9 de julio de 2014 00:05

Salvador Quishpe: ‘Somos los de siempre contra los de siempre’

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Santiago Estrella G. Redactor
politica@elcomercio.com

Entrevista al prefecto de Zamora Chinchipe, Salvador  Quishpe sobre la marcha por el agua, la vida y la dignidad y el movimiento indígena.

Hoja de vida
Fue presidente de la Ecuarunari (2001) y diputado por Zamora (2003-2007). Ahora es Prefecto de Zamora desde el 2009.

El Presidente dijo que la marcha es un fracaso y por la poca capacidad de convocatoria. ¿Es algo que se puede coincidir con él?

Es cierto que hemos sido pocos. Pero por otro lado si hacemos bien las cosas, es un abrebocas interesante porque a diferencia de la del 2012, que fue multitudinaria. Pero solo llegamos, saludamos y nos fuimos. No hicimos un seguimiento. Esta marcha es pequeña hablando en números, pero toma otra dimensión: instala un espacio que convoca a los sectores productivos, gremiales, sociales, estudiantiles, para discutir la realidad y sobre todo para encontrar qué debe hacerse en el Ecuador. Lo hemos llamado ‘Parlamentos de los pueblos’. Pudimos ponerle otro nombre, como parlamento plurinacional.

¿Por qué no se llamó plurinacional?

Lamentablemente se ha satanizado la palabra plurinacional. Se ha colocado como sinónimo de indígena. Y no solo queremos algo de los indígenas para los indígenas. Pero así se ha puesto en el subconsciente que lo plurinacional es indígena y no se quieren involucrar.

Uno de los decretos de este Parlamento es la resistencia. Pero ¿qué dimensión adquiere esa palabra en el actual contexto?

Es un hecho en el tiempo. No es una situación coyuntural, no es para este momento, que sube la espuma y a la vuelta de unos cuantos segundos desaparece. La resistencia es la presencia y la vida. Coyunturalmente nos han impuesto la Ley de Aguas. El Presidente lo ejecutará cualquier día y nos mirará con su ojo de burla y seguirá su marcha. La resistencia estará siempre presente y tenemos que estar organizados. El problema es que cada cual anda por su lado y no podemos resistir como debe ser. Entonces el Gobierno se burla de nosotros cada vez que quiere. Nosotros tenemos la culpa de que sea así.

Esta marcha vino desde el sur, y en Chimborazo se encuentran no solo con la división, sino que es una provincia donde se siente la alianza de los indígenas con el Gobierno.

Es algo coyuntural. Además, siempre ha habido eso. Tendrá fuerza en el tiempo mientras dure Correa. Ya veremos qué pasa luego. No podemos limitarnos a las circunstancias. De hecho las bases de Chimborazo están cansadas de esta alianza.

Pronto se acabará y el pueblo sentirá en carne propia todos los problemas, independientemente si estamos o no. Entonces, la resistencia estará ahí. Por eso, una de las cosas básicas es que todas las propuestas que planteamos deben ser apropiadas porque si no las conocen, no van a luchar.

Hablando con otros indígenas, recordaron a Dolores Cacuango, Tránsito Amaguaña, incluso Fernando Daquilema. ¿Existen en la memoria colectiva o solo están dentro de los manuales de historia?

Talvez (el desconocimiento) sea la razón porque andamos desarticulados. Es un llamado de atención. Pero tampoco nos hemos olvidado del todo de ellos. El Presidente dice que somos los mismos de siempre. Sí, es verdad, somos los mismos de siempre. Pero en esa lista de siempre está Rumiñahui, Atahualpa, Daquilema, mamá Tránsito, mamá Dolores, taita Lucho Macas. Sí, somos los mismos de siempre peleando contra las ambiciones de los mismos de siempre. Y a esa lista se suma Correa al querer saquear los minerales de los cerros.

¿Luis Macas es un taita para ustedes?

Lucho ha sido uno de los que movió las conciencias. Hasta los 11 años, yo vestía como mestizo; tenía el pelo corto, me creía mestizo. Pero en esos tiempos (1981) comencé a escuchar de él, de todo lo que hacía, de cómo organizaba. Cuando vi una foto de él en el periódico me pregunté: con el apellido que tengo, ¿por qué no uso sombrero, porque no uso esa vestimenta? A mi abuela le impidieron hablar quichua, por ejemplo. Él me sirvió de inspiración, más allá de lo que consiguió la Conaie. El aporte más grande de la Conaie en tiempos de Lucho es que nos hizo sentir orgullosos de lo que somos; me puse el sombrero y el poncho.

¿Por qué se demoró en ese despertar de la conciencia?

Fue importante la época del blanqueamiento, en los 50, 60 y 70; la identidad indígena iba bajando la pendiente. Hay vecinos que debieron dejar el poncho para estudiar y ser profesionales. Pero llegó este nuevo momento que terminó con el blanqueamiento. Desde finales de los 70, ayudó mucho Jaime Roldós, que impuso la alfabetización bilingüe, y en ese tiempo apareció Macas.

¿Y los jóvenes?

He escuchado que muchos jóvenes dicen que la Conaie no les ha dado nada, que se aprovechan de ellos. Pero el problema es que los que nacieron en los 90, no han vivido lo que nos tocó. Era complicado ser indígena y subir al bus y viajar tranquilo. Nos botaban el sombrero y cosas así. La lucha hizo que esos prejuicios quedaran atrás. Ahora podemos ir con nuestra vestimenta a cualquier parte. Los jóvenes no valoran el rol que cumplió la Conaie. Nuestra memoria es nuestra fortaleza.

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