4 de diciembre de 2016 00:00

Los quiteños se abren paulatinamente

Los quiteños gustan mucho de descansar y socializar en los parques y plazas. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

Los quiteños gustan mucho de descansar y socializar en los parques y plazas. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

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Patricia Carolina González

Por su naturaleza de capital, a lo largo de su historia, Quito ha sido una ciudad atractiva para habitantes de provincias y extranjeros.

“La mayoría de la población de la urbe tiene su origen fuera de Quito”, señala Alfonso Ortiz, cronista de la ciudad.
En el 2010, según el último Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), de los 2 239 191 habitantes de Quito, el 32% (728 634 personas) eran migrantes internos, nacidos en otros cantones y provincias, y el 2% extranjeros (54 539 personas), concentrándose en la capital 75% de la migración extranjera del país. 


Vistos desde los ojos de los inmigrantes y de los analistas, los quiteños son un conjunto de contradicciones. Una suma de amabilidad y sectarismo que se ha ido transformando desde la principios del siglo XX, cuando llega el ferrocarril, el primer factor detonante para la expansión demográfica y cultural de Quito.

De 50 000 habitantes para 1900, pasó a tener 250 000 residentes en 1950. 
“El ferrocarril significó la entrada de la modernidad a Quito, convirtiéndose en una ciudad atractiva para gente de provincia, que migra por trabajo, educación y mejores de condiciones”, cuenta Ortiz. 
La segunda explosión de crecimiento comenzó a mediados de la década de 1970 con la explotación petrolera: “El Estado se fortalece enormemente al recibir las regalías del petróleo. Crece la burocracia estatal, pero también la ciudad porque se están invirtiendo las riquezas petroleras. Aumentan los comercios, la banca, los servicios”, explica. 


La capital ha estado en permanente cambio, pero no siempre su adaptación a estas transformaciones ha sido sencilla. “Toda ciudad de altura tiende a ser más resistente al cambio. La ciudad de montaña tiene además una composición de cierta protección ambiental que también lleva una barrera de relacionamiento con otras partes”, explica el sociólogo Luis Verdesoto. 


Sin embargo, señala que la ciudad se encuentra en una etapa de transición de su carácter serrano hacia una urbe que busca lo internacional. “A Quito le ha beneficiado el tener un aeropuerto moderno. Las ciudades de altura basan su relacionamiento internacional en los puertos aéreos”.


Julio Echeverría, director del Instituto de la Ciudad, destaca como una de las cualidades de la urbe su alto nivel de tolerancia y el reconocerse como una ciudad en la cual conviven distintas matrices culturales, como la ancestral indígena, pero también la cristiana europea. 


No obstante, “existe una cierta visión excluyente y segregadora que está en las élites, pero también en el ciudadano común y que afecta el sentimiento de confianza que debería caracterizar a la vida citadina. Hay mucho que trabajar aún para que Quito sea una ciudad en la que convivan enriquecedoramente diversas culturas”, admite Echeverría. 
Para Verdesoto, Quito no es una sociedad lo suficientemente tolerante. “Esconde su necesidad de interculturalidad, su homofobia, espacios de machismo fuerte, intolerancias étnicas y socioeconómicas”. 


Entre migrantes que han adoptado a la capital del Ecuador como su segundo hogar, las opiniones sobre la ciudad son diversas, pero hay algo en común que todos destacan: la amabilidad y la acogida que brindan sus ciudadanos. 
“Como manabita defiendo siempre la calidad humana de los quiteños. Son muy propensos a brindar todo lo que tienen al que es de afuera. He llegado a la conclusión de que si Quito tuviera playa sería completa”, comenta el periodista deportivo Oswaldo Rodríguez Coll, quien reside en la capital desde hace 60 años.


El actor y director de teatro Christoph Baumann, de origen alemán y con más de 30 años en el país, resalta el interés por los asuntos políticos que competen a la ciudad: “Casi todos los meses hay manifestaciones por los diferentes problemas sociales. Ese fervor cívico alumbra el espíritu de muchos quiteños”. Observa como una característica negativa “el egoísmo cuando suben a un auto y no respetan otros bienes comunes como la ruta de los ciclistas y el espacio peatonal”. 
“Son trabajadores y estratégicos, calculan sus pasos para el futuro. Son buenos amigos y vecinos. Pero son poco espontáneos para reunirse, hay que hacer cita para verlos. En la Costa llamas a unos amigos y a la media hora estás tomándote unas cervezas”. Así describe a los quiteños el actor Andrés Crespo, oriundo de Guayaquil y con tres años en la capital. 


Para Wilfrido Lucero, carchense y expresidente del Congreso, son gente amable, pero desordenados e impacientes: “Quieren alcanzar resultados de manera casi inmediata. Apenas el Municipio quiere hacer una buena obra ya hay sectores que se oponen”.
Arturo Silva, presidente de la Asociación Lojana 18 de Noviembre Residentes en Quito, resalta la acogida de la gente, el respeto y la buena voluntad como cualidades más reconocidas de los quiteños.


“La gente de Loja salió hacia la capital en los años 70 con el deseo de estudiar y hoy aún son muchos los que siguen viniendo en búsqueda de trabajo. Nos ha ido bastante bien”, cuenta Silva, ingeniero agrónomo, con 24 años en Quito. 
Julio Echeverría, director del Instituto de la Ciudad, subraya que los retos de Quito para el futuro están en el reconocimiento claro de la riqueza de sus rasgos culturales plurales y hacer de ello su fuerza de integración y de identidad.

Lo positivo


Cordiales La amabilidad y el respeto en su manera de actuar son valores positivos que identifican los migrantes en los ciudadanos quiteños. 


Políticos  El espíritu cívico-político se evidencia en una participación importante en manifestaciones por defensas sociales.

Trabajadores  Los quiteños son trabajadores y, con relación a su futuro, son planificados y estratégicos. Proyectan sus metas a largo plazo. 


Amistosos El valor de la amistad es muy importante para los quiteños. Pero son poco espontáneos para hacer planes entre amigos.


Lo negativo

Sectarios  La xenofobia y la intolerancia entre ciertos sectores sociales son rasgos que también están presentes en la sociedad quiteña. 


Egoístas Olvidarse del peatón y del espacio destinado a los ciclistas cuando van manejando un automóvil, actitud que es vista como egoísmo. 


Cerrados Muchas veces, los quiteños tienen una actitud cerrada y de resistencia ante los cambios futuros y se aferran a las tradiciones. 


Impacientes  Quieren que las autoridades logren resultados de manera casi inmediata y tienden a oponerse a los proyectos.

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