17 de noviembre del 2015 00:00

Quito reporta casos dramáticos de apuñalados

María Torres, de 63 años, y su esposo Bolívar Asnalema de 59 años, padres del médico Esteban Asnalema. Foto: Cortesía Familia Asnalema Torres

La familia Asnalema Torres habló con este Diario y relató cómo ocurrió el crimen de Esteban, un médico de 28 años. Foto: Javier Ortega / EL COMERCIO

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Javier Ortega
Redactor (I)
jortega@elcomercio.com

En el departamento se escucharon gritos desesperados. El equipo de paramédicos que llegó a la vivienda encontró a la pareja con cortes profundos en la cabeza, en la espalda, en las manos y brazos. Sangraban. Los vecinos lo atestiguaron.

El sospechoso utilizó un machete para atacarlos. Franklin, un militar de 42 años, recibió la peor parte, una herida en la cabeza. No resistió. Falleció poco después de que llegara al Hospital Padre Carollo de Quito. Su conviviente, María, de 26 años, se recupera de las lesiones en una casa de salud de la capital.

La tarde de ayer, el presunto autor de esa fuerte agresión salía custodiado de la Unidad de Flagrancia, rumbo a la prisión. Un juez ordenó su encarcelamiento. Fue cónyuge de María.

La chica relató los detalles a los investigadores. En su testimonio, la mujer reveló que la noche del domingo su exmarido ingresó al departamento, sacó un machete de una mochila y la agredió. Franklin intentó ayudarla, pero recibió un corte.

No fue el único ataque con arma blanca. Esa misma noche, en la Mena Dos, en el sur, Alberto, de 39 años, moría luego de recibir una puñalada en el cuello. El hombre se desangró a unos metros de su residencia.

Ayer, en la tarde, la Policía alertó sobre el asesinato de una mujer en Cayambe. Desconocidos le apuñalaron seis veces.

En las últimas dos semanas, en Quito se han registrado siete crímenes con una característica similar: el uso de cuchillos, puñales o machetes.

Datos levantados por este Diario revelan que entre el 2010 y 2014 hubo 1 087 asesinatos en la capital, según el Observatorio de Seguridad Ciudadana. En casi la mitad de esos hechos (47%) se utilizaron armas corto punzantes (ver infografía).

Las estadísticas nacionales aportan más datos. En ese mismo período hubo 9 937 homicidios en el país. La mayoría de atentados, entre un 51% y 66%, se perpetraron con armas de fuego. Sin embargo, en el último lustro el uso de armas blancas ha crecido del 18% al 31%.

Agentes que investigan las muertes violentas advierten que esta tendencia ocurre por la facilidad de acceder a un cuchillo, un puñal u otro tipo de arma corto punzante. Se lo puede comprar en cualquier local.

Los controles de armas de fuego también inciden en este fenómeno. “Las organizaciones delictivas operan con revólveres, pistolas... en cambio, en los homicidios que se dan por problemas interpersonales se emplean armas blancas”, apunta un policía a este Diario.

Detrás de los crímenes perpetrados con cuchillos o puñales hay riñas callejeras, disputas entre grupos juveniles, problemas sentimentales e incluso robos.

Al médico quiteño Esteban Asnalema, por ejemplo, lo asesinaron hace 10 días en la Mena Dos. Dos desconocidos intentaron asaltarlo. Él se resistió y le clavaron un cuchillo en su abdomen, según la familia.

En casa, sus padres levantaron un altar en un espacio de la sala. En medio de los ramos de flores hay fotos del médico. En el centro de salud de La Argelia, donde trabajó los últimos seis meses, lo recuerdan por su dedicación para con sus pacientes.

De hecho, una de las fotos que están en el altar fue entregada por la oficina de Aldeas S.O.S. que funciona en ese barrio. “Gracias por tu labor y amor al cuidado de niños. Siempre estarás en nuestros corazones”, escribieron.

En sus 35 años de experiencia, el médico internista Pablo Herrera ha atendido decenas de pacientes atacados con armas blancas. La mayoría no sobrevive. “Los sospechosos saben los sitios donde introducen los cuchillos. Conocen perfectamente que una lesión en el tórax, en el corazón, en los pulmones o en el hígado es mortal”.

De hecho, cuando se producen heridas en estos órganos, la víctima fallece por la cantidad de sangre que pierde o por infartos cardiopulmonares.

El médico asesinado en la Mena Dos perdió más de seis litros de sangre. El arma perforó el intestino grueso, el delgado, el riñón y la aorta abdominal. El afecto de sus pacientes ha aplacado el dolor de la familia Asnalema, que aún espera la captura de los responsables.

En contexto

El primer crimen con arma blanca que se reportó en Quito en las últimas dos semanas ocurrió en el sector de la Y, en el norte. Pedro Simbaña, alumno del Central Técnico, fue apuñalado en el pecho. La Policía detuvo a dos personas y dijo que fue por venganza.

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