20 de December de 2009 00:00

Querido papá:

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Pepé

Te extraño tanto que no puedo resistir la tentación de escribirte nuevamente. Desgraciadamente no puedo darte buenas noticias. Ya te conté el fin de tu adorada Casa de la Cultura, hoy convertida en un instituto de un Ministerio dizque de Cultura, supongo interna y externa.

La famosa Asamblea  ha convocado a los actores culturales para que debatan sobre el proyecto de ley de Cultura enviada por el Ministerio. No sé para qué debaten si ese proyecto es el que va a regir. Te puedes imaginar a la gran Casa, la que tú creaste en 1944 para que los ecuatorianos nos cobijemos bajo su alero y no nos sintamos pequeños, sino grandes por nuestra cultura. Esta Casa construida con amor por ecuatorianos para ecuatorianos es la única entidad nacional que ha sobrepasado las fronteras patrias. Guillermo La Torre  lo dijo: “...nombrar al Ecuador en cualquier lugar de América, es como decir Casa de la Cultura. Hoy convertida en instituto”.

Yo me acuerdo de tu obsesión por construir esa Casa. Eran tiempos difíciles. El país era pobre. Acabábamos de pasar una guerra mundial. Ecuador no tenía petróleo. Pero tú tenías que levantar esos muros. Velasco Ibarra firmó el decreto, estaba entusiasmado pero sin plata. Empezó a funcionar en una casa alquilada. Moviste cielo y tierra hasta conseguir que el Municipio done el terreno actual e hiciste malabares para conseguir los materiales a precios bajos.

Convenciste a don Manuelito Jaramillo Arteaga para que te venda el hierro y el cemento baratos por que tú salvarías al Ecuador del complejo de inferioridad. Conseguiste a los mejores artesanos y tú personalmente vigilabas los trabajos. Alfonso Calderón, entonces socialista como tú, prácticamente no cobró por los planos y dirección. El joven arquitecto René Denis proyectó el edificio nuevo que no llegaste a conocer, no cobró porque fue su tesis de grado. Ya te manifestaste como un gestor cultural y un gran constructor...

Ahora las cosas son diferentes. Hay mucho dinero. Para este Ministerio compraron un gran edificio, lo dotaron de muchos millones de dólares, tienen una contestadora telefónica que contesta en inglés, el otro día llamé y me contestó: extention three cero six is not availible, try it again. Eso debe costar mucho.

Acabo de leer un artículo en EL COMERCIO escrito por Raúl Pérez Torres, ¿te acuerdas de él? Hace cuatro o cinco años fue Presidente de la Casa  y llevó como  secretario general a Marco Antonio Rodríguez. Los dos buenos escritores, gran esperanza para las letras ecuatorianas.

Raúl es hombre encantador, yo creí que él llevaría tu posta, pero no, escogió la otra orilla. Tú sabes que el Sena en París tiene dos orillas: “La rive gauche y la rive droit”. No sé cual escogió Raúl, pero no la tuya. Una lástima. Él pudo ser el gestor cultural que hace mucha falta en Ecuador.

Esperemos un milagro y que la Casa de la Cultura Benjamín Carrión vuelva a ser la gran casa que se proyecta a otros países. El presidente Correa en una de sus alocuciones sabatinas dijo algo muy hermoso: “Prohibido olvidar”. Yo creo que hay que recordar lo bueno y a ti no podemos ni debemos olvidar.

Hasta pronto, tu hija

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