23 de October de 2014 20:07

El barrio América es otro nexo del Quito antiguo y el moderno

Desde el campanario de la iglesia del Perpetuo Socorro se observa el parque Benito Juárez y toda la zona de influencia: el Mejía, la Prefectura... Foto: Paúl Rivas / El Comercio.

Desde el campanario de la iglesia del Perpetuo Socorro se observa el parque Benito Juárez y toda la zona de influencia: el Mejía, la Prefectura... Foto: Paúl Rivas / El Comercio.

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Mariela Rosero Ch. Redactora
mrosero@elcomercio.com (I)

Al menos 50 años atrás, en el barrio América se podía montar un show con solo juntar a varios de sus habitantes: Fausto Gortaire, Potolo Valencia, Hermanos Baca, Don Medardo y sus Players e incluso los Pibes Trujillo y Carlota Jaramillo…

Su música se oía en las esquinas, en las casas durante los ensayos y en fiestas colectivas, en la época en que los vecinos se saludaban por el nombre.

Ahora, otro tipo de sonido caracteriza al sector, que sirvió de enlace entre el Quito antiguo -que se desbordó en el Centro- y el moderno que avanzó desde La Mariscal hacia el norte.

Al caminar por la Santiago, Río de Janeiro, Caracas, Uruguay, Venezuela, Bogotá, Portoviejo, entre otras calles, se oye un ruido de máquinas: suc, suc, suc, suc, suc… El golpeteo mecánico, telón de fondo de las conversaciones en los hogares y negocios, proviene de los rodillos de 51 imprentas, según un informe de la Secretaría de Ambiente del 2009.

Aunque la directiva Martha Cabascango y el párroco Nicolás Orozco hablan de unas 700, hasta la av. Universitaria y Mercadillo. Todo empezó en 1974, cuando Hugo Dávila instaló la primera imprenta que se mantiene en el edificio de la parroquia eclesiástica. Él, de 79 años, quiere que el barrio se llame Ciudadela Gráfica.

Una puerta de vidrio mantiene a César Loachamín lejos de ese ruido de las imprentas. Y de sus clientes que parquean los autos en plena Río de Janeiro, calle de doble vía, donde cargan textos, afiches, tarjetas...

En la Sastrería América labora este hombre de 72 años, testigo de lo que fue un barrio residencial de clase media. Su charla lleva al tiempo en que los ternos se hacían a la medida. Hoy él cobra USD 100 por uno.

En el cuello lleva la cinta métrica, en la diestra una tiza para marcar la tela. “Quienes vivían aquí eran medio pelucones”, dice. Llegó a los 16 años.

Cerca, desde el campanario de la iglesia del Perpetuo Socorro, no solo se ve el parque Benito Juárez remodelado. También es posible dimensionar el equipamiento que tiene la zona (en palabras de arquitectos).

Entre la oferta educativa constan: el Mejía; hasta el 2012, la Escuela Municipal Espejo, hoy el Colegio Simón Bolívar. Desde hace más de 40 años funciona el Jardín Roosevelt. A pie se llega a la U. Central.

Además el sector está provisto de transporte, pues lo rodean avs. como la América, Universitaria, 10 de Agosto y Patria; muy cerca, los parques El Ejido y Alameda; el Hospital Andrade Marín; los bancos Pichincha y Guayaquil. Están a un paso la caja del IESS y la Prefectura.

Sin embargo, el exdecano de Arquitectura de la U. Central, Francisco Vera, señala más de tres puntos que hicieron que el barrio perdiera peso. Por eso viejos moradores se mudaron a los valles, Mitad del Mundo, Pomasqui y Carcelén.

¿Qué factores? La ‘invasión’ de las imprentas de los últimos 15 años. La presencia de cooperativas de transporte en la zona: Flota Imbabura, Reina del Camino y Carlos Alberto Aray, que dejaron de funcionar en junio. Los hostales para viajeros, convertidos en sitios para encuentros de parejas casuales, según vecinos de la Asunción.

Además, confiesan vecinos, casas de cita y trabajadoras sexuales, en la América y Portoviejo. Y la presencia del añejo cine porno América.

Pese al panorama hay quienes no planean mudarse -como el concejal Jorge Albán-, hijo del actor Don Evaristo. Ha vivido en la zona 59 de sus 62 años.

Él dice que la América es un sitio excepcional por su ubicación. Sostiene que quienes dejaron el barrio prefirieron la “imagen o estatus”. Le entusiasma la construcción de 808 departamentos, 92 oficinas y 46 locales, según el Biess, en El Hueco, detrás del IESS.

Como ex-Vicealcalde cuenta que la anterior administración buscaba revitalizar zonas como esta. “Vimos que Quito debe crecer hacia arriba”.

En el plan estaba recuperar desde Santa Prisca hasta las avs. Patria y 10 de Agosto. “El sector tiene todos los servicios; la 10 de Agosto está deteriorada, con cachivaches, ahí podría desarrollarse la ciudad”, dice.

Según él, hay edificios subutilizados. Menciona el Benalcázar Mil e incluso La Previsora.

El decano de Arquitectura de la UDLA, Mauricio Moreno, coincide con este planteamiento. Dice que hay que densificar la ciudad, para que no sea costosa e ineficiente. La causa: cuando la gente debe mudarse a los extremos, el Municipio tiene que invertir en extender redes de alcantarillado, agua... Los viajes son largos, etc.

Moreno ve potencial en puntos como la avenida América y sus alrededores, porque están dotados de servicios.

Él explica por qué este sector no se desarrolló más cuando la ciudad empezó a salir del centro hacia el norte. Para los años cuarenta, cuando el uruguayo Jones Odriozola hizo el Plan Regulador, es decir el que marcó el crecimiento de Quito, este barrio ya existía.

El arquitecto evoca que en esa época la barriada residencial limitaba con la quebrada de Armero, que bajaba por la calle Bolivia hacia la Universitaria. Todavía no estaban construidos el hospital y la caja del IESS.

Moreno precisa que en el plan, la ciudad se extendía por el norte a La Mariscal. En ella se imprimieron diseños modernos, en la onda de Ciudad Jardín, con retiros y parqueos.
Algunas casas y edificios del barrio lucen deteriorados. Sus moradores esperan que la zona recobre brillo cuando se habite el conjunto vecino.SClB

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