin embargo, Castelo les explicó que ni los clientes ni las trabajadoras sexuales serían aprehendidas. El único que quedaría detenido sería un empleado que tenía el dinero recaudado esa noche. “Es un negocio rentable, por eso a estas personas no les importa romper sellos, recibir multas y seguir funcionando, pero no vamos a permitir que incumplan la ley”, dijo el Intendente.

Para las chicas, algunas de solo 18 años, su mayor preocupación era a dónde ir. Una de ellas narró que trabajó en el extinto Café Rojo, en el Swing y en otros dos locales, todos cerrados de forma definitiva. “Yo necesito trabajar, pero así no se puede”. Las chicas conversaban sobre mudarse a otra ciudad. "En la Costa es más tranquilo". Pero luego otra joven les recordó que “Quito es la ciudad donde pagan mejor, después de Cuenca y Loja”.

A pesar del recurrente cierre de estos negocios, en la capital hay zonas de tolerancia y establecimientos que sí cuentan con los permisos o no tienen clausuras, en donde ellas pueden trabajar.

La Intendencia refiere que esos sitios están ubicados en la Cantera, cerca del expenal García Moreno, y en los extremos norte y sur de la urbe. En ese marco, más de 300 clubes nocturnos ya han sido cerrados por la Intendencia en Quito.

Entrada la madrugada, el Intendente indicó que el 155 no puede volver a abrir. Se dispuso el decomiso del mobiliario, camas, sillones, colchones, equipos de video, televisores y los licores.

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